La otra vida de Caz
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La otra vida de Caz

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Description

Caz tuvo una muy buena razón para darle un puñetazo en la cara a su novio, pero aun así es expulsada. En su nueva escuela le dicen que es disléxica y que estará en el salón de educación especial. Caz trata de integrarse y de sobrellevar las burlas y el abuso con que otros jóvenes tratan a los estudiantes de su grupo. Mientras tanto, su amistad con Amanda la lleva a nuevos territorios: a faltar a la escuela y a robar. Como a todo eso se suma la inminente separación de sus padres, su vida simplemente se está saliendo de control.


Caz thinks she has a pretty good reason when she punches her boyfriend in the face, but she gets expelled anyway. Moving to a new school, she is told she is dyslexic and sent to special education classes. Caz tries to fit in and get by while suffering the taunts and abuse that others throw at the students in her class. Her friendship with Amanda leads her into new territory—shoplifting and skipping school. Coupled with her parents' impending separation, her life is spiraling out of control.

Sujets

Informations

Publié par
Date de parution 01 mai 2012
Nombre de lectures 4
EAN13 9781459801899
Langue Español

Informations légales : prix de location à la page 0,0070€. Cette information est donnée uniquement à titre indicatif conformément à la législation en vigueur.

Exrait

La otra vida de Caz
Tanya Lloyd Kyi
Traducido por Eva Quintana Crelis

ORCA BOOK PUBLISHERS
D.R. 2004 Tanya Lloyd Kyi
Derechos reservados. Prohibida la reproducci n o transmisi n total o parcial de esta obra por cualquier medio o m todo, o en cualquier forma electr nica o mec nica, incluso fotocopia o sistema para recuperar informaci n, conocido o por conocerse, sin permiso escrito del editor.
Catalogaci n para publicaci n de la Biblioteca y Archivos Canad
Kyi, Tanya Lloyd, 1973- [My time as Caz Hazard. Spanish] La otra vida de Caz [electronic resource] / Tanya Lloyd Kyi. (Orca soundings)
Translation of: My time as Caz Hazard. Electronic monograph. Issued also in print format.
ISBN 978-1-4598-0188-2 ( PDF ).-- ISBN 978-1-4598-0189-9 ( EPUB )
I. Title. II. Title: My time as Caz Hazard. Spanish. III. Series: Orca soundings (Online) PS 8571. Y 52 M 918 2012 JC 813 .6 C 2011-907856-2
Publicado originalmente en los Estados Unidos, 2012 N mero de control de la Biblioteca del Congreso: 2011943739
Sinopsis: Cuando la conducta de Caz y de Amanda parece empujar a una compa era al suicidio, Caz se ve forzada a reflexionar sobre sus actos.

La editorial Orca Book Publishers est comprometida con la preservaci n del medio ambiente y ha impreso este libro en papel certificado por el Consejo para la Administraci n Forestal .
Orca Book Publishers agradece el apoyo para sus programas editoriales prove do por los siguientes organismos: el Gobierno de Canad a trav s de Fondo Canadiense del Libro y el Consejo Canadiense de las Artes, y la Provincia de Columbia Brit nica a trav s del Consejo de las Artes de Columbia Brit nica y el Cr dito Fiscal para la Publicaci n de Libros.
Imagen de portada de Getty Images ORCA BOOK PUBLISHERS PO B OX 5626, Stn . B Victoria, BC Canada V 8 R 6 S 4 ORCA BOOK PUBLISHERS PO B OX 468 Custer, WA USA
www.orcabook.com Impreso y encuadernado en Canad .
15 14 13 12 4 3 2 1
Para Gordon y Shirley Lloyd
Lista de contenido
Cap tulo uno
Cap tulo dos
Cap tulo tres
Cap tulo cuatro
Cap tulo cinco
Cap tulo seis
Cap tulo siete
Cap tulo ocho
Cap tulo nueve
Cap tulo diez
Cap tulo once
Cap tulo doce
Cap tulo trece
Orca soundings en espa ol
Cap tulo uno
Le di un pu etazo a mi supuesto novio al final del d cimo grado.
Joel jugaba en un equipo de hockey de las ligas menores y su gran sue o era ser descubierto y vivir en Nueva York o en Chicago. Yo pensaba que sus posibilidades de lograrlo eran muy pocas o simplemente nulas, pero eso no es algo que le puedas decir a tu novio.
Algunas noches parec a que el principal prop sito de Joel era estrellarse contra otros jugadores. Siempre se met an en peleas falsas, tir ndose de las camisetas y lanz ndose pu etazos de exhibici n. Echaban los pu os hacia atr s tan r pido que apenas se tocaban entre s .
Yo iba a los partidos con mi amiga Mel, m s que nada por hacer algo. Llevaba chocolate caliente y palomitas de ma z, y Mel hac a todo lo posible por parecer una fan tica del hockey. En realidad, con su abundante cabellera casta a echada hacia atr s y sus lentes de montura met lica, se parec a m s a una estrella de Hollywood. Yo me la pod a imaginar en una de esas viejas pel culas de amor en blanco y negro. Mel es demasiado inteligente como para que le guste el hockey. Iba a los partidos s lo por m y los ve a con una expresi n perpleja.
Una vez vimos c mo aplastaban a un jugador contra el borde de la pista, cerca de las gradas. Su cabeza golpe el plexigl s y le empez a sangrar la ceja; era como un peque o r o rojo que corr a junto a su nariz. Mir hacia arriba y, al ver pegadas al vidrio a unas quincea- eras vestidas a la moda, gui un ojo.
Mel hizo un ruido de asco.
-Se porta como si fuera el dios del hockey -dijo-. Y est orgulloso de esa sangre. Me revuelve el est mago.
-Es bastante guapo sin la sangre -le dije con una sonrisa.
Joel tampoco estaba nada mal, con su cabello casta o oscuro, espalda ancha y unas cuantas pecas que hac an que pareciera un ni o cuando sonre a. Hac a tres semanas que ramos novios, as que yo estaba viendo m s hockey de lo habitual.
Mel lanz un resoplido, sin dejar de ver al chico ensangrentado.
-El problema es que sabe muy bien que es guapo. Puedes creer c mo se le echan encima esas chicas? POR-FA-VOR. Deber an darles terapia de emergencia por el mal gusto.
Casi me atragant con mi chocolate caliente.
-Este Mel, ya te olvidaste de que estoy saliendo con un jugador de hockey?
Me mir muy seria. Era obvio que lo hab a olvidado por un momento.
-Tal vez no cuenta si s lo sales con uno. Pero no salgas con m s de tres seguidos.
-Est s celosa -le tom el pelo.
-S lo espera a que le tiren todos los dientes a Joel y vas a ver lo celosa que estoy. Entonces seguro que me vas a decir que las dentaduras postizas son s per sexy.
Eso fue la noche del viernes. El lunes por la ma ana estaba hablando con Mel antes de clase y una tipa muy guapa y tonta de noveno grado se nos acerc como si tal cosa. Ten a el cabello atado en dos cursis coletas. La segu a una corte de dos o tres chicas como apoyo moral.
-He decidido que es mejor que lo sepas -dijo. Odio cuando la gente piensa que deber as saber algo. Es como cuando tus padres te dicen que algo es por tu propio bien. Con eso basta para saber que no te va a gustar.
La Chica Tonta respir hondo. Una de sus amiguitas le dio un peque o empuj n para que se adelantara.
-Anoche Joel se acost conmigo.
Se le quebr la voz a la mitad de su gran frase. Se dio la vuelta y huy por el pasillo hacia el ba o de chicas. Una de sus amigas se qued un momento m s.
-No supo de ti sino hasta despu s -dijo en susurros.
Mel trat de calmarme toda la ma ana.
-Deber as hablar con l -me dijo, muy razonable-. Seguro que tiene una explicaci n.
-S , seguro que va a explicarme que esa chica tiene pechos m s grandes que yo.
Al final, Mel perdi las esperanzas de que me relajara.
Cuando son la campana del almuerzo, fui directamente al gimnasio. Sab a que l iba a estar ah con sus compa eros de hockey. Estaba de espaldas. Yo camin hasta l y le di un golpecito en el hombro. Todos se quedaron en silencio.
Seguramente ya sab an lo de la Chica Tonta. La furia hizo remolinos en mi cabeza hasta que me lloraron los ojos y sent como si se me estuviera cerrando la garganta.
Joel casi no tuvo tiempo de verme. Cuando se volte , mi brazo ya estaba en pleno vuelo. Le di un pu etazo justo en la nariz. Se cay de espaldas, como un rbol. Me di la vuelta y me fui antes de que pudiera decir ni una palabra.
Sus amigos ya se estaban riendo de l.
Cap tulo dos
Me suspendieron. Qui n lo hubiera dicho? Dos segundos, un pu etazo y voil : dos semanas fuera.
Al principio vali la pena. De todas formas era el fin de clases, as que fue como tener dos semanas m s de vacaciones de verano. Mi semana de castigo en casa pas como un suspiro; se supon a que ser an dos, pero mis padres se aburrieron y dejaron de confirmar d nde estaba todo el tiempo. Despu s de eso, casi todas las ma anas tomaba mis cuadernos de dibujo y me iba a sentar al parque bajo el sol: dibujaba a los chicos que les daban de comer a las palomas o a una pareja de ancianos que ven a todos los d as a sentarse en la misma banca.
Mel me mantuvo al tanto de lo que pasaba en la escuela, de chismes como el enredo de una semana y la veloz ruptura de la Chica Tonta y el Cabeza de Chorlito. La noticia del rompimiento me tuvo feliz por casi un mes.
Entonces, a fines de agosto, todo se derrumb . La directora de la escuela les dijo a mis padres que tal vez me ir a mejor en un ambiente distinto. As lo dec an todos una y otra vez: un ambiente distinto , como si me estuvieran cambiando de jaula en el zool gico. Mi nueva escuela ser a la Secundaria Superior Dogwood, en East Vancouver. Era m s peque a (con s lo cuatrocientos alumnos) y se supon a que ofrec a m s apoyo a los estudiantes. Al final result que lo del apoyo era como decir que era una escuela en fase anal . Antes de que empezaran las clases, tuve que ir un d a completo a hacer ex menes y la semana siguiente nos citaron a mis padres y a m .
-Estamos llegando tarde -dijo mi madre con voz tensa mientras abr amos de golpe las puertas dobles de la escuela. Mam bien podr a haber pasado por la nueva directora de la asociaci n de padres. Llevaba el cabello rubio (cortes a de Clairol) peinado en un complicado mo o en lo alto de la cabeza. Es agente inmobiliaria y pap dice que la gente le compra casas por puro susto. Tal vez sea cierto. Alguien olvid decirle que hace dos d cadas que la sombra de ojos turquesa ya no est de moda.
-S lo por diez minutos -dijo mi pap con calma mientras bamos en fila hacia la oficina-. No pueden empezar sin nosotros.
Pocos minutos despu s, ya est bamos sentados en unas sillas de tela gris en la sala de juntas. El director y la mujer que me puso los ex menes, quien result ser la coordinadora del rea de problemas de aprendizaje del distrito escolar, estaban sentados al otro lado de la mesa.
La Sra. Examen se aclar la garganta.
-Le mos el expediente de Caz y nos preocupa un poco su desempe o acad mico.
Mam casi no la dej terminar la frase.
-Le aseguro que el incidente con ese chico fue un problema aislado -dijo-. Caz ya ha sido castigada con severidad en casa.
Me encanta c mo creen los padres que el encierro en casa es un castigo severo. Como si ver telenovelas y almorzar palomitas de ma z fuera doloroso.
La Sra. Examen esper a que mi mam terminara de hablar.
-La violencia es s lo una de nuestras preocupaciones. Algunos de los ex menes que hizo Caz a principios de esta semana muestran que tiene un leve problema de aprendizaje.
-Por supuesto que no -dijo mam . Pap se qued mudo.
-Se llama dislexia -sigui la Sra. Examen, como si mam no hubiera dicho nada-. Sin duda habr n o do de eso. La dislexia es un problema cong nito y de desarrollo, con causas gen ticas y ambientales.
Yo no ten a idea de a qu se refer a y me daba cuenta de que mam tampoco entend a nada.
-Eso es rid culo -dijo.
-Los s ntomas incluyen una deficiente capacidad de lectura, problemas de escritura y de ortograf a -dijo la Sra. Examen-, as como algunas difi-cultades con las matem ticas.
Fue entonces cuando mam sali de la sala. Se levant con un bufido y se fue. Mir a pap para ver si deb a hacer lo mismo. Él no se movi , as que me qued . Despu s de un momento, pap volte a verme.
- Piensas que podr as tener eso? -me pregunt .
Me encog de hombros.
-Soy un desastre en Literatura. Eso cuenta?
La Sra. Examen asinti .
-Sin duda. Sr. Hallard, la dislexia de Caz no es grave. Lo que quisi ramos sugerir es que la coloquen en nuestro programa de lectura de recuperaci n. Pasar una parte de cada ma ana con un grupo peque o de alumnos y recibir atenci n personal de nuestra maestra de apoyo para el aprendizaje. El resto del d a puede tomar las clases regulares.
Pap accedi a todo, como hace siempre, y yo dej de o rlos. Era curable la dislexia? No quise preguntar.
Cuando salimos, mam estaba hecha una furia.
-No puedo creer que te hayas quedado y que dejaras que esa mujer te hablara de esa manera -grit cuando pap se subi al auto.
-S lo est tratando de ayudar -dijo pap .
Mam lo remed con una voz aguda.
- S lo est tratando de ayudar . Bueno, pues la Sra. Bonachona puede callarse la boca. Caz no es est pida. Espero que se lo hayas dicho!
-Le dije que haremos lo que sea necesario para ayudar a Caz a mejorar -dijo pap . Pens que era muy amable de su parte, pero yo no ten a esperanzas de mejorar.
-Eres un completo pusil nime -rugi mam . A m no me dijo nada-. Lo m s probable es que con s lo verte hayan pensado imb cil . Pueden poner a tu hija en el grupo de retrasados mentales que quieran y t no dices nada.
Me sumerg en el asiento trasero e hice como que no estaba ah .

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