Calendario lunar del agricultor
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Description

¿Por qué no aprovechar la influencia de la luna para mejorar nuestros cultivos?
En realidad, desde tiempos inmemoriales, los agricultores y las gentes de campo saben la importancia que tiene la luna, un auténtico reloj biológico que influye en el comportamiento de los hombres y los animales y que es la causa de algunos fenómenos naturales cíclicos, como por ejemplo las mareas.
La observación de la naturaleza, en especial de algunos fenómenos naturales causados por la luna, y el respeto al calendario natural de las estaciones se han convertido en una necesidad, si se quieren aplicar técnicas de explotación del suelo que no entrañen peligro para el medio ambiente y permitan mejorar los resultados.
Por este motivo, el hombre ha elaborado un estudio sistemático y ha definido normas válidas para la mejora de la agricultura, en las que se tiene en cuenta la influencia de nuestro satélite.

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Informations

Publié par
Date de parution 04 mai 2020
Nombre de lectures 0
EAN13 9781646998050
Langue Español
Poids de l'ouvrage 1 Mo

Informations légales : prix de location à la page 0,0015€. Cette information est donnée uniquement à titre indicatif conformément à la législation en vigueur.

Exrait

A pesar de haber puesto el máximo cuidado en la redacción de esta obra, el autor o el editor no pueden en modo alguno responsabilizarse por las informaciones (fórmulas, recetas, técnicas, etc.) vertidas en el texto. Se aconseja, en el caso de problemas específicos —a menudo únicos— de cada lector en particular, que se consulte con una persona cualificada para obtener las informaciones más completas, más exactas y lo más actualizadas posible. EDITORIAL DE VECCHI, S. A. U.
Traducció n de Gustau Raluy.
Diseñ o g rá fico de la cubierta: © YES.
Fotografí as de la cubierta: © Getty Images/StockFood;
© Pete Starman/Getty Images; © Gudellaphoto/Fotolia;
© Christopher Jackson/Fotolia; © Tomasz Szymanski/Fotolia;
© William Manning/Corbis.
© Editorial De Vecchi, S. A. 2020
© [2020] Confidential Concepts International Ltd., Ireland
Subsidiary company of Confidential Concepts Inc, USA
ISBN: 978-1-64699-805-0
El Código Penal vigente dispone: «Será castigado con la pena de prisión de seis meses a dos años o de multa de seis a veinticuatro meses quien, con ánimo de lucro y en perjuicio de tercero, reproduzca, plagie, distribuya o comunique públicamente, en todo o en parte, una obra literaria, artística o científica, o su transformación, interpretación o ejecución artística fijada en cualquier tipo de soporte o comunicada a través de cualquier medio, sin la autorización de los titulares de los correspondientes derechos de propiedad intelectual o de sus cesionarios. La misma pena se impondrá a quien intencionadamente importe, exporte o almacene ejemplares de dichas obras o producciones o ejecuciones sin la referida autorización». (Artículo 270)
Paolo Cadorin



CALENDARIO LUNAR
DEL AGRICULTOR
Sembrar y cosechar siguiendo las fases de la luna
Índice
Pró logo
Introducció n
Calendario Natural
Meteorologí a Astral
Fases De La Luna
Luna Y Nacimientos
Luna Y Tiempo
Injertos
Injerto De Pú a
Injerto En Corona
Injerto De Yema
Injerto De Aproximació n
Abono s
Reseñ a De Los Mé todos Que Se Utilizaban Antiguamente
Artí culo XII : De La Influencia Fí sica De La Luna En La Agricultura
Calendario Rural
Enero
Febrero
Marzo
Abril
Mayo
Junio
Julio
Agosto
Septiembre
Octubre
Noviembre
Diciembre
Pequeñ o Diccionario De Las Hortalizas Má s Co munes
Leguminosas
Tuberculosas
Notas
© Gó mez Có rdova/Fotolia
PRÓLOGO
Este libro no pretende ser ni una enciclopedia de horticultura ni una obra científica de agronomía o meteorología; simplemente es una recopilación de experiencias y un libro de referencia. Se trata, en definitiva, de una contribución a la conservación de nuestro patrimonio agrícola y hortícola.
Actualmente, dentro de lo que se entiende como cultivo biológico o racionalizado, y con la perspectiva de un desarrollo duradero, la observación de la naturaleza y el respeto al calendario natural de las estaciones se han convertido en una obligación.
En este libro encontrará el saber de los antiguos, algunas técnicas que se van perdiendo, refranes llenos de sentido que pautaban los trabajos del campo y, también, la sabiduría de los «maestros» que difundían sus conocimientos.
Mi amigo Michel Lis, maestro jardinero, suele decir: «Seamos humildes ante la naturaleza. En nuestro oficio, se empieza siendo obrero y se acaba siendo aprendiz».
C LAUDE B UREAUX,
conocido como Ludovicien l’Égalité , maestro jardinero
INTRODUCCIÓ N
Cuando era niño, me gustaba dar largos paseos en bicicleta por el campo en cuanto empezaba el buen tiempo. Me detenía a menudo a la sombra de un árbol para descansar, admirar los campos inmensos de trigo dorado y respirar el olor de la hierba y la paja tostada al sol. Hoy en día, este universo que se extendía ante las puertas de nuestras casas ya no existe.
También recuerdo gratamente el rostro cansado y satisfecho del campesino de rasgos esculpidos que, con expresión sabia, me aleccionaba bondadosamente acerca del lenguaje de la naturaleza y me enseñaba a respetarla.
Las cosas han cambiado mucho desde entonces, y muchas de mis costumbres se han perdido.
He querido dedicar esta obra a la tradición popular rural, sencilla y humana, todavía apreciada por muchas personas y que sirve para que se continúen aplicando unas técnicas de explotación naturales que no entrañan ningún peligro.


© Lagui/Fotolia
© Martin Simonet/Fotolia
CALENDARIO NATURAL
Nuestros antepasados vivían más en contacto con la naturaleza que nosotros, y no padecían el estrés y el agotamiento que provoca la vida moderna. No obstante, estaban obligados a programar sus actividades con una cierta antelación que les permitiera afrontar los cambios climatológicos de los que a veces dependía su supervivencia.
Actualmente no tenemos este tipo de preocupaciones. Sin embargo, si retrocedemos unos años, nos daremos cuenta de lo complejo que resulta vivir al ritmo de la naturaleza. Las necesidades del hombre estaban marcadas por una unidad de tiempo natural determinada por las estaciones y los fenómenos meteorológicos. Era necesario tener un calendario para preparar la tierra, sembrar, recoger la cosecha, cazar y pescar. En efecto, había que planificar la economía de modo que se derrochara la menor cantidad de recursos posible y se obtuvieran, a la vez, los mejores resultados.
La observación directa de los fenómenos naturales estuvo ligada al estudio de la luna, que era lo más sencillo y útil. La vida del campesino y del jardinero, al igual que la del sacerdote, seguía la sucesión de sus fases.
Esta fue la primera forma de contar el tiempo, después de la alternancia del día y la noche producida por la rotación del planeta. Por esto, en la mayor parte de los calendarios antiguos, el tiempo se basaba en las lunaciones. Julio César, con la contribución de Sosígenes, introdujo el calendario solar.
Las fases de la luna fueron estudiadas antes que su movimiento. Estas proporcionaron un ritmo cíclico y sirvieron para regular no sólo la agricultura, sino también la vida civil y religiosa.
La primera aparición de la luna nueva era seguida con atención, un sacerdote la verificaba y el sonido de las trompas servía para proclamarla. Las lunas nuevas que coincidían con el cambio de estaciones eran las más solemnes, y fueron las que dieron origen a los «cuatro tiempos» de la Iglesia. [1]
METEOROLOGÍ A ASTRAL
Actualmente, el hecho de hablar de meteorología astral puede parecer anacrónico a los no iniciados. Pero se equivocan: por un lado, porque, pese a los progresos que ha realizado el hombre a lo largo de la historia, el tema de la meteorología siempre está de actualidad; por otro, porque aquel que ama la naturaleza siempre ha sido capaz de prever el tiempo, observándola atentamente, y ha transmitido su saber a sus descendientes. No debemos olvidar que, si la previsión meteorológica es importante para la sociedad en general, todavía lo es más para el mundo agrícola.
En la Antigüedad, las previsiones meteorológicas se basaban en la observación de las estrellas. Desde épocas muy remotas, los datos astronómicos y, principalmente, el recorrido del sol en el Zodiaco, las fases de la luna y la salida y la puesta de las estrellas fijas marcaban el ritmo de la actividad de los campesinos y los marineros. Así, se elaboraron diferentes parapegmas (calendarios que contenían informaciones de carácter astronómico y meteorológico).
Las interpretaciones y las previsiones ligadas a la vida de la comunidad —por tanto, colectivas— ilustran la ley matemática de la periodicidad de los ciclos y de los ritmos estacionales según el concepto de la simbiosis vida-naturaleza-ley.
A este respecto, puede citarse la obra de Hesíodo Los trabajos y los dí as (s. VIII-VII a. de C.), que ilustra los usos agronómicos y meteorológicos de su época, y la de Eudoxio de Cnide (s. IV a. de C.), versificado posteriormente por Aratus a petición de Antígono I Gonatas, luego comentado por Cicerón, Varrón, Ovidio, Geminus y otros, y utilizado por Virgilio, Horacio, Tibullo y Plinio el Viejo .
Virgilio nos dice lo siguiente: «El trabajador tiene el deber de observar con atención la constelación de Acturus, la aparición de Capricornio y del Dragón resplandeciente, ya que el marinero que regresa a su patria viajando por mares agitados tiene que pasar por el Helesponto y por los arrecifes de Abidos».
Y he aquí otro fragmento: «Si preparas la tierra para el trigo y quieres tener una cosecha rica por tu trabajo, antes de echar las semillas en los surcos, espera que las Pléyades [2] se acuesten cuando se alce la Aurora y que la brillante Corona [3] de la hija de Minos haya desaparecido en el cielo». Esto significa que en aquella época había calendarios meteorológicos y astronómicos parecidos a los que se elaboraron entre los siglos XVI y XVIII, en forma de calendario lunar, en los que figuraban el ciclo de las estaciones y las previsiones relativas al tiempo y a la vegetación.
Cito a Virgilio porque, aparte de ser una personalidad célebre del mundo antiguo, el congreso de la Sociedad Francesa para el Progreso de las Ciencias que se celebró en Francia en 1892 honró su espíritu científico, del que hizo gala en el campo de la meteorología. En esta reunión se leyó un tratado muy aplaudido en el que se demostraba que la tempestad descrita en el primer canto de La Eneida se desarrolla, según el poeta, conforme a las direcciones de los vientos previstas por las leyes de los ciclones durante el paso de dichas perturbaciones.
En 1894, el secretario general, el Sr. Passy, concluyó: «¿Por qué no dedicar mis pensamientos a la aplicación del cultivo de leguminosas que enseñaron Berhelot y Schoesing, cuando veo que nuestro Virgilio aconseja intercalar una cosecha de guisantes, de altramuces o de arvejas entre dos cosechas de trigo? ¿Por qué no estar de acuerdo con Dehérain cuando afirma que, según Virgilio, hay que deshacer los terrones y atormentar la tierra sin cesar para hacerla fértil, o con Vilmorin, cuando comparte los argumentos de Virgilio acerca de la selección de las semillas? Virgilio expresó su propio pesar y el de todo el mundo antiguo reconociendo que ignoraba el porqué y el cómo de los asuntos del universo. Tuvo una visión poética de la ciencia moderna cuando proclamó en un verso célebre, que resume nuestras esperanzas y nuestra fe en la ciencia: “¡Afortunado aquel que ha podido penetrar en los secretos de la naturaleza! ¡Afortunado aquel que ha podido penetrar en la razón de las cosas!”».
¿Puede afirmarse que Virgilio presintió las leyes de las tempestades y de la vida? ¿Acaso los eruditos franceses no le habrán atribuido más virtudes de las que realmente merecía? Lo que queda fuera de toda duda es que los antiguos tenían un sentido de la observación que les permitió percibir la naturaleza de un modo empírico y juicioso. Homero nos proporciona otro ejemplo en La Odisea al describir la tempestad de la que Ulises es el único en salir indemne. Allí dice, por boca de este: «El torbellino que venía del oeste de pronto se detuvo y, entonces, el Auster, mucho más violento, empezó a soplar con rabia desde mediodía, y me impulsó hacia el fatal remolino de Charibde». Esta descripción correcta de la sucesión de las fases ciclónicas nos lleva a la conclusión de que los antiguos conocían la meteorología. «A aquel que observa bien la lluvia nunca le sorprenderá», escribe Virgilio. Y también pide a las musas que le enseñen lo que no puede ser explicado con la simple observación: las leyes del movimiento de los astros, de los eclipses y de las fases de la luna, las causas de los temblores de la Tierra, etc.
FASES DE LA LUNA
El movimiento de revolución sinódica de la luna alrededor de la Tierra se efectúa en veintiocho días y medio. Al inicio del ciclo, la luna forma un arco muy fino con la parte abombada en el lado del sol. Se dice que la luna está junto al sol. Siete días después, la luna forma con el sol un ángulo de 80 grados: es el cuarto creciente. A continuación, al cabo de catorce días y siguiendo su recorrido por el Zodiaco, el disco lunar queda totalmente iluminado: es la luna llena o plenilunio. Entonces, la luna está en oposición al sol con respecto a la Tierra. Las fases de la luna se suceden decreciendo durante los catorce días y medio siguientes. Al vigésimo primer día del ciclo, la luna nos presenta la otra mitad de su disco: es el cuarto menguante. La superficie visible se hace cada vez más estrecha hasta hacerse invisible: es la luna nueva o novilunio. La luna ha realizado una vuelta completa alrededor del globo terrestre y se encuentra nuevamente en conjunción con el sol: es la neomenia.
La luna nueva y la luna llena también reciben el nombre de sizigias , mientras que a los cuartos se les puede llamar cuadraturas . Como puede verse, la semana tiene su origen en el ciclo de la luna y su duración fue determinada a partir de las fases de este astro.
Con la observación del flujo y el reflujo de las mareas y otros fenómenos naturales causados por la luna, como los cambios del tiempo, el hombre llevó a cabo un estudio sistemático y logró definir un cierto número de normas válidas para la agricultura, en las que se tiene en cuenta la influencia de aquel astro. Asimismo, el ser humano atribuyó a las fases de la luna cuatro cualidades elementales —el calor, la humedad, la sequedad y el frío—, que se corresponden con las cuatro estaciones y los cuatro estadios de la vida humana: infancia, juventud, madurez y vejez. Combinando estas cualidades básicas se obtienen los cuatro elementos: aire (calor + humedad), fuego (calor + sequedad), tierra (frío + sequedad) y agua (frío + humedad).
El aire y el fuego ejercen una influencia vivificadora y expansiva, mientras que la tierra y el agua tienen una naturaleza restrictiva. Durante el primer cuarto, el elemento aire, asociado a la infancia, está dominado por una naturaleza rica, expansiva y ávida de crecimiento. En la segunda fase, cuando la luna alcanza la plenitud y brilla con toda su intensidad, adquiere las propiedades del elemento fuego, que es el ardor de la juventud. La segunda parte del ciclo decreciente marca el inicio del declive con el elemento tierra, que anuncia la madurez, un periodo de concentración y de recogimiento. Este declive culmina en el último estadio, el del agua, es decir, la pasividad y el agotamiento de la materia: la vejez y el fin del ciclo.
El aspecto del ciclo lunar más significativo y fácil de percibir es el ciclo menstrual de la mujer, que generalmente es de veintiocho días. Empieza con la menstruación, y el periodo de ovulación-concepción se sitúa aproximadamente hacia la mitad del ciclo.
LUNA Y NACIMIENTOS
En su libro titulado Beyond supernature: a new natural history of the supernatural (Supernaturaleza: una nueva historia natural de lo sobrenatural) (1986), el biólogo Lyall Watson afirma que en algunos países la luna recibe el nombre de la «gran parturienta».
Los dos médicos norteamericanos A. y V. Menaker estudiaron el fenómeno, con el seguimiento de medio millón de nacimientos que tuvieron lugar entre los años 1948 y 1957 en diferentes hospitales de Nueva York. Según los resultados de este estudio, publicados en 1959 en el American Journal of Obstetrical Gynecology (Revista americana de ginecología obstétrica), los nacimientos eran más numerosos durante las fases decrecientes de la luna, es decir, después de la luna llena. Este aumento se producía justo tras la luna llena, y se observaba una disminución de los nacimientos en el momento de la luna nueva.
En el número 14 del Corriere de la Salute , del 9 de abril de 1990, el periodista italiano Edoardo Rosati preguntó a este respecto al doctor Emilio Arisi, director del Departamento de Obstetricia y Ginecología del Hospital de Guastalla (Reggio Emilia). Su opinión sobre la mencionada encuesta norteamericana fue la siguiente:
«En nuestras estadísticas no hemos registrado ninguna correspondencia de este tipo entre las fases de la luna y el aumento de los nacimientos. Sin embargo, conviene aclarar que actualmente disponemos de muchos medios técnicos para “dominar” o “manipular” el desarrollo de un embarazo, como por ejemplo los métodos farmacológicos que se utilizan para evitar los partos prematuros. Por tanto, es posible que la influencia de la luna en el parto —suponiendo que realmente exista— en realidad quede oculta. De hecho, el feto está sumergido en un mar muy especial: el líquido amniótico. De ahí la supuesta influencia de la gravedad lunar en el momento de romper aguas previo al parto. En definitiva, es como si el útero de las mujeres embarazadas estuviera en fase de marea alta».


« De la influencia fí sica particular de la luna en la agricultura...» . © Dominique Delfino/BIOS
LUNA Y TIEMPO
Los estudios realizados han demostrado que la atracción gravitatoria de la luna, responsable de las mareas en la Tierra, provoca también verdaderas «mareas» atmosféricas y, por tanto, influye en los vientos y las precipitaciones.
Es importante destacar que este factor constituye una de las muchas variables de la meteorología astral que concurren en la formación de los distintos fenómenos atmosféricos.
A modo de curiosidad, el cuadro inferior nos muestra los resultados de un estudio efectuado durante un periodo de 16 años por el al