”Conócete a ti mismo”

”Conócete a ti mismo”

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“Conócete a ti mismo”... Toda la ciencia, toda la sabiduría consiste en eso: en conocerse, en reencontrarse, en la fusión del yo inferior con el Yo superior. El símbolo del Iniciado que ha llegado a reencontrarse es la serpiente que se muerde la cola. La serpiente que repta por el suelo es una línea recta o sinuosa, y esta línea es limitada. La serpiente que se muerde la cola se convierte en un círculo, y el círculo es lo infinito, lo ilimitado, la eternidad. El hombre que ha logrado realizar el símbolo del círculo penetra en un mundo en el que ya no hay límites, en el que ya no hay separación entre lo de arriba y lo de abajo, porque todos los poderes, todas las riquezas y las virtudes que posee el verdadero Yo, el Yo superior, se infunden en el yo inferior. El yo pequeño y el Yo grande se funden en uno sólo y el hombre se convierte en una divinidad.”

Omraam Mikhaël Aïvanhov


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Date de parution 10 septembre 2013
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EAN13 9782818402764
Licence : Tous droits réservés
Langue Español

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Índice
”CONÓCETE A TI MISMO” Omraam Mikhaël Aïvanhov I - La belleza II - El trabajo espiritual III - El poder del pensamiento IV - El conocimiento: el corazón y el intelecto V - El plano causal VI - Concentración – Meditación VII - La oración VIII - El amor IX - La voluntad X - El arte - La música XI - El gesto XII - La respiración
Omraam Mikhaël Aïvanhov
”CONÓCETE A TI MISMO” Jnani yoga **
Obras Completas - Tomo 18
ISBN Ebook : 978-2-8184-0276-4
© 2005 reservado a Éditions Prosveta S.A. para todo s los países. Prohibida cualquier reproducción, adaptación, representación o edición sin la autorización del autor y del editor. Tampoco está permitida la reproducción de c opias individuales, audio-visuales o e cualquier otro tipo sin la debida autorización del autor y del editor (Ley del 11 de Marzo de 1957, revisada).
Éditions Prosveta S.A. - B. P. 12 - 83601 Fréjus Ce dex (France)
Al ser la enseñanza del Maestro Omraam Mikhaël Aïva nhov una enseñanza estrictamente oral, sus obras han sido redactadas a partir de conferencias improvisadas, taquigrafiadas o grabadas en cintas m agnéticas.
Omraam Mikhaël Aïvanhov
Lectura del pensamiento del día:
I La belleza
I
“No debemos lanzarnos sobre la belleza para acapara rla, comerla, ensuciarla, pero, por otra parte, es un crimen no buscarla para conte mplarla. Si los humanos se sirven de la belleza para atraerse mutuamente hacia los precipicios, no es por culpa de ésta, sino de los humanos, que no son suficientemente puros; despiertan dentro de ellos un fuego que humea debido a todas sus impurezas. La be lleza no debe hacer caer a los humanos, sino que debe llevarles a la divinidad, proyectarles al Cielo. A mí me gustaría alimentarme sólo de belleza, y, os lo digo , si el mismo Dios no fuese bello, si fuese solamente sabiduría, amor y poder, no le amaría tanto. Le amo porque es bello y quiero ser como Él. Sólo me atrae la belleza, pero la belleza pura, espiritual, no cualquier belleza. Porque yo tengo otra idea de la belleza y, a menudo, donde la mayoría de la gente ve esplendor, yo veo fealdad, y donde no ve nada, a menudo veo un esplendor oculto.”
1 Si no hubiese en el universo un principio cósmico, la Madre divina, que trabaja para conservar la armonía, la perfección de las formas, los humanos se habrían vuelto ya de una fealdad repugnante. Porque, con la clase de vida que llevan, sumergidos en el desorden, en los goces, en las batallas, sin ten er ningún ideal de perfeccionarse, no pueden ser bellos.
A veces veo a chicas encantadoras, pero, la mayoría de las veces, cuando trato de profundizar lo que hay en su cabeza, descubro preoc upaciones ordinarias, caprichos, desenfrenos. Si hubiese una justicia divina, estas chicas deberían estar deformes; con todos los defectos que tienen no deberían tener una apariencia exterior tan encantadora. La Madre divina hace sacrificios, pues , para ayudarlas, porque, si no, debería haber una correspondencia absoluta entre el contenido y la forma. En el dominio mineral, vegetal, animal, esta corresponden cia existe. Sólo en los humanos vemos un desfase semejante. Porque, de momento, el hombre tiene el poder, gracias a su voluntad y a su inteligencia, de impedir que l a forma exprese exactamente el contenido. Vemos a personas cuya apariencia es magn ífica: son bellos, bien proporcionados, pero interiormente fabrican monstru os. Mientras que otros, que son asimétricos, miserables, poco agraciados, son marav illosos interiormente. En algunos, desde luego, la forma corresponde al contenido, y p odemos decir, por tanto, que existen cuatro categorías: los que son bellos exteriormente y feos interiormente; los que son feos exteriormente y bellos interiormente; los que son feos exteriormente y feos interiormente; y los que son bellos exteriorme nte y bellos interiormente.
Ya os expliqué que la falta de correspondencia entre lo interior y lo exterior es debida a que la vida interior cambia mucho más rápi damente que la forma exterior. Se trata, pues, de una ausencia de correspondencia entre el pasado y el presente. En un
sólo día el ser humano puede cambiar completamente de punto de vista, de filosofía, mientras que su forma física no puede cambiar de la noche a la mañana. La forma física está modelada en una materia mucho más difíc il de manejar que el pensamiento, cuya materia es tan sutil y maleable q ue tenemos la posibilidad de hacer en ella casi todas las transformaciones. Imaginaos, pues, a un hombre que tenga una apariencia física repugnante, pero que haya abrazad o una filosofía divina: poco a poco esta filosofía desciende a él y anima su cuerpo fís ico, la materia opaca, hasta el punto de que, un buen día, la materia de su cuerpo se con vierte en el reflejo exacto de su vida interior, de su alma, de su corazón: es bella, radiante, divina. Pero, he ahí que toma otra dirección, que quiere hacer el mal. Tambi én ahora la forma va a resistirse un cierto tiempo, no cambiará de golpe, y aunque sea u n demonio por dentro, exteriormente puede parecer una divinidad. Estas co sas suceden, y, como los hombres no saben penetrar en el interior de los seres, se fijan sólo en una forma que habla aún del pasado, y se equivocan. Así que, ¿vei s?, es cuestión de tiempo: tarde o 2 temprano la forma acaba reflejando la vida interior.
Pero, sea cual sea la apariencia física, siempre ha y, de todas formas, algo que no engaña jamás y que revela exactamente lo que es un ser: sus emanaciones, sus fluidos. Si sois capaces de percibirlos, sea bello o feo este ser, no os equivocaréis; las emanaciones expresan absolutamente el estado interi or y, si son apagadas, si son disonantes, si son malsanas, expresan exactamente l os pensamientos y los deseos del hombre. No podemos ver el mundo divino en un se r, pero podemos sentir sus emanaciones. Y si, verdaderamente, emana pureza, si emana luz, podéis concluir con toda seguridad que el contenido es bueno. A veces, incluso, estas emanaciones son tan poderosas que se vuelven visibles, a pesar de s u sutileza. Existen, por ejemplo, personas que son extremadamente feas, deformes, pero, durante unos momentos, se vuelven tan bellos y expresivos que nos quedamos as ombrados. Sus emanaciones, por un momento, han cambiado su forma. Hay, pues, tres puntos a considerar: la forma, las emanaciones que aparecen a través de esta forma y que no siempre se corresponden con ella, y el espíritu que produce la s emanaciones. Como es casi imposible conocer el espíritu, y como la forma es e ngañosa, sólo las emanaciones nos permiten conocer la verdad sobre un ser.
Pero volvamos ahora a la cuestión de la belleza. Lo s humanos no saben lo que es la verdadera belleza, se fijan sólo en la forma y, si la forma es bella, exclaman: “¡Qué belleza!” Pero detrás de la forma siempre hay algo por conocer: la expresión, las emanaciones que vienen del interior del ser, la vid a que fluye… Y si podemos ir todavía más allá para ver el espíritu de este ser, que vive en el Cielo, descubriremos una belleza todavía más grande. Pero esta belleza n i siquiera puede expresarse a través de las emanaciones, porque es algo tan sutil que el cuerpo físico no logra hacerlo aparecer. Y por eso, en el pensamiento que os he leído, se decía: “Yo tengo otra idea de la belleza y, a menudo, donde la mayoría de la gente ve esplendor yo veo fealdad, y donde no ve nada, a menudo veo un esplen dor oculto.” Al principio estabais extrañados, pero ahora todo empieza a estar claro p ara vosotros. Sí, mis queridos hermanos y hermanas, y si he llegado a ver las cosa s de forma tan diferente a los demás, es porque he hecho estudios, observaciones, y ahora poseo una ciencia.
A veces iba a pasearme por la playa con algunos ami gos y, para enseñarles mi forma de ver las cosas, les decía: “¿Veis a esa chi ca allí?, su piel, sus emanaciones, denotan que está enferma… Esta otra es una viciosa… Aquélla es una chica
adorable…” Y estos amigos se extrañaban al ver cómo yo apreciaba lo que nadie 3 apreciaba. Porque los humanos no saben apreciar lo que es div ino, sólo se fijan en la apariencia.
En realidad, la belleza, la verdadera belleza, no p uede explicarse. Es una vida, una vida que brota, que emana. Tenéis, por ejemplo, un diamante, un diamante sobre el que ilumina un rayo de Sol… Estáis deslumbrados ante la belleza de los colores que veis aparecer. Esto es la verdadera belleza: es com parable a la luz del Sol. Y un ser se acerca a la verdadera belleza en la medida en que l lega a emanar una belleza semejante. La verdadera belleza no se encuentra en las formas, la verdadera belleza ni siquiera tiene forma, porque se encuentra arriba , en un mundo que está hecho de corrientes de fuerzas, de radiaciones. Cuando llega mos a contemplarla, somos arrebatados por un éxtasis tal que casi quisiéramos morir. La verdadera belleza no se encuentra tanto en el cuerpo o en el rostro de los hombres y de las mujeres, sino que está arriba. Y, de vez en cuando, en la medida en q ue el hombre y la mujer están conectados con el mundo divino y pueden transmitir algunos de sus rayos, logran expresar algo de esta belleza.
Retened bien esto: la belleza no se encuentra en la forma, se encuentra en la irradiación, en las emanaciones. Por eso no hay que querer lanzarse sobre ella para cogerla y devorarla: porque no es una forma que se pueda coger. Debemos solamente contemplarla, estar maravillados ante ella, impregn arnos con ella. El hombre debe, pues, cambiar su actitud para con la mujer. Cuando encuentra a una mujer encantadora, en vez de querer poseerla, ensuciarla, debe contemplarla, tomarla como 4 fuente de inspiración, como medio para alcanzar la Divinidad. Ya sé que ésta es una manera de comprender las cosas tan desconocida que parecerá incluso grotesca. La mayoría se comporta como si la belleza estuviese ah í para ser tocada, poseída, ensuciada, destrozada. Como los niños, que destroza n las páginas de un libro después de haber mirado las imágenes.
De momento, todavía os preguntáis: “¿Pero de qué no s habla? La belleza está ahí para satisfacer nuestro apetito…” Ya lo sé, sólo se habla de placer. Muchos libros, escritos por celebridades, están ahí para mostraros las técnicas más eficaces para obtener más placer. Por eso, al escucharme, encontraréis que cuento unas historias inverosímiles. Y sin embargo se trata de cosas real es, verídicas.
Así que, probadlo, decidíos a comportaros cada vez mejor con la belleza, a considerarla como un lenguaje de la naturaleza vivi ente, un medio para acercaros al Señor. Para tener una idea de lo que es la verdadera belleza, luminosa, pura, tomad un cristal, tomad un prisma, y tratad de ver cómo p asa la luz a través del prisma y se vuelve tan bella que podéis permanecer durante hora s enteras extasiados ante estos colores. Yo lo hago a menudo… En vez de perder el tiempo en estupideces, como la mayoría de los humanos, que están bebiendo en los b ares, jugando a la ruleta o a las cartas, o abrazando a las chicas, yo me contento co n la belleza de la luz. Y os aconsejo que vosotros lo hagáis también, porque gan aréis enormemente con ello. Claro, algunos dirán: “Yo no estoy preparado para e so, esto no es para mí…” No, este no es un buen razonamiento. Al contrario, hay que d ecirse: “Aunque yo no esté hecho para eso, aunque sea débil, voy a decidirme a alime ntarme con la belleza.” Mientras sigáis viéndoos como sois ahora, sin decidiros a ha cer algo, siempre os quedaréis parados y no avanzaréis.
La verdadera belleza no se encuentra en el plano físico, está en otra parte. Evidentemente, la Tierra es bella: las plantas, las montañas, los lagos, los ríos… Pero, en comparación con la belleza que hay arriba, me ve o obligado a deciros que toda la belleza de la Tierra palidece. La belleza es la exp resión de la mayor perfección. Posee la inteligencia, la luz, la pureza, la música, los perfumes… Por eso, para mí, la belleza está conectada con la Divinidad. La Divinidad es la belleza. Y, si Dios no fuese bello, no Le buscaría. Muchos buscan a Dios porque es todo poderoso, porque es omnisciente. Yo Le busco porque es bello. Tengo una debilidad por la belleza. Lo que quiere decir que tengo una debilidad por la perfecc ión. Y tanto mejor, ¡hay que tener debilidades así! La única debilidad que no os repro charán, y que es incluso gloriosa, es la debilidad por la belleza. Pero no por esta be lleza que los humanos reconocen y aprecian. Os lo diré francamente: he visto a chicas muy bonitas, también he visto a hombres muy bellos, pero no estaba demasiado deslum brado por lo que veía, buscaba otra cosa, más allá… Lo que siempre me ha salvado e s el amor por la belleza. Y si vosotros también tenéis este amor, estaréis a salvo , estaréis protegidos; si no, iréis a cualquier parte, haréis cualquier cosa con cualquie ra, y os ensuciaréis y destruiréis completamente.
II
Bonfin, 7 de agosto de 1976
Los humanos desean toda clase de cosas imaginándose que les aportarán la felicidad, pero en cada deseo está el reverso de la medalla… La sabiduría consiste, pues, en saber qué deseos son los que no producen e fectos contrarios a aquéllos que nosotros esperábamos. Mirad, por ejemplo, la bellez a. ¿Qué mujer no desea ser bella? Pero la belleza trae también consigo muchos inconve nientes.
La belleza puede hacer mucho bien, porque tiene el poder de inspirar, de elevar el alma humana hasta unas alturas extraordinarias…Pero , ¡ay!, no siempre es el caso: como los hombres están llenos de deseos inferiores y de codicias, con su belleza la mujer remueve a su alrededor todas las capas del pl ano astral; todos los hombres le lanzan llamas y fuegos que no son demasiado puros, y ella se encuentra bañada en una atmósfera polucionada por deseos insatisfechos. Todo lo más espeso, lo más viscoso, se proyecta sobre ella, y, a menudo, la mu jer, que no es inteligente ni está instruida, se deja devorar por todos los puercos.
Porque, desgraciadamente, esto es verdad: las chica s más bonitas raramente son inteligentes, sólo cuentan con su belleza, ¡y están tan vacías interiormente! Parece como si la belleza se conservara mucho mejor si no se hace ningún esfuerzo. Cuando se empieza a trabajar, a reflexionar, ¿comprendéis? , la belleza se estropea un poco. Una mujer bella no quiere estropear su belleza, y s e pasea, se exhibe para atraer a algún millonario que trabaje para ella. Si tiene qu e lavar la ropa o limpiar, va a estropearse las manos. Y leer, estudiar, reflexiona r, tampoco ayuda a la belleza. Preguntad en una tienda a una chica fea y os inform ará sobre todo. Pero, si os dirigís a una chica bonita… “No sé, Señor.” Ni siquiera sabe lo que se vende en la tienda. Está sólo como figurante para atraer al público. Mientra s que la que no es bonita no se siente con ventaja, por eso cuenta con su trabajo, con sus esfuerzos.