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El mariscal Cáceres: ¿un héroe militar o popular? Reflexiones sobre un héroe patrio peruano (Marshal Cáceres: A Military or a Popular Hero? Reflections On A Peruvian National Hero)

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Resumen
La figura del Mariscal Andrés Avelino Cáceres (Ayacucho 1836 ? Ancón 1923), héroe de la Guerra del Pacífico y ex-presidente del Perú, ha sido empleada en los últimos años por el etnocacerismo, movimiento político de trayectoria un tanto violenta que vincula elementos militaristas, indigenistas y nacionalistas. ¿Por qué se dio esta apropiación de un héroe patrio? ¿Acaso por desinterés estatal en incluirlo en el ?panteón oficial de héroes?? ¿Qué encontraron los etnocaceristas en el mariscal para convertirlo en símbolo? Este ensayo intenta responder a esas preguntas, y reconstruir la compleja y parcial apropiación oficial de ese personaje.
Abstract
The image of the Marshal Andrés Avelino Cáceres (Ayacucho, 1836-Ancón, 1923), a hero of the War of the Pacific and former president of Peru, has been used in recent years by etnocacerismo, a political movement of rather violent trajectory that links militaristic, indigenist, and nationalist elements. How can one explain the appropriation of this national hero? Was it the state?s lack of interest in including Cáceres in the ?official pantheon of heroes?? What did the etnocaceristas find in the marshal to turn it into a symbol? This essay tries to answer these questions, and to reconstruct the complex and partial official appropriation of this hero.
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El mariscal Cáceres: ¿un héroe militar o popular?
1Reflexiones sobre un héroe patrio peruano
Marshal Cáceres:A Military or a Popular Hero?
Reflections On A Peruvian National Hero
Iván Millones Maríñez
Pontificia Universidad Católica del Perú
Universidad Nacional Mayor de San Marcos
Email: mllnes2000@yahoo.es
Fecha de recepción: abril 2006de aceptación y versión final: julio 2006
Resumen
La figura del Mariscal Andrés Avelino Cáceres (Ayacucho 1836 – Ancón 1923), héroe de la
Guerra del Pacífico y ex-presidente del Perú, ha sido empleada en los últimos años por el etno-
cacerismo, movimiento político de trayectoria un tanto violenta que vincula elementos milita-
ristas, indigenistas y nacionalistas. ¿Por qué se dio esta apropiación de un héroe patrio? ¿Acaso
por desinterés estatal en incluirlo en el “panteón oficial de héroes”? ¿Qué encontraron los etno-
caceristas en el mariscal para convertirlo en símbolo? Este ensayo intenta responder a esas pre-
guntas, y reconstruir la compleja y parcial apropiación oficial de ese personaje.
Palabras clave: etnocacerismo, héroes patrios, Mariscal Andrés Avelino Cáceres, memoria,
militares, Perú siglo XIX, Perú siglo XX.
Abstract
The image of the Marshal Andrés Avelino Cáceres (Ayacucho, 1836-Ancón, 1923), a hero of
the War of the Pacific and former president of Peru, has been used in recent years by etnocac -
erismo, a political movement of rather violent trajectory that links militaristic, indigenist, and
nationalist elements. How can one explain the appropriation of this national hero? Was it the
state’s lack of interest in including Cáceres in the “official pantheon of heroes”? What did the
etnocaceristas find in the marshal to turn it into a symbol? This essay tries to answer these ques-
tions, and to reconstruct the complex and partial official appropriation of this hero.
Keywords: etnocacerismo, national heroes, Marshal Andrés Avelino Cáceres, memory, military,
national heroes, Perú-19th Century, Perú-20th Century.
1 Artículo elaborado a partir de la investigación para una tesis de Maestría en Historia (Millones 2002). Agradezco los
comentarios de Cecilia Méndez.
Iconos. Revista de Ciencias Sociales. Num. 26, Quito, septiembre 2006, pp. 47-57
© Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales-Sede Académica de Ecuador.
ISSN: 1390-1249Iván Millones
m á rt i re s” parecería ser un sentir latinoamerica-áceres, héroe militar de la Guerra del
no (Monsiváis 2000:83), y pro b a b l e m e n t ePacífico (1879-1883), presidente y
haya quienes crean que éste no podía corre s-C político, ha sido de una sorprenden-
ponder mejor al Perú, al menos si se examinante presencia en la escena peruana en los últi-
los rasgos de sus héroes patrios. Varios de ellos,mos años. Icono del etnocacerismo, movi-
por nuestra experiencia histórica -y por el pro-miento político cuyas acciones más llamativas
ceso de re c u e rdos y olvidos colectivos,- pert e-han sido dos levantamientos, uno contra el
necen al mencionado episodio militar de finesentonces presidente Alberto Fujimori, en
del siglo XIX. No faltan entonces quienes con-octubre del año 2000, y otro contra el man-
sideran difícil identificarse con tales figurasdatario Alejandro Toledo, en enero del 2005,
paradigmáticas, y de allí una causa de nuestraesa figura parece estar todavía con vida, más
supuesta debilidad como nación. Por ello qui-de ochenta años después de su muerte. Más
zás sorprenda que el etnocacerismo hayaaún porque en las recientes elecciones presi-
tomado como símbolo a un héroe de esa gue-denciales peruanas el ganador de la primera
rra. Po rque esa agrupación, vinculada a gru p o svuelta del 9 de abril -y luego derrotado en la
c e rcanos al ejército -exoficiales, pero part i c u-segunda vuelta del 4 de junio-, el comandan-
larmente licenciados del mismo-, y con unate en retiro Ollanta Humala, líder del Partido
retórica que busca ganarse a sectores populare sNacionalista Peruano, había sido inicialmen-
2 - s o b re todo al habitante de provincias serranaste parte del movimiento etnocacerista.
y pobres-, asume el nombre del Ma r i s c a lEs un lugar común señalar la falta de iden-
C á c e r es. El significado de etnocacerismo,tidad nacional en el Perú. Consecuencia, para
según su líder e ideólogo, el mayor de infante-algunos, de una historia plagada de fracasos,
ría en re t i ro Antauro Humala, es el siguiente:uno de los cuales sería precisamente la Gu e r r a
“Es la conjugación de la doctrina de gue-del Pacífico, una estruendosa derrota frente a
rra cacerista con la comunión arguediana deChile que costó al país sus provincias sure ñ a s
todas las sangres más el proyecto geopolíticoy a su aliada Bolivia la salida al mar que aún
pan-andino de la Confederación Peruano-reclama. “Somos potentes: tenemos héro e s ;
Boliviana del Mariscal Santa Cruz. Tambiénsomos frágiles: casi todos nuestros héroes son
se debe mencionar el nacionalismo que des-
plegó el ex presidente, el general Juan Velasco
2 En el transcurso del 2005, y a medida que se acerca-
Alvarado. La palabra etno es la conjugación deban las elecciones presidenciales y parlamentarias de
abril del año siguiente, el etnocacerismo se dividió. raza con cultura. Creemos que el nacionalis-
Un grupo liderado por los hermanos Ulises y Antauro mo tiene varias características, pero su esencia
Humala –este último preso por la rebelión acaudilla-
siempre proviene de la raza ancestral, de lada en el 2005- conservó la postura radical del movi-
3miento. El otro hermano, Ollanta, fue moderando su estirpe” (Humala 2001: 386) .
discurso inicial y separándose del etnocacerismo. Así, La “guerra cacerista” aludida en esa defini-
en el 2005 él denominó a su partido “nacionalista”,
ción se refiere al conflicto con Chile, a fines
término aparentemente más general y cohesionador.
del siglo XIX. Si bien ese episodio fue unSin embargo, ambos grupos comparten un discurso
“anti-imperialista” y “anti-neoliberal”, ideas indigenis- desastre para el Perú, en él Cáceres destacó
tas, y la exaltación del papel patriótico del ejército y como exitoso líder. Mientras otras figuras de
de su carácter popular. Cabe resaltarse que en las
entonces han sido recordadas por inmolarsemencionadas elecciones de abril Ollanta obtuvo alre-
dedor del 30% de los votos válidos, mientras que el por la patria en un contexto bélico desfavora-
partido en el que se encontraban Antauro y Ulises
obtuvo menos del 1%. En la segunda vuelta, Ollanta
recibió poco más el 47% frente al 52,6% del ganador 3 Entrevista a Humala (2001: 385, 386), enero del
Alan García, candidato del APRA. 2001.
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ble, ése no fue el caso del mariscal, quien intelectuales cuestionaron el empleo de un
comandó al campesinado indígena de la sie- héroe nacional con fines partidarios y subver-
6rra durante tres años en la lucha contra las sivos . De acuerdo a esas críticas se estaría ter-
t ropas chilenas invasoras, en la llamada giversando una de las funciones de los héroes
“Campaña de la Breña” (1881-1883). Sin patrios: integrar ciudadanos, difundir valores,
embargo, él finalmente fue derrotado, con lo cimentar una identidad nacional. Esta preo-
cual se acabaron los últimos focos de resisten- cupación expresa un problema frecuente en
cia peruana. torno a la legitimidad simbólica de las figuras
Desde su aparición, el etnocacerismo reci- heroicas: tienen varios significados que pue-
bió ataques. En Lima, varios de ellos han pro- den ser explotados por diversos grupos e inte-
venido de sectores de derecha o centro que reses.
vinculan la retórica de ese movimiento con la En el Perú, además de Cáceres, la figura
de líderes sudamericanos contemporáneos, del líder indígena Túpac Amaru II (1738-
4con los cuales no simpatizan . El venezolano 1781), fue empleado por grupos políticos y
Hugo Chávez, el boliviano Evo Morales y -en por el Estado en diversos momentos. De
algún momento- el ecuatoriano Lucio Gu- rebelde anti-colonial provinciano y andino,
tiérrez son algunos de esos personajes hacia fue considerado “héroe de izquierda” y usado
quienes los etnocaceristas han expresado su por el llamado “gobierno revolucionario de
5a d m i r a c i ó n ( Humala 2001: 386, 387). las fuerzas armadas” del General Juan Velasco
Incluso entre el material audiovisual que ese entre 1968 y 1975, y años más tarde por el
grupo vendía en Lima, hacia el 2004, publi- Movimiento Revolucionario Túpac Amaru
citado como “videos nacionalistas”, se encon- (MRTA). Pero poco antes, en la década de
traban títulos como “La revolución no será 1960, un grupo subversivo uruguayo lo había
transmitida”, un filme crítico del golpe de tenido como emblema -el Movimiento de
Estado contra Hugo Chávez en el 2002, y Liberación Na c i o n a l - Tu p a m a ros-, al igual
otros como “Rebelión zapatista” y “Levanta- que los guerrilleros peruanos alzados en
miento indio en Ecuador”. armas en esos años (“Túpac Amaru” fue el
La identificación del etnocacerismo con nombre de una de sus facciones). Quizás el
Cáceres, el llamado “héroe de la Breña”, ha carácter subversivo de ese líder hizo que ya
sido criticada. Entre el 2000 -año de la rebe- desde momentos anteriores -por ejemplo, en
lión que los dio a conocer- y el 2005 -cuando un contexto social e ideológico excluyente, el
se dio su segunda acción armada-, algunos de la llamada “República Aristocrática”
(1895-1919)- sectores de la elite se negaran a
asumirlo como héroe. Así, en 1917, en el par-4 Es el caso de las críticas del diario El Comercio o la
revista Caretas, cuyos propietarios tuvieron conflictos lamento hubo quienes re c h a z a ron llamar
con el autodenominado régimen revolucionario del “Túpac Amaru” a una provincia serrana,
General Juan Velasco, al cual se hará referencia más
argumentando que ese personaje “cometió eladelante, y al que los etnocaceristas han manifestado
simpatías. También han provenido cuestionamientos
desde un espectro político más de izquierda. En gene- 6 Por ejemplo, en Lima, a raíz de la rebelión de enero
del 2005, bajo los títulos de “Uso y abuso de la histo-ral, todas esas voces coinciden en criticar el carácter
ria- Cáceres, rehén del etnocacerismo” y “Cáceres y elmilitarista, autoritario y “fascista” del movimiento.
etnocacerismo. Entre la historia y el uso falaz del pasa-5 La simpatía hacia Gutiérrez probablemente se debió a
do”, el diario El Comercio publicó un artículo del his-que encarnaba al militar aliado con el movimiento
indígena (Humala 2001: 387). Recientemente, los toriador Héctor López Martínez (2005). También en
ese contexto, y destacando que “Cáceres es un patri-etnocaceristas han expresado sus cercanías a la
monio de todos los peruanos” y no de un grupo polí-Confederación de Nacionalidades Indígenas del
tico, escribió el historiador Nelson Manrique (2005).Ecuador (Humala 2005: 3).
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error de encabezar una reacción contra la que los otros héroes mencionados. No es difí-
dominación española para hacer revivir la cil vincular su imagen a tres aspectos claves en
monarquía incásica”. En cambio, se propuso la historia del Perú: “r a z a” y cuestión indíge-
usar nombres de héroes más recientes “que na, desarrollo económico, y militarismo. El
hayan sucumbido defendiendo los fueros de mariscal no podía estar ajeno al primer tema,
7la República” . p o rque en la Campaña de la Breña lideró gue-
A continuación ve remos cómo la figura rrillas indígenas que no sólo atacaron tro p a s
del héroe de la Breña fue adquiriendo dive r s o s chilenas, sino también hacendados blancos
significados a través del tiempo y de acuerd o colaboracionistas. ¿“Guerra de castas” ?
a los grupos que lo reivindicaban. Ob s e rva re - ¿ “ Lucha de clases”? ¿“Guerra nacional”? fue-
mos también los intentos del Estado de apro- ron preguntas que generaron grandes polémi-
piarse y emplear oficialmente su imagen, y cas en el medio académico durante las déca-
c o n c l u i remos con un análisis de por qué en das de 1970 y 1980, época del centenario de
última instancia, pese a su prestigio militar, su la guerra (Bonilla 1979, Mallon 1981,
imagen dista de ocupar un lugar central en el Manrique 1981). En segundo lugar, la figura
panteón oficial de héroes. de Cáceres también está ligada al desarro l l o
económico del país ya que, terminado el con-
flicto, su gobierno buscó solucionar el pro b l e-
Una figura controvertida ma de la deuda externa peruana y recuperar la
economía. Se firmó entonces el controve rt i d o
Por su trayectoria política, el caudillo de la Contrato Grace (1889), que supuso la entre-
Breña posee una compleja imagen multifacé- ga de ferrocarriles estatales y otros recursos a
tica. Esto lo diferencia de otros personajes de capitalistas foráneos. Por último, Cáceres, que
la Guerra del Pacífico menos multidimensio- había ingresado muy joven al ejército y llegó a
nales que fácilmente ingresaron al panteón ser presidente, es una figura asociada al mili-
oficial de héroes, como el almirante Miguel t a r i s m o. Junto a un grupo de personajes igual-
Grau (1834-1879) y el coronel Francisco mente ligados al ejército, oficiales y exc o m b a-
Bolognesi (1816-1880). Ambas figuras “die- tientes de la guerra de 1879, detentó el poder
ron su vida por la patria”, y tuvieron una con- por casi diez años, a los que una historiografía
sagración en grandes monumentos, levanta- crítica dio el nombre de “Se g u n d o
dos varias décadas antes que aquel correspon- Mi l i t a r i s m o” (Ba s a d r e 1983, 7: 321).
diente a Cáceres: el de Grau, en el puerto del Pe ro el carácter multifacético del mariscal
Callao, data de 1897; el de Bolognesi, en la de por sí no tendría por qué dificultar su apro-
ciudad de Lima, es de 1905; el del mariscal, piación estatal. El problema era que su actua-
8en la capital, apareció recién en 1951 . ción en cada uno de estos terrenos fue polé-
Una explicación de esa postergación puede mica. Por ejemplo, aunque lideró campesinos
radicar en que Cáceres tiene más significados en la lucha contra los chilenos, una vez termi-
nada ésta, e interesado en consolidarse como
gobierno y reimponer el orden (Ma n r i q u e
7 C f. Cámara de Se n a d o res, Diario de D e b a t e s -
1981: 366), desarmó a sus antiguos aliados. YCongreso Ordinario de 1917, p. 494, 495.
8 Sobre la inauguración del primer monumento, cf. El cuando no pudo negociar una desmov i l i z a-
País, 29 de noviembre de 1897. Con respecto a la del ción -para entonces, varios ex-guerrillero s
segundo, La Prensa, 6 de noviembre de 1905; y al ter-
ocupaban haciendas de antiguos colaboracio-
cero, El Comercio, 31 de julio de 1951, edición de la
nistas-, los combatió y mandó a ejecutar a unmañana, p. 3. Sobre los etapas iniciales en la cons-
trucción de Cáceres como héroe, cf. Millones 2005. g rupo de ellos (Manrique 1995: 181).
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De otro lado, con respecto al tema econó- en el “Oncenio”, periodo de gobierno autori-
mico, si bien el mariscal emprendió la re c o n s- tario y modernizador de Augusto B. Leguía
t rucción nacional luego de la guerra, la firma (1919-1930), en el que hubo esfuerzos para
del Contrato Grace habría sido autoritaria, fomentar una identidad nacional desde el
c o n t rove rtida (Ba s a d re 1983, 7: 82) y lesiva Estado. Éste propició una proliferación de
para los intereses nacionales. Han sido opinio- estatuas y espacios públicos en Lima y pro-
nes frecuentes sobre el tema que el Perú “p a g ó vincias que conmemoraban figuras de la
d e m a s i a d o” con ese arreglo (Ba s a d r e 1983, 7: Independencia. De esta época datan la plaza
87), que “e n t regó al país a la voracidad del y monumento a José de San Martín y el
9capitalismo inglés” (Manrique 1981: 389) . monumento al Soldado Desconocido, en
El último punto: Cáceres y el militarismo. Lima, este último en honor a los caídos en la
Este aspecto parece indicar que heroicidad y Guerra del Pacífico. También se erigieron
posterior actuación política pueden re s u l t a r monumentos alusivos a la época incaica
incompatibles. Po rque el caudillo llegó a la (Millones 2002: 30-32). En ese contexto, se
p residencia en 1886 con gran popularidad, le organizaron a Cáceres apoteósicos funera-
aclamado como héroe en vida, pero casi una les, y quizás contagiados por el espíritu de
década después, en 1895, en el poder y con una época de “invención de la tradición”
intenciones de permanecer en él, fue depuesto (Hobsbawn y Ranger 2002), entusiasmados
y exiliado, junto a sus más cercanos part i d a- cronistas sugirieron que el mariscal estaba lla-
rios, tras una sangrienta guerra civil anti-mili- mado a convertirse en el gran héroe de la his-
tarista (Ba s a d re 1983, 7: 295-334). Estos inci- toria peruana. Sin embargo, pese a los tribu-
dentes han llevado también a una peculiar tos que se le rindieron -entre éstos, la conce-
a p reciación sobre el mariscal. Al pare c e r, la sión de la monumental Cripta de los Héroes
sociedad peruana, como otras con una fuert e del Cementerio General como última mora-
tradición católica, tiene una predilección por da-, serían necesarios algunos años más para
h é roes márt i res (Pisconte Quispe 2005: 28, que adquiriera aquella estatura augurada.
29). Por ello, hay quienes han considerado que ¿Qué había ocurrido? Después de todo, al
a Cáceres le faltó morir en el campo de batalla comenzar la década de 1920 el mariscal no
para consagrarse (Ba s a d re 1983, 6: 345). sólo tenía el prestigio de su actuación en la
Ante esa controve rtida trayectoria del guerra de 1879, sino la ventaja de que, como
mariscal era lógico suponer que su ingreso al líder político (era jefe y fundador de un par-
panteón oficial de héroes patrios no iba a ser tido, el Constitucional) había respaldado a
fácil. ¿Cómo podía el Estado apropiarse de un Leguía en su ascenso al poder en 1919.
personaje como él? ¿Cuál de sus facetas desta- Esa postergación puede ser explicada por-
car? Veamos algunos momentos significativos que el presidente, interesado en convertirse él
en esa compleja apropiación. mismo en héroe, hizo a su propia imagen
omnipresente en calles, plazas y monumentos
(Millones 2002: 39,40). Pero no sólo este
Rumbo al panteón oficial de héroes personalismo opacó al mariscal. Ta m b i é n
contribuyeron a ello deslices de los mismos
El 10 de octubre de 1923 el casi nonagenario políticos caceristas -una conspiración anti-
mariscal dejó de existir. Su deceso se produjo leguísta develada en noviembre de 1920-, e
incluso una probable persistencia de recuer-
9 Sin embargo, perspectivas recientes tienen visiones
dos de la guerra civil anti-militarista de 1895.menos negativas (Contreras y Cueto 1999: 147,
Esos factores debieron retrasar su consagra-Klaren 2004: 248).
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ción como héroe oficial, aunque hacia la Pero mientras se trataba de difundir esas
fecha de su muerte aparecieron obras históri- imágenes en la costeña Lima, en las provin-
cas sobre él, no necesariamente producto del cias serranas en que se había llevado a cabo la
a p oyo estatal, que pro m ovían su figura Campaña de la Breña, Cáceres tenía otro ros-
(Cáceres 1921, Leguía 1923, Cáceres 1924). tro. Ya al comenzar el siglo XX, aparecía en
A los factores de ese retraso se añade que aquellas regiones con rasgos indígenas o mes-
Cáceres era percibido negativamente por sec- tizos, fenómeno que remite a la memoria
tores de la elite limeña de fines del siglo XIX popular de la Guerra del Pacífico (Macera
e inicios del XX. Él era visto si no como 1981: 405-412), la cual también inspiró dan-
“indio”, al menos como “serrano”, pese a que zas en fiestas patronales en que figuraban
pertenecía a una familia de hacendados y Cáceres y sus guerrilleros (Mendoza 1989).
comerciantes, “blancos” o “mistis” desde el Éstas, por cierto, convenientemente olvida-
punto de vista de una ciudad andina de la ban episodios menos gratos ligados al maris-
época. Sin embargo, su procedencia ayacu- cal, como la a veces violenta desmovilización
chana y el que, por ejemplo, hablara quechua, de sus antiguos aliados campesinos. Esa ima-
lengua en la que se comunicaba con sus gue- gen indígena o mestiza del héroe tiene una
rrilleros (quienes lo llamaban tayta, “padre” sorprendente continuidad hasta el presente:
en quechua), contribuyeron a que Cáceres en nuestros días, en el departamento andino
proyectara la imagen de “serrano” frente a la de Ayacucho, Cáceres es considerado indíge-
elite costeña. Estos sectores debieron ver con na, sobre todo en sectores populares y de ori-
recelo esos rasgos en una época marcadamen- gen rural (Cavero 1994: 92-94). Incluso en el
te racista, más aun porque durante la imaginario popular existirían conexiones
Campaña de la Breña se habían difundido entre las figuras de Cáceres, Túpac Amaru y
noticias del carácter violento de los comba- el Inca, según interpretaciones antropológicas
tientes indígenas que él lideró (Cavero 1994: de relatos sobre el mariscal, recogidos al
174-176, 283). comenzar la década de 1990 (Cavero 1994:
Por eso, cuando Cáceres llegó al gobierno 118, 119, 135).
en 1886, sus enemigos, que no eran pocos En el imaginario popular urbano y coste-
(porque entre el final de la guerra con Chile y ño, por su parte, puede resultar más difícil
su ascenso al poder, el caudillo también com- precisar qué rasgos tenía el caudillo. Sin
batió en una guerra civil y la ganó), lo habían embargo, testimonios de Lima y sus cercaní-
presentado desfavorablemente a ojos de la as, donde vivió sus últimos años, lo muestran
sociedad limeña. Esto obligó a sus partidarios como una persona sencilla, cercana a la gente
a intentar borrar el estigma de indígena vio- del “pueblo común” y alejada de la “aristocra-
lento con el que sus rivales lo marcaban. En cia” (Marín 1984: 29). Además, noticias de
cambio, destacaron que su líder pertenecía a entonces indican que tuvo cierta preocupa-
la “raza europea casi pura” y que su tez era ción por la situación de los obreros: haber evi-
“blanca, cuando no tostada por los rayos del tado que unos soldados disparasen contra
sol o de las cordilleras”. Igualmente, negaron huelguistas en las proximidades de la capital,
que éste fuera el oficial “sediento de sangre y en enero de 1915, fue, por ejemplo, un inci-
de exterminio” y “ambicioso vulgar” que sus dente destacado en esa época (Basadre 1983,
enemigos pretendían. Al contrario, subraya- 9: 82, 83). Por ello, quizás no sorprenda que
ron su carácter de militar profesional, gran Cáceres se convirtiera en símbolo de la cam-
estratega, y de salvador de la patria en crisis paña electoral de 1919, cuando Leguía, en
(Anónimo 1886: 63, 64, 73). multitudinarias manifestaciones, pro m e t i ó
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recuperar las provincias perdidas en la Guerra de clase (Klaren 2004: 363, Masterson 2001:
del Pacífico, y acusó a las clases altas de haber 110, 113).
causado aquella derrota. La presencia del Las celebraciones en varios puntos del país
mariscal en esa campaña lo liga a un discurso de los cien años de Cáceres dieron tal impul-
nacionalista y anti-oligárquico, y nos sugiere so a su figura que la hicieron constante en
que, al momento de morir, tanto en la sierra diversas conmemoraciones patrias, incluso en
como en la costa su figura estaba próxima a los colegios, donde además empezó a aparecer
sectores populares. con mayor frecuencia en textos escolare s
(Millones 2002: 54, 55). Sin embargo, uno
de los episodios heroicos más elogiados
Consagraciones bajo entonces no estuvo vinculado a la Campaña
regímenes militares de la Breña, sino a una batalla liderada por el
caudillo en el primer año de la Guerra del
Los centenarios son momentos propicios para Pacífico: Tarapacá (27 de nov i e m b re de
crear o consolidar mitos, y las naciones viven 1879), el único enfrentamiento ganado en ese
de mitos. Fue a raíz de los cien años del naci- conflicto por el ejército regular peruano. Que
miento de Cáceres -el 10 de noviembre de Cáceres se convierta en héroe de esa institu-
1936, y, de modo más amplio, en toda esa ción tiene un especial significado: entre las
década-, cuando ocurrió una primera gran décadas de 1930 y 1970 el poder estuvo, en
consagración del héroe, a cargo de un Estado diversos momentos, en manos de las fuerzas
dominado por los militares. Tras la caída de armadas. Habían tenido éstas una serie de
Leguía en 1930, las fuerzas armadas, con res- d e r rotas militares (la de 1879, la de la guerra
paldo de sectores de la élite socioeconómica, civil de 1894-1895) (Masterson 2001: 26,
asumieron la dirección del país, clamando 37, 107) y por lo tanto estaban intere s a d a s
por la necesidad de mantener el orden y la en resaltar un héroe y un episodio victorio-
integridad nacional frente a la creciente ola de sos. Pe ro tampoco descuidaron la ve t a
movilización popular liderada, sobre todo, “p o p u l a r” e “indigenista” del caudillo.
por el APRA. Mientras crecientemente los intelectuales
Durante esos años, cuando grupos de destacaban la existencia de una población
izquierda criticaban el rol de las fuerzas arma- indígena mayoritaria, analfabeta y poco inte-
das, éstas continuaron con el fortalecimiento grada a la nación como un problema, desde
de un Estado que asumió con mayor nitidez el ejército se resaltó el papel civilizador de
el rol de creador y difusor de símbolos éste entre esa población. Obligados a re a l i z a r
patrios, esta vez abiertamente ligados al ele- el servicio militar y educados en los cuart e l e s ,
mento castrense. Fue entonces que el ejército s e c t o res indígenas formaron las bases del
buscó legitimarse políticamente promovien- e j é r cito (Masterson 2001: 58, 199, 224-
10do la figura de Cáceres , aunque también es 226), sobre todo de su infantería, de la cual
probable que esa imagen -así como las de C á c e res se convirtió en “p a t ro n o” .
otros héroes uniformados- estuviera dirigida El mariscal fue entonces reivindicado por
hacia los propios miembros de una institu- haber liderado guerrilleros indígenas en una
ción dividida por factores políticos, étnicos y acción de dimensiones nacionales: la defensa
de la patria. De ese modo, además del ante-
rior elogio a su profesionalismo y destreza
10 Véanse, por ejemplo, diarios limeños como L a
como estratega, el caudillo fue modelo de lasCrónica, en ediciones cercanas al centenario del naci-
miento del héroe, en 1936. relaciones militar-campesinado.
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El peso de este héroe fue tal que resulta en que las dos últimas medidas fueron dadas,
sugerente que en la década de 1930 dos mili- ni el papel de los propios indios y negros en
t a res que luego encabezarían el Po d e r el proceso, los regímenes de mediados del
Ejecutivo, los Generales Manuel A. Odría, siglo XX, como el del general Odría, consa-
presidente entre 1948 y 1956, y Ricardo g r a ron a Castilla como héroe nacional
Pérez Godoy, Jefe de la Junta Militar de (Millones 2002: 33). La figura de Cáceres
Gobierno entre 1962 y 1963, escribieran quedó entonces relegada a un segundo plano.
s o b re la Campaña de la Breña y sobre Su controvertida carrera contribuye a expli-
Cáceres, respectivamente, en revistas milita- car, igualmente, por qué uno de los últimos
res (Odría 1930-31, Pérez Godoy 1936). gobiernos militares del Perú, el del General
Precisamente un posterior momento signifi- Juan Velasco (1968-1975), caracterizado por
cativo en la consagración oficial del mariscal su vocación nacionalista, “anti-imperialista” y
se dio durante el gobierno de Odría quien, en a n t i - o l i g á r quica, elevara al rebelde T ú p a c
su segundo año liderando un régimen que Amaru II, y no al mariscal, a la condición de
combinaba autoritarismo y paternalismo para omnipresente héroe oficial.
controlar los movimientos sociales (Contreras
y Cueto 1999: 239), ordenó levantar en la
11capital una estatua en honor al caudillo . Los 150 años de Cáceres
Los procesos ocurridos entre las décadas
de 1930 y 1970 muestran que el Estado se Un resurgimiento del caudillo de la Breña
preocupó por hacer de Cáceres una gran figu- ocurrió en torno a otro aniversario, el sesqui-
ra. Sin embargo, ésta no llegó a ser central en centenario de su nacimiento, el 10 de
el panteón de héroes oficiales-militares. En noviembre de 1986 (en realidad, prolonga-
efecto, las fuerzas armadas, preocupadas por ción del centenario de la Guerra del Pacífico,
legitimarse en el poder, mal hubieran hecho 1979-1983, y de la Campaña de la Breña),
en tener como símbolo a alguien con tan esta vez en un contexto de violencia subversi-
cuestionado gobierno (Contrato Grace y san- va. Los sucesos de esos años muestran cómo
grienta salida del poder de por medio). Su la figura de un héroe puede ser empleada de
imagen no era precisamente útil para demos- diversos modos. Veamos algunos ejemplos. El
trar que un gran militar podía ser un buen p residente de la República, Alan Ga rc í a
gobernante. Más bien hasta servía como (1985-1990), que implementó políticas eco-
ejemplo de lo contrario. Por eso, quienes nómicas y culturales de corte nacionalista y
detentaron el poder en esos años tuvieron una combatió a los grupos subversivos Sendero
m a yor predilección por otro héroe: el Luminoso (SL) y Movimiento Revoluciona-
Mariscal Ramón Castilla (1797-1867), presi- rio Túpac Amaru (MRTA), de “ideologías de
dente de la República en dos oportunidades inspiración foránea” según la retórica oficial
(1845-51, 1855-62), y bajo cuyas órdenes de entonces, se autoproclamó “c a c e r i s t a” .
había combatido el héroe de la Breña en su Para García, el mariscal debía servir “de refle-
juventud. Castilla contribuyó a consolidar el xión para luchar contra los enemigos externos
Estado; gracias a la bonanza por la exporta- e internos que pretenden someternos a sus
12ción del guano, abolió la esclavitud negra y el dictados culturales, políticos y económicos” .
tributo indígena. Sin considerar el contexto
12 Discurso con motivo del sesquicentenario del naci-
11 Sobre su inauguración, cf. El Comercio, 31 de julio de miento de Cáceres; El Comercio, 11 de noviembre de
1951, edición de la mañana, p. 3. 1986, p. A-3.
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ÍCONOS 26, 2006, pp. 47-57El mariscal Cáceres: ¿un héroe militar o popular?
Igualmente, tiempo después, en diciembre de Campaña de la Breña, proponía el trabajo
1989, al inaugurarse una estatua del mariscal unificado con el campesinado para derrotar la
en el Palacio de Gobierno, el presidente vol- subversión (Paredes Oporto 2005:40). La
vió a referirse al personaje, símbolo, según él, reacción de sus superiores no se hizo esperar:
13del “que no se rinde ante la adversidad”. La consideraron que realizaba un análisis negati-
frase no podía ser más apropiada para la oca- vo del ejército con el empleo de la metodolo-
sión: la daba un gobernante que culminaba gía marxista, por lo que debía ser castigado
su mandato en medio de grave crisis nacional (Humala 2001: 377).
y fuerte crítica a su gestión. No sorprende, entonces, que la aparición
Asimismo, en esos años, mientras una his- pública del etnocacerismo, en el levantamien-
toriografía de izquierda resaltaba el carácter to anti-fujimorista de octubre de 2000 (ocu-
popular e incluso “anti-oligárquico” del héroe rrido en medio de acusaciones de corrupción
(Vega 1986, Vilcapoma y Guzmán 1986), y contra el gobierno), tomara la forma, en tér-
una institución como la Orden de la Legión minos de los propios protagonistas, de una
Mariscal Cáceres, ligada al ejército, se dedica- “remembranza entocacerista”. Con esa expre-
ba a exaltar al héroe, hubo vinculaciones sión, sus líderes, los hermanos Ollanta y
entre éste y los grupos alzados en armas. Por Antauro Humala, manifestaban estar inspira-
ejemplo, el MRTA destacó que Cáceres, “el dos en el mariscal y en sus “ejércitos campesi-
más grande genio militar de la lucha guerri- nos y andinos” que “rescataron la dignidad
llera”, durante la Guerra del Pacífico “cons- nacional cuando la traición de la clase políti-
t ruyó un ejército popular” (Mov i m i e n t o ca hacia el pueblo había postrado al país ante
Re volucionario Túpac Amaru s/f: 40). una fuerza armada extranjera” (Hu m a l a
Igualmente, al comenzar la década de 1990, 2001: 349). Era un intento de reestructurar
exploraciones en el imaginario popular de una alianza del ejército con sectores populares
Ayacucho, lugar donde se originó Sendero y provincianos en momentos de crisis, y bajo
Luminoso, muestran que algunas personas “la imagen sagrada” de Cáceres.
hacían peculiares conexiones entre las accio-
nes de ese grupo y las hazañas del mariscal.
Sin embargo, este personaje aparecía tam- Reflexiones finales
bién, según otros testimonios, como líder de
soldados con uniformes parecidos a los del Los héroes patrios no son sólo figuras a las
ejército peruano. Al parecer, en el contexto de cuales se rinde rutinariamente tributo en sus
guerra interna, los subversivos igualmente respectivos aniversarios. Ellos reflejan senti-
podían ser mentalmente asociados a los anti- mientos de una sociedad, y detrás de su culto
guos enemigos chilenos, en tanto “extranje- parecen destacarse, en especial, dos fuerzas: el
ro s”, con bandera roja “f o r á n e a” (Cave ro sentir popular y los intentos del Estado y las
1994: 120, 121). elites políticas de canalizar esas simpatías para
Fue en esos convulsionados años que legitimarse en el poder o ganar respaldo en
nació el etnocacerismo. Surgió como un sus proyectos. Este ensayo ha intentado mos-
grupo clandestino dentro del ejército, los trar cómo el culto heroico oficial (que dada la
“ Mi l i t a res E t n o c a c e r i s t a s”, que re t o m a b a historia del Perú en el siglo XX es también un
ideas velasquistas y de izquierda. Ese grupo, culto militar) y el popular tienen recorridos
siguiendo el ejemplo del héroe en la que pueden coincidir como también separar-
se. En ese sentido, resulta erróneo pretender
13 Cf. El Comercio, 15 de diciembre de 1989, p. A-4. que no hay figuras capaces de despertar pasio-
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nes entre los héroes patrios peruanos. Cáceres en miembros de una familia, los Humala, de
ha sido una fuerza movilizadora, si bien con- orígenes ayacuchanos, y no pre c i s a m e n t e
trovertida y limitada a determinados momen- humildes, como los del propio mariscal.
tos, regiones y grupos sociales. Igualmente, Cáceres y el etnocacerismo han
Ese carácter movilizador nos permite reto- tenido un discurso popular y autoritario, liga-
mar nuestra discusión inicial: ¿de dónde do al campesinado y al mundo provinciano;
viene el interés etnocacerista en el héroe de la los dos formaron partidos políticos luego de
Breña? Sugiero que la atracción del etnocace- su acto fundacional militar: la Campaña de la
rismo por este personaje procede de que con- Breña, el primero; el levantamiento anti-fuji-
fluyen en él el oficial de carrera, hábil guerre- morista de 2000, los segundos. Este aspecto
ro y estratega, y el líder de guerrillas campesi- nos remite a un último (e hipotético) parale-
nas. Esta última faceta (que ha hecho de lo entre el etnocacerismo y su símbolo: así
C á c e res un personaje ligado a sectores popu- como el mariscal dejó de lado la alianza con
l a res, y apropiado por grupos políticos de el campesinado para poder gobernar, quizás
i z q u i e rda) parece relacionarse con la exalta- sus herederos habrían tenido también que
ción del héroe provinciano, mestizo o indíge- olvidar, al menos en parte, su inicial discurso
na, que ha venido elaborándose en re g i o n e s populista y radical, de haber llegado al poder
andinas desde terminada la Guerra de 1879 en el 2006.
hasta el presente. Por ello, no debe sorpre n d e r
que los levantamientos etnocaceristas ocurrie-
Bibliografíaran en la sierra: el último de ellos, en
Andahuaylas, región clave en las luchas pro t a-
Anónimo, 1980 [1886], “Cáceres” en Andrés A.gonizadas por el mariscal y, en nuestros días,
Cáceres, Memorias de la Guerra con Chile conuna de las más pobres del país. Tampoco debe
Diarios y Documentos Inéditos de la Campaña deextrañar que ese movimiento cuente en la
la Breña, Lima, Milla Batres, tomo 2, p. 63- 122.
actualidad con respaldo en zonas de la sierra
Basadre, Jorge, 1983 [1939], Historia de la República
central y sur en que el caudillo combatió en la
del Perú, Lima, Universitaria, 7ª edición, volú-
década de 1880 y donde su figura ha perma-
menes 6, 7, 9 y 10.
necido vigente en el imaginario popular. Bonilla, Heraclio, 1979, “El problema nacional y
Precisamente el etnocacerismo emplea dos colonial en el contexto de la Guerra del
facetas de su héroe: el gran militar y el líder Pa c í f i c o”, en Histórica, No. 3/2, Po n t i f i c i a
del campesinado, retomando así la ya existen- Universidad Católica del Perú, Lima, p. 1-34.
Cáceres, Andrés A., 1980, Memorias de la Guerra conte imagen de Cáceres como modelo de las
Chile. Con diarios y documentos inéditos de larelaciones militares-indígenas. Pero la figura
Campaña de la Breña, Lima, Milla Batres, volu-del mariscal es controvertida y, al parecer, no
men 2.puede apropiarse sin olvidos selectivos: uno
——, 1924, La guerra entre el Perú y Chile (1879-de los más evidentes que el nacionalismo eco-
1883): Extractos de las “Memorias de mi vidanómico de los etnocaceristas ha pasado por
Militar” tomadas al dictado y recopiladas por Julioalto son las políticas económicas poco nacio-
C. Guerrero, Madrid, Internacional.
nalistas implementadas durante el gobierno
Cáceres, Zoila Aurora, 1921, La Campaña de la
del mariscal. Breña; memorias del mariscal del Perú; narración
Sin embargo, lo más peculiar de la rela-
histórica, Lima, Imprenta Americana.
ción entre ese grupo y su símbolo es la exis- Cámara de Senadores, Diario de Debates -Congreso
tencia de varios paralelos. Por ejemplo, el Ordinario de 1917, Lima.
liderazgo del movimiento descansa, en parte, Cavero Carrasco, Ranulfo, 1994, Imaginario e iden -
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