Cronicas de Cuba

-

Livres
126 pages
Lire un extrait
Obtenez un accès à la bibliothèque pour le consulter en ligne
En savoir plus

Description

Este libro recoge relatos, reportajes, exclamaciones, sobre uno de los grandes enigmas de nuestro tiempo, Cuba, que no es la República Socialista que algunos querrían que fuese, que sí es una isla cercada y atosigada por el vecino Estados Unidos. Salir es difícil y entrar no lo es menos. Cuba vive replegada sobre sí misma. Sólo es capaz de abrirse de piernas cuando anda el cine de por medio. Cuando se apaga la pantalla, las cosas vuelven a ser lo que eran. Cada cual recupera sus sueños y sus luchas. Pero nada trasciende. El cubano, la cubana, son los seres más impenetrables del mundo. Te lo ofrecen todo y te niegan lo demás. Es como si no quisieran finalmente renunciar a su condición de isleños mágicos. A una isla de andares heroicos, entrañables, que patalean entre el recato casi trágico de Harold Lloyd y la exhuberancia maldita de Marilyn Monroe. A Cuba la amas hasta la exageración nada cartesiana o la odias con llanto en las mejillas. Porque los cubanos gozan de la más extravagante carcajada triste. Yo cuento, a mi manera y sin la más mínima expresión de rigor, la Cuba que creo haber visto alguna vez, la misma Cuba que he amado sin entenderla.

Sujets

Informations

Publié par
Date de parution 19 janvier 2012
Nombre de visites sur la page 95
EAN13 9782748375046
Langue Español

Informations légales : prix de location à la page 0,006 €. Cette information est donnée uniquement à titre indicatif conformément à la législation en vigueur.

Signaler un problème
Crónicas de Cuba
Sergio Berrocal Crónicas de Cuba Sin güisqui
Publibook
Retrouvez notre catalogue sur le site des Éditions Publibook : http://www.publibook.com Ce texte publié par les Éditions Publibook est protégé par les lois et traités internationaux relatifs aux droits d’auteur. Son impression sur papier est strictement réservée à l’acquéreur et limitée à son usage personnel. Toute autre reproduction ou copie, par quelque procédé que ce soit, constituerait une contrefaçon et serait passible des sanctions prévues par les textes susvisés et notamment le Code français de la propriété intellectuelle et les conventions internationales en vigueur sur la protection des droits d’auteur. Éditions Publibook 14, rue des Volontaires 75015 PARIS – France Tél. : +33 (0)1 53 69 65 55 IDDN.FR.010.0117042.000.R.P.2011.030.31500 Cet ouvrage a fait l’objet d’une première publication aux Éditions Publibook en 2012
1 El cine, que tanto me ha dado, que tanto me ha enseña-do, me permitió descubrir La Habana en 1985, donde un año más iba a celebrarse el Festival de Cine. De nuevo allí, en 1993, viví el momento en que Fidel Castro utiliza-ba el cine una vez más para mandar un mensaje muy importante a la anciana oposición de siempre. Era la pelí-cula “Fresa y chocolate”, con la que a través del trabajo del director Tomás Gutiérrez Alea, y bajo la supervisión personal de Alfredo Guevara, gran pontífice del cine cu-bano y amigo íntimo de Fidel Castro, se advertía que la homosexualidad, hasta entonces brutalmente perseguida, pasaba a ser de sentido común. Era una apertura que los fachas del Partido comunista Cubano acogieron muy mal. Pero el mensaje había sido lanzado Todos los que teníamos los veintitantos años de la ilu-sión todavía virgen al comienzo de los años sesenta habíamos saludado con la alegría de la esperanza el triunfo de Fidel Castro. Una especie de Zorro, con más barba que bigote, que había hecho poner pies en polvorosa a un sar-gento García que no era tan bonachón y se llamaba en realidad Fulgencio Batista. Sus delirios de grandeza le habían llevado a dominar y regir con mano de sargento chusquero un país del que los europeos conocíamos poco y menos. Mis primeras vivencias de Cuba a ocho mil kilómetros de distancia no fueron las pulposas mulatas que alguna vez habíamos visto en alguna revista. Yo entré en pensamiento
9
con esa isla caribeña a través del añejo semanario Bohe-mia que, no sé cómo ni por qué, encontraba de vez en cuando en París, donde por aquel entonces hacía mis hu-manidades de periodista novato. Recuerdo que una foto de página entera de esta publicación en la que Fidel Castro reflejaba en unos ojos cachondos toda la alegría, toda la esperanza de la juventud, se convirtió en un cuadro que durante mucho tiempo presidió el comedor de mi pequeño apartamento del número 21 de la parisiense Rue Rodier. Eran otros tiempos y quienes escribíamos con el fervor casi clamoroso de nuestros veinte años no nos creíamos genios del periodismo. Aprendíamos en el tajo de la vida, yo primero en la Agencia Keystone Press y luego forman-do parte del primer equipo que desde el edificio de la Agencia France-Presse en París empezó en 1960, precisa-mente ese año en que Castro había asentado ya su triunfo, a difundir por toda América Latina y en español las infor-maciones mundiales de ese monstruo de la noticia al por mayor. Aunque en realidad nos interesaban más las mu-chachas que la política, la entrada de Fidel Castro en La Habana y aquella escena imaginable sólo para Meliés, genio de los efectos especiales de los comienzos del cine-matógrafo, en la que dos palomas se posaban sobre las hombreras verde olivo del conquistador de la libertad cu-bana nos llenaba de respeto casi místico. Nada más instalarse Castro en La Habana, en Europa surgieron repentinas vocaciones de “misioneros revolu-cionarios”, muchachos y muchachas que aunque no hablasen una palabra de español y no hubiesen visto la caña de azúcar más que en algún documental – algunos ni tan siquiera eso – se apuntaron masiva y gratuitamente para defender la economía del castrismo, aunque no sabían por dónde iban los tiros. Por lo que me han contado algunos viejos cubanos, los voluntarios tenían eso, muy buena voluntad, pero a la hora
10