Creación

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Es probable que los primeros primeros de la Torá contuvieran las palabras más conocidas de la Biblia hebrea.
No hay duda de que también las menos incluyeidas.




En Creación el rabino Yosef Bittón profundiza en estos versículos con la mente y el corazón abiertos.
Basándose en los Clásicos de Datos Focos Judiciales Científicos en Actual, ofrece Interpretación Una de las Palabras Iniciales Contemporánea de Escrituras.
Entre los Temas Tratados're INCLUYEN Las coincidencias: Diferencias entre existenciales teoría del Big Bang de la Narración de la Creación Bíblica inexploradas incidencias Cansados ​​de Creación de cero, Controversias Cansados ​​MIN Tiene Rodean Estimada Edad del Universo El Estado de Nuestro Planeta El Momento de Su Creación, las Fuerzas Naturales empleadas para el Creador para remodelar Su Mundo y El enigma de la Naturaleza de la primera luz.




A lo largo de su libro, el rabino Bitton subraya la Importancia de escuchar el hebreo bíblico Que Hay alli Correcta y alli los comentaristas SIGUIENDO LOS DEL Talmud rabinos Explicación y Los Clásicos Torá.
versicles Por medio de análisis de Una palabra meticulosa Más De Cada Estós: Además gracias al Conocimiento Científico Moderno-, somos Capaces de APRECIAR, Como Nunca Antes, la Belleza, la precisión y la historia Bíblica Complejidad de Creación.





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EAN13 9788494855108
Langue Español

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AGRADECIMIENTOS Hay varias personas a quienes quiero agradecer su c ontribución a la edición de este libro. Mi primer agradecimiento va para mi que rido amigo León Halac. Unos años atrás, en uno de mis viajes a Buenos Aires, le comenté acerca de mi libro Awesome Creation, y León de inmediato me ofreció presentárselo a un grupo de sus amistades en Buenos Aires. Fue tras esa present ación cuando por primera vez pensamos en la idea de traducirlo al castellano . León, que más que un colaborador se convirtió en un socio de este proyec to, hizo mucho más que estimularme para esa tarea: ¡se puso a traducirlo é l mismo! Pero aunque el entusiasmo de León resultó contagioso, traducir una obra en inglés que trata sobre un texto en hebreo y se refiere a temas de exégesis muy técnicos no era una tarea sencilla. Conscientes de la complejidad y de los de safíos de la traducción (me llevó seis años escribir el original,Awesome Creation), resolvimos que lo mejor sería encontrar una traductora profesional. Después de una búsqueda no sencilla, esta misión le fue encomendada a la profesora Miche lle Tradejman, quien invirtió varios meses en la misma. A ella, también mi más profundo agradecimiento. En otro de mis viajes a Buenos Aires conocí a una p ersona muy especial. Me refiero al señor Ariel Sigal, quien también abrió s u casa para presentar mi libro ante un selecto círculo de amigos. Lo que más disfr uté de ese evento fue la conversación previa que tuvimos con Ariel en privad o, mientras los invitados disfrutaban de un apetitoso copetín. Para mi sorpre sa, Ariel ya había leído Awesome Creationsus preguntas y observaciones me fascinaron. Ari  y el es un lector voraz, un gran intelectual que persiste en l a búsqueda de un judaísmo inteligente, leal a las fuentes judías originales. Ariel se interesa por contenidos que puedan satisfacer las inquietudes de un profesional judío moderno y se expresen en su lenguaje. Confieso que mientras escribía, vis ualicé en mi mente al lector ideal, que en mi imaginación era alguien muy pareci do a Ariel. Sin su apoyo y colaboración este libro no hubiera sido posible. Mi profundo agradecimiento va también para mi queri do amigo el señor Marcos Ohana. Marcos está siempre detrás de cualquier empr endimiento asociado con lo más importante en el judaísmo: el estudio de la Tor á y la práctica de la beneficencia (TsedaqáyGuemilut Jasadim). Marcos colabora donde es necesario, y muchas veces ni hace falta que se lo pidan. Su en trega a las buenas causas es excepcional: desinteresada, altruista y total. Cola bora y emprende con su esfuerzo material, con su tiempo, con su experiencia, con su gran inteligencia y con su bondadoso corazón. Es un gran líder comunitario que sigue los pasos de su querido padre, el señor Alejandro Ohana. Agradezco también al señor Rubén Lerner, de la edit orial española Nagrela, por su disposición a publicar este libro en su prestigi osa empresa y esperemos que este sea el comienzo de una larga relación, y que j untos podamos aportar textos para estimular el conocimiento del judaísmo en el m undo hispanoparlante. Asimismo quiero manifestar mi gratitud a Esther Aiz puru por su dedicación, su perfeccionismo y su entrega en la edición en castel lano. También le agradezco a mi querida familia, y en esp ecial a mi querida esposa Coty, por todo su apoyo y estímulo. Finalmente, quiero dedicarle este libro a mi madre, que fue la responsable de que yo tuviera una educación judía. Junto a mi padr e,z”l,madre no escatimó mi esfuerzos para que yo, a pesar de las distancias y otras dificultades, asistiera a colegios judíos y estudiara la Torá. Su curiosidad intelectual, su avidez por leer y por aprender siempre representaron para mí una fuen te de inspiración. Mi madre
nos educó con su ejemplo de bondad, generosidad y a yuda al prójimo(jesed). Estos valores que ella nos inculcó son y serán la g uía más importante de mi vida y el camino que deseo transmitir a mis hijos y nietos . Quiera HaShem brindarle a mi querida madre muy buena salud y muchos años de aleg ría y felicidad.
(Con alabanzas y gratitud al Todopoderoso)
A mi amigo y colega, el rabino Yosef Bittón,shelit”a. Ya lo conocía a usted como experto en asuntos haláj icos y en el campo de la Hagadá.Y sobre todo, por la influencia que ha ejercido en muchos de los jóvenes de nuestra comunidad, a quienes ha conducido por lo s caminos de nuestros rabinos y de nuestros ancestros. Recientemente tuvi mos el mérito de ver que usted ha publicado un importante estudio sobre los [tres primeros] versículos del libro del Génesis. Con la ayuda de Dios, su libro s e ha hecho famoso y ha ayudado a muchos de nuestros hermanos judíos a lleg ar más cerca [del conocimiento] de nuestro Padre celestial. Este libro explica el acto de la Creación de acuerd o con nuestra Torá y muestra que muchos puntos [del relato de la Creación] son c ompatibles con la ciencia moderna. Se sabe que la Torá no necesita ninguna co rroboración de la ciencia, ya que se vale por su propia verdad. Y aun así, es muy reconfortante ver cómo la ciencia moderna percibe que lo que la Tora dice con tribuye a la comprensión científica actual. No tengo ninguna duda de que este libro será tan cé lebre en el mundo judío como los libros de nuestros ilustres rabinos contem poráneos. Y solo quiero brindarle mi bendición: Que sea la voluntad de Dios que sus fuentes [de Torá] sigan fluyendo desde usted, AMÉN. 23 de Kislev de 5775 RABINO ELIYAHU BEN HAYIM Presidente del tribunal rabínico Meqor Hayim de Queens, Nueva York
INTRODUCCIÓN Todo aquel que haya leído los primeros versículos d e la Torá, la Biblia hebrea, sabe que esas pocas palabras que explican cómo Dios llevó esta realidad a la existencia son fascinantemente profundas, seductiva mente crípticas, y se relacionan con cuestiones que de manera innata nos atrapan: ¿cómo llegó nuestro mundo a ser lo que es? La pregunta sobre el origen de nuestra existencia, del planeta al que llamamos «casa» y del universo con e l que estamos familiarizados es un interrogante que siempre ha atraído a los ser es humanos de todas las clases sociales y a lo largo de toda la historia. P areciera que Dios adaptó el cerebro humano de tal modo que por naturaleza nos v emos impulsados a cuestionar los orígenes de todo aquello que conocem os. No hay otras palabras que hayan fomentado un mayor conocimiento, ninguna otra frase que haya generado un discurso más inteli gente, y ningún otro fragmento que haya suscitado tanta curiosidad como el relato bíblico del Génesis: el principio del universo. El objetivo de este libro es analizar los primeros tres versículos de la Torá, el relato bíblico de la creaciónex nihilo(desde la nada) y los actos que llevó a cabo el Creador para preparar el planeta Tierra a fin de generar y sustentar la vida. He dedicado tres capítulos para cada uno de estos t res versículos. Esto podrá parecerle excesivo al lector principiante; sin emba rgo, el estudiante avanzado de la Torá sabe muy bien que un simple libro jamás con stituirá una investigación exhaustiva de estos versículos. La Torá es como un mar profundo, rico en tesoros de sabiduría que permanecen ocultos hasta que uno s e atreve a zambullirse en el agua. La mayoría de nosotros, y me incluyo, apenas nos acercamos a la superficie del mar y logramos recolectar algunos caracoles de la orilla. Aunque en un contexto distinto, Isaac Newton fue quizás quien me jor expresó esta idea: «Soy solo un niño que juega en la playa, mientras que el gran océano de la verdad se extiende inexplorado ante mí». Tomemos como ejemplo los campos de la cosmología y la astronomía. No sería realista pretender que ya sabemos todo lo que estas áreas intentan estudiar. El astrónomo tan solo articula la mejor explicación qu e es capaz de elaborar, dados sus conocimientos actuales y los límites de su herr amienta principal: el telescopio. Del mismo modo, en el ámbito de la Torá, siempre se podrá ver más, o mejor. En lo que al estudio de la Torá respecta, se trata de una búsqueda ininterrumpida del conocimiento en constante evolución. En cada genera ción, toda persona que se empeñe en el estudio de la Torá cuenta con el poten cial para descubrir nuevas capas del Libro infinito de Dios. Es cierto que nue stro conocimiento de la Torá, nuestra inteligencia y capacidades cognitivas se vu elven insignificantes al compararlas con las de los Sabios del Talmud. En té rminos intelectuales, ellos eran gigantes y nosotros, enanos. Jamás podríamos v er tan lejos como aquellos gigantes lo hicieron; salvo cuando decidimos posarn os sobre sus hombros. De esa manera podemos percibir tanto como ellos, o incluso más, en especial si estamos provistos de nuevas herramientas. Una de estas herr amientas es la ciencia moderna. Consideremos, por ejemplo, lo siguiente. Hace cuatr o mil años Dios bendijo a nuestro patriarca Abraham y le prometió que sus des cendientes iban a ser tan numerosos como los granos de arena en la orilla del mar y las estrellas en el cielo. Esa comparación bíblica supuestamente desproporcion ada «entre arena y estrellas» podrá haber parecido desconcertante a lo s lectores y estudiantes de la Torá durante milenios. Hay diez mil granos en apena s un puñado de arena;
millones en solo un pie cúbico; billones en un segm ento de la orilla. Sin embargo, hay solamente alrededor de mil estrellas visibles e n el cielo más oscuro. Aparentemente, no hay comparación posible. Pasó muc ho tiempo hasta que el telescopio se inventó y el hombre fue capaz de aden trarse en el espacio profundo. Las estrellas pasaron de ser miles a ser millones y billones. Por fin, en 1980, logramos comprender la precisión y la sofisticación de la bendición de Dios para Abraham cuando Carl Sagan, probablemente sin percat arse de su contribución a la exégesis bíblica, declaró que según nuestro cono cimiento contemporáneo la cantidad total de estrellas en el universo ¡es simi lar a la cantidad de todos los granos de arena de todas las playas del planeta Tie rra! De la misma manera, muchas perlas de sabiduría de l a Torá permanecieron latentes durante siglos, encapsuladas en palabras y frases tan avanzadas que solo ahora, en estos días privilegiados, comenzamos a entender. A medida que aumenta el entendimiento de la realida d física a nuestro alrededor, así también crece el conocimiento de la Torá, en especial en el ámbito de la Creación. El rabino Eliyahu Benamozegh (1822-1900) explicó que los nuevos descubrimientos de Descartes y Newton en la física y en la óptica sobre la naturaleza de la luz le permitieron llegar a una me jor comprensión del concepto de la luz en el texto bíblico: «A medida que se increm enta nuestro conocimiento, así también aumentan la elucidación y la solidez de las enseñanzas divinas [de la Torá]». En la actualidad tenemos la fortuna de contar con i mportantes ideas científicas, tales como el rechazo a la eternidad del universo, el nuevo entendimiento de la ubicación privilegiada de nuestro planeta respecto al sol, las teorías actuales que argumentan que la vida surgió primero del agua, etc étera. Sin duda, debemos utilizar estos conceptos para apreciar mejor la pre cisión y la extrema sofisticación del relato bíblico de la Creación. Varios brillantes científicos y eruditos, tanto jud íos como no judíos, elaboraron excelentes tesis, libros y artículos que pretenden establecer una perfecta armonía entre la historia bíblica de la Creación y la cienc ia moderna. Yo no soy uno de ellos. En esta obra, la ciencia se utiliza solo en la medida en que contribuya a la comprensión del texto bíblico, que es el principal objetivo de este libro. No obstante, aunque mi propósito no consiste necesa riamente en demostrar la consonancia entre la ciencia y la historia de la Creación, este libro nos va a ayudar a entender que lo que hoy conocemos acerca de nuest ro universo físico es sorprendentemente compatible con la narración de la Creación en la Torá, partiendo de la base que el universo y la Biblia so n dos libros escritos por el mismo Autor. Tal vez no los podamos considerar comp atibles sin antes descifrar todo el significado o la realidad definitiva de cad a uno de ellos. Por lo tanto, la falta de armonía entre estas dos obras se deberá atribuir a las carencias del lector —o de los tiempos— y no de los libros o de su Autor. A diferencia de otras obras sobre ciencia y religió n que presentan homilías o interpretaciones bíblicas, las contribuciones de es te libro derivan en su mayor parte del campo de la semántica hebrea. Tal como el lector pronto descubrirá, para entender estos tres versículos es obligatorio repasar el significado del texto bíblico sin confiar ciegamente en las traducciones convencionales de las Escrituras. Los primeros dos versículos, por ejempl o, fueron traducidos de formas tan distintas que me vi obligado a reexaminarlos pa labra por palabra y hacer una distinción entre aquellas traducciones que han sido influenciadas por conceptos no judíos, que de alguna forma se filtraron en algunas traducciones y comentarios judaicos, y las auténticas tradiciones judías repre sentadas en las explicaciones que aportaron los Sabios del Talmud y la traducción en arameo tradicional del
Targum Onquelós. A fin de evitar leer la Torá para que se adecue a l o que queremos que diga en lugar de lo que realmente declara, primero se debe leer el texto bíblico con detenimiento. Solo tras este ejercicio se podrán en contrar formas en las que la nueva información científica pueda elucidar aún más lo que la Torá señala. Además, una lectura detenida con frecuencia demuest ra que más de un par de conflictos aparentes entre la ciencia y la Torá se deben a una mala comprensión del hebreo bíblico y de sus matices. El lector también debe saber que este estudio de lo s primeros tres versículos de la Torá no contiene ningún material esotérico. Un a nálisis místico de la Creación, es decir, el modo en el que el Creador llevó todo a la existencia y otros conceptos místicos muy profundos van más allá del alcance de este humilde libro. Aquellos secretos ocultos de la Torá, aun cuando uno piensa que los conoce, no deben exponerse por escrito. De acuerdo con nuestros Sabi os, estos deben transmitirse en forma oral y privada, de un maestro hacia el lim itado público de un alumno. Este trabajo está destinado para el lector que dese a comprender qué significa este breve texto bíblico a nivel superficial, cuand o las palabras se contemplan desde la mirada de los Sabios del Talmud y de los c omentaristas bíblicos clásicos, en especial aquellos rabinos con pericia en gramáti ca hebrea. A fin de comprender adecuadamente estos versículos, hay que situarse en el contexto de la historia de la Creación en su totalidad. Es por ello que este l ibro también abordará los hechos que ocurrieron en el segundo, tercero y cuarto día de la Creación y explorará la pregunta sobre qué fue exactamente lo que se creó e n esos días. En la primera parte analizaré las ideas que transmi te el versículo 1, en particular la noción de la Creaciónnihilo, ex decir, la creación del mundo desde la nada es mediante la voluntad del Creador Todopoderoso. Esta es una creencia central del judaísmo. Reflexionaremos acerca de cuán capaces so mos de comprender la idea de la Creación, un acto que ningún hombre ha presen ciado, y sobre los límites de nuestra imaginación. También exploraremos la reperc usión que el acto de la Creación pudo haber tenido sobre la edad que hoy en día se les atribuye al cosmos y a nuestro planeta. El lector también descu brirá en el tercer capítulo que solo cuando la primera palabra,b e re s h it,se traduce correctamente, la Torá transmite el concepto de Creaciónex nihilosin ambigüedades. El versículo 2 para mí resultó ser el más sorprende nte y fascinante de la historia de la Creación. Debo reconocer que solo pude compre nder su significado mientras escribía este libro, y no antes. A menudo, ese vers ículo es pasado por alto o saltado del todo a la hora de parafrasear el relato de la Creación. Para muchos comentaristas bíblicos y estudiosos, quizá debido a las numerosas y radicalmente distintas traducciones, el versículo 2 fue juzgado de manera injusta como un paréntesis innecesario o superfluo entre el sublime versículo 1 y el renombrado e ilustre versículo 3. Después de leer cualquier trad ucción estándar, uno no puede evitar sentir que este versículo es confuso, como m ínimo. «Caos», un término teológico griego; «abismo», un concepto mitológico, y en especial «el espíritu de Dios», una idea con una connotación doctrinaria aje na al judaísmo, tienen muy poco sentido en un contexto judío tradicional. En e ste trabajo analizamos este versículo palabra por palabra e intentamos dilucida r su significado con la ayuda de otros textos bíblicos —en particular el salmo 104— y la invaluable opinión de los Sabios, que aunque parezca mentira no siempre fue t omada en cuenta por la mayoría de las traducciones convencionales. Se necesitó un tipo de aclaración distinto para el versículo 3. Sus palabras no representan un problema considerable en cuanto a su traducción. «Y Dios dijo: “Que sea la luz”, y fue la luz» es más o menos el c onsenso universal sobre su
interpretación. No obstante, muy pocos estudiosos d e la Torá se detienen a considerar con mayor profundidad a qué clase de luz se refiere la Torá. ¿Se trata de una luz física independiente que Dios creó en el primer día? ¿Será una luz espiritual y simbólica? ¿Una metáfora? ¿O quizá hay a sido la luz del Sol? Abrir la Torá y leerla debería ser suficiente para satisfacer nuestra curiosidad innata por encontrar respuestas acerca del origen d el universo y de la vida. A fin de cuentas, los primeros versículos contienen la ve rsión de estos hechos narrada por el mismo Creador. Sin embargo, esto no es tan s imple. Los primeros tres versículos de la Torá, que consisten en apenas 103 letras, o 27 palabras, tal vez sean las frases más conocidas de toda la Biblia heb rea; pero también, las menos comprendidas. En cuanto a la historia de la Creació n, la Torá nos revela mucho menos que lo que nos oculta; da la sensación de que uno termina con más preguntas que respuestas. Ahora que esta obra está en tus manos, si esperas q ue, una vez que la leas, tendrás una certeza total de lo que aconteció con e xactitud durante la creación del universo, este libro podrá no ser lo que buscas. Si n embargo, si deseas incorporar un mayor conocimiento acerca de lo que el relato de la Torá cuenta sobre estos hechos, por favor, continúa leyendo.
Versículo 1
En el principio, creó Dios los cielos y la tierra.
GÉNESIS 1, 1