Las cartas de las brujas
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Description

* Siempre ubicadas entre el mito y la realidad, y vistas ora como seres benéficos, ora como criaturas malvadas ligadas a negativas fuerzas ocultas, las brujas son tan antiguas como la historia del ser humano, y pertenecen indisolublemente a su cultura y a su imaginario.
* Los poderes para dominar las fuerzas de la naturaleza, la capacidad para descifrar los secretos del pasado y del futu-ro, el control de las energías ocultas... no parecen poner lími-te a las posibilidades de estas criaturas, tan fascinantes como misteriosas, celosas guardianas de una sabiduría sin edad.
* Inspirada en su mundo, plagado de símbolos, y fruto de un esmerado trabajo de búsqueda, es la refinada baraja de cartas que acompaña a este libro, para consultar y obtener respuestas a preguntas, solucionar dudas y tensiones y propiciar la buena suerte entrando en sintonía con las energías del universo.
Isa Donelli, periodista y escritora, con una veintena de años de actividad en el campo de los estudios iniciáticos, es experta en tarot y ha realizado diversas exposiciones sobre símbolos esotéricos. En Editorial De Vecchi ha publicado también El tarot de los gitanos.

Sujets

Informations

Publié par
Date de parution 25 avril 2016
Nombre de lectures 0
EAN13 9781683250616
Langue Español

Informations légales : prix de location à la page 0,0200€. Cette information est donnée uniquement à titre indicatif conformément à la législation en vigueur.

Exrait

Isa Donelli



las cartas de las
B rujas
A pesar de haber puesto el máximo cuidado en la redacción de esta obra, el autor o el editor no pueden en modo alguno responsabilizarse por las informaciones (fórmulas, recetas, técnicas, etc.) vertidas en el texto. Se aconseja, en el caso de problemas específicos —a menudo únicos— de cada lector en particular, que se consulte con una persona cualificada para obtener las informaciones más completas, más exactas y lo más actualizadas posible. EDITORIAL DE VECCHI, S. A. U.

Traducción de M. F. Vega
Diseño gráfico de la cubierta de Design 3.
Las cartas han sido dibujadas por Michela Ameli.

© Editorial De Vecchi, S. A. 2016
© [2016] Confidential Concepts International Ltd., Ireland
Subsidiary company of Confidential Concepts Inc, USA
ISBN: 978-1-68325-061-6

El Código Penal vigente dispone: «Será castigado con la pena de prisión de seis meses a dos años o de multa de seis a veinticuatro meses quien, con ánimo de lucro y en perjuicio de tercero, reproduzca, plagie, distribuya o comunique públicamente, en todo o en parte, una obra literaria, artística o científica, o su transformación, interpretación o ejecución artística fijada en cualquier tipo de soporte o comunicada a través de cualquier medio, sin la autorización de los titulares de los correspondientes derechos de propiedad intelectual o de sus cesionarios. La misma pena se impondrá a quien intencionadamente importe, exporte o almacene ejemplares de dichas obras o producciones o ejecuciones sin la referida autorización». (Artículo 270)
Índice


INTRODUCCIÓN
LAS BRUJAS EN LA ANTIGÜEDAD
LA MAGIA Y LO SOBRENATURAL
EL RETRATO DE LA BRUJA
EL NOMBRE
LAS TRANSFORMACIONES EN ANIMALES Y LA SOCIEDAD DE DIANA
EL CANON EPISCOPI Y EL MITO DE DIANA
LAS HADAS Y LAS BRUJAS EN LOS PAÍSES NÓRDICOS
LAS BRUJAS EN LA EDAD MEDIA Y EN LA EDAD MODERNA
MAGIA Y BRUJERÍA
EL CRISTIANISMO Y LA CONDENA DEL PAGANISMO
EL DECRETO SOBRE LAS PRÁCTICAS MÁGICAS
EL CHIVO EXPIATORIO: BRUJAS Y HEREJES
EL MALLEUS MALEFICARUM
LA TORTURA
UNA BALANZA PARA LAS BRUJAS
LA HOGUERA Y LAS OTRAS PENAS
LA UNIÓN MUJER-MAL
¿POSESIONES O HISTERISMOS?
LA PROPAGANDA DEL EXORCISMO Y LA FIGURA DEL EXORCISTA
LA CAZA DE BRUJAS
LAS BRUJAS DE SALEM
EL SABBAT
EL VUELO MÁGICO Y LAS PLANTAS ALUCINÓGENAS
LAS CURANDERAS Y LOS UNGÜENTOS
LUGARES DE CELEBRACIÓN DEL SABBAT
EL BANQUETE CON SATANÁS
EL PACTO CON EL DIABLO Y LA INICIACIÓN
LAS ACTIVIDADES MÁGICAS DE LAS BRUJAS
CÓMO CONVERTIRSE EN BRUJA
LOS RITUALES PROPICIATORIOS
LAS PRÁCTICAS MÁGICAS
ANIMALES Y SERES FANTÁSTICOS
LAS PIEDRAS DE LOS ANIMALES
PIEDRAS Y GEMAS
PLANTAS, HIERBAS, FLORES Y RAÍCES
AMULETOS Y TALISMANES
LOS ESCAPULARIOS, SAQUITOS-TALISMANES
LA ADIVINACIÓN
LA BARAJA
REQUISITOS PARA ADIVINAR
EL ADIVINO
EL CONSULTANTE
LA CONSULTA
LA ADIVINACIÓN PARA UNO MISMO Y PARA OCASIONES ESPECIALES
LAS CARTAS
1 - Hierba mora
2 - Mandrágora
3 - Obsidiana
4 - Granate
5 - La Señora del Fuego
6 - Hierbaluisa
7 - Espino albar
8 - Rubí
9 - San Miguel
10 - Turquesa
11 - La Señora del Juego
12 - Turmalina verde
13 - Topacio
14 - Nudos
15 - Coral
16 - San Juan
17 - Esmeralda
18 - Malaquita
19 - Angélica
20 - Artemisa
21 - El Espíritu del Grano
22 - Lapislázuli
23 - El Espíritu Familiar
24 - Jaspe rojo
25 - Los mayos
26 - Ruda
27 - Brujas
28 - La señal
29 - La Señora de la Vida
30 - Ojo de tigre
31 - Albahaca
32 - Ajo
33 - Laurel
34 - Taumatúrgica
35 - Amuletos
36 - Apatita
37 - Todos los Santos
38 - Circón
39 - El círculo mágico
40 - Belladona
41 - Amatista
42 - La encina sagrada
43 - Zafiro
44 - La piedra de luna
45 - Aguamarina
46 - Cristal de roca
47 - Potentila
48 - Dulcamara
49 - Estramonio
50 - Cornalina
51 - Anís estrellado
52 - Ágata
LOS JUEGOS PARA ADIVINAR
JUEGO DE LAS ESTACIONES
JUEGO DEL VIAJE DURANTE LA LUNA NUEVA
JUEGO DE LAS SIETE CARTAS PARA EL PRESENTE, EL PASADO Y EL FUTURO
JUEGO DEL SÍ Y DEL NO
JUEGO PARA EL AMOR
JUEGO DE LAS TRES CARTAS
JUEGO PARA UN MES
JUEGO DEL CÍRCULO PARA EL AÑO NUEVO
JUEGO DE LAS DOCE CASAS DEL CIELO
JUEGO PARA LA SALUD
INTRODUCCIÓN


La brujería, al igual que la magia, pertenece a una cultura que se remonta a las épocas más lejanas; en todos los países del mundo, en el imaginario popular, está presente la brujería, que no conoce en sus leyes límites de tiempo o de espacio, y se muestra sorprendentemente viva en cada lugar y en cada época.
Este libro le mostrará un insólito panorama y, siguiendo un itinerario acompañado por un sutil hilo mágico, le conducirá al mundo de las brujas.
Consideradas maléficas durante las persecuciones religiosas, estas mujeres fueron en realidad verdaderas hadas benéficas, que dedicaron su extraordinario saber al bien del pueblo, del cual eran fieles consejeras, curanderas y depositarias de secretos. Igualmente, eran depositarias de los secretos de una tradición milenaria que se podía ejercitar y transmitir solamente si se poseían unas peculiares características, innatas o adquiridas.
Además de realizar un itinerario histórico y geográfico sobre la brujería, el libro describe las prácticas mágicas de las brujas, sus antiguas fórmulas para obtener pociones o medicamentos con hierbas, piedras y otras sustancias; los animales «testimonio» en su vida, así como los espíritus familiares, los espíritus adivinatorios y la asunción de poderes mediante la iniciación. Relata, además, los preparativos para dirigirse, mediante un vuelo nocturno, al lugar de la ceremonia —el aquelarre o sabbat—, ante la presencia del diablo, donde la bruja se convertía en «maestra de ceremonias», así como los ritos que marcaban los cambios de estación y que aún perviven en algunas tradiciones religiosas. No faltan los hechizos de protección para sus casas, frecuentadas por duendecillos y otros espíritus pertenecientes al mundo sobrenatural, guardianes del buen transcurrir de la vida cotidiana, así como la descripción de los materiales que utilizaban (plantas, hierbas, gemas, piedras, talismanes, amuletos, partes de animales, etc.).
Las 52 cartas de las brujas llevan nombres de piedras preciosas, plantas, flores, raíces, acontecimientos o símbolos estrechamente ligados a las prácticas mágicas.
Se puede preguntar a las cartas sobre los temas que siempre han preocupado al hombre, pertenecientes a la esfera emotiva, afectiva, profesional o práctica: la expectativa de que se produzca un acontecimiento, un presente enigmático, el futuro, la salud o la intervención de la buena suerte.
El libro proporciona, para todas las cartas, la descripción y la explicación simbólica del contenido de las extraordinarias ilustraciones en acuarela, así como los significados adivinatorios, tanto al derecho como al revés, para conseguir una comprensible y fácil interpretación. Algunos juegos, que incluyen ejemplos de cómo interpretar las cartas, resultarán de ayuda para la ejercitación práctica. Por otra parte, para un ágil aprendizaje de los significados y una fácil memorización de las combinaciones para la adivinación, cada carta está numerada e incluye, además del nombre, las palabras clave al derecho y al revés.
Un medio insólito, este de las brujas, para acercarse a la cartomancia, del cual se podrán extraer enseñanzas, consejos e indicaciones para emprender el camino del conocimiento y profundizar en el misterio que rodea al hombre y al universo.
LAS BRUJAS EN LA ANTIGÜEDAD


LA MAGIA Y LO SOBRENATURAL

La figura de la bruja está presente desde la Edad de Piedra, en los cultos a la diosa madre, aquellos ritos agrícolas que se practicaban en honor a la naturaleza, para aumentar la fertilidad de la tierra, que en un ciclo perpetuo concedía vida y muerte.
Para el hombre primitivo la tierra escondía bajo su superficie fuerzas misteriosas y desconocidas, dominadas por el Sol, fuente de energía y de vida, y por la Luna, señora de la noche, cuando la naturaleza se sumía en un profundo sueño, con el cambio de las estaciones.
El hombre primitivo no sabía cómo manejar lo sobrenatural: pensaba que debía actuar de un modo natural, sacando el máximo provecho de las fuerzas del universo. Después, esas fuerzas fueron consideradas objeto de la magia, el arte de dominar las fuerzas ocultas de la naturaleza, sometiéndolas al propio poder, para explotar su potencia en beneficio o maleficio de hombres, animales o cosas.
Las prácticas mágicas, por tanto, nacieron paralelas al pensamiento del hombre, y todos los pueblos, en su historia, en cualquier lugar de la Tierra, han tenido divinidades y demonios a los que adorar o venerar, así como profetas, magos, brujas, adivinos y santos, a los cuales se atribuían capacidades superiores por su antiguo conocimiento de prácticas, ritos, conjuros y ceremonias mágico-religiosas, además de la experiencia y la sabiduría en las preparaciones de mezclas de hierbas y piedras, decocciones, ungüentos, medicamentos y elixires.
Estas capacidades les garantizaban una relación directa y privilegiada con lo divino: se ponían en contacto con los demonios, con infinidad de seres fantásticos o pertenecientes al mundo animal, vegetal, mineral e, incluso, con los espíritus de los difuntos.
Muchas pinturas encontradas en cuevas pertenecientes al Paleolítico reflejan rituales que tenían finalidades mágicas.
En el Antiguo Testamento (I Samuel 28, 1-25), la maga de la ciudad de Endor, ante la insistente pregunta del rey Saúl, que la víspera de una batalla presentía graves problemas, invocó, con el ritual de la copa de agua (sistema parecido a la utilización de la bola de cristal), al espíritu del profeta Samuel, haciéndose antes garantizar la inmunidad, puesto que este rey había perseguido y expulsado del país a nigromantes y adivinos.
Encantamientos, sortilegios y artes adivinatorias fueron dominantes entre asirios, egipcios, fenicios y griegos; algunos papiros mágicos del siglo II a. de C. dedicados a Isis —la diosa suprema de Egipto, arquetipo de la brujería de todas las épocas, adorada en Oriente Medio, en Grecia y en toda la cuenca mediterránea— contienen la receta para diagnosticar el mal de ojo, con aceite y agua, que todavía utilizan los practicantes de las artes mágicas.
Muchos restos arqueológicos romanos evidencian que los medios más utilizados para hacer magia, sobre todo negra, fueron una especie de tablillas de plomo, en las cuales se grababan las intenciones del sortilegio con el que se quería castigar a la víctima. Estas tablillas, acompañadas de frases rituales mágicas y de pequeños objetos o figuritas con agujas clavadas, se enterraban casi siempre en tumbas o en los alrededores de los cementerios.

EL RETRATO DE LA BRUJA

La interpretación del retrato de la bruja siempre ha sido contradictoria y variada, a menudo entre el mito y la realidad: encantadora, bellísima y hechicera, como las magas por antonomasia Circe y Medea; la terrible ninfa Egeria, de grandes poderes ocultos, consagrada a desenfrenados rituales eróticos; vieja, fea y malvada, de aspecto pavoroso, maléfica y capaz de cambiar de apariencia, como las lamias, raptoras de niños y devoradoras de hombres, e incluso Lilith, el demonio-vampiro de la tradición hebraica.
Estos seres, considerados de naturaleza extremadamente pérfida, experimentaban su mayor placer causando el mal, en todos los lugares y a cualquiera, y eran ayudados en sus prácticas maléficas por poderosos demonios.
En la Edad Media, las mujeres depositarias de la antigua sabiduría, sanadoras y curanderas, que aliviaban las penas morales y físicas del pueblo, fueron vistas bajo un prisma injusto y encuadradas en el marco de las impúdicas figuras de la noche antes descritas. Así, fueron consideradas brujas maléficas, mujeres pérfidas y malvadas, cómplices, súcubos y amantes de Satanás, capaces de cualquier infamia o delito.
Según la superstición, las brujas fueron de esta manera asociadas a las criaturas demoniacas: maléficas y capaces de provocar alteraciones meteorológicas, epidemias y penurias; con poderes para cambiar de aspecto continuamente, para transformarse y transformar a los demás en animales monstruosos, y para realizar vuelos nocturnos asumiendo la forma de un ave rapaz o un murciélago, para introducirse en las casas y matar a los recién nacidos con el fin de chuparles la sangre.

EL NOMBRE

La primera referencia que se conoce para denominar a las brujas fue el término latino strix , que se halla en una cita que describe a los búhos-vampiros del poeta Propercio, que vivió entre los años 60 y 20 a. de C. en Roma. El plural, striges , hacía referencia a los mochuelos, pájaros nocturnos que, al cantar, emitían un sonido pavoroso.
El poeta Ovidio (Sulmona, 43 a. de C. - 18 d. de C.), en su obra Fastos, realiza una elocuente interpretación: «Allí hay unos voraces pájaros [...] con la cabeza grande, los ojos fijos y el pico rapaz, y con blancas plumas [...]. Se dice que con el pico arrancan las vísceras a los lactantes, y se llenan el buche con la sangre chupada. Y se llaman striges [...]. O bien nacen pájaros o se convierten en estos por encanto, o bien el llanto de los marsis convierte en aves a las viejas» ( Fastos , 6, 133-142).
Los marsis son el pueblo de una región de la Italia central que aún hoy se llama Marsica, ubicada junto a Etruria (la Toscana moderna), el lugar de origen de las brujas; su «patria» se situaba en la zona comprendida entre Tesalia y Tracia.
Las brujas, por la noche, se transformaban en murciélagos (el único mamífero capaz de volar) y buscaban las habitaciones a las que dirigirse para dar de mamar a los niños recién nacidos y envenenarlos.
El término español bruja no tiene, por tanto, procedencia latina, y se cree que su origen puede estar en el mundo prerromano.

LAS TRANSFORMACIONES EN ANIMALES Y LA SOCIEDAD DE DIANA

Desde la Antigüedad, se atribuye a las brujas el poder de transformarse en animales o en otros seres, en virtud de sus artes mágicas.
Entre los diversos cultos paganos, legados a la sociedad de Diana, se encuentra el de la ninfa Egeria, divinidad de las fuentes, famosa maga y profetisa que se presentaba a las citas nocturnas asumiendo la forma de una cabra ( hexe es el término alemán que significa «bruja» y procede del griego aix , que tiene el significado de «cabra»).
Parece que incluso las bacantes, seguidoras del dios Baco, se cubrían de pieles de cabra, se disfrazaban con cabezas similares a venados y carneros y, después de beber en abundancia, se abandonaban a desenfrenadas danzas lascivas y eróticas.
Los disfraces y las máscaras que a menudo acompañaban las representaciones rituales instauraron firmemente en el imaginario popular la convicción de que las brujas, con sus prácticas y con la estrecha complicidad de los demonios, llegaban a asumir verdaderamente la apariencia de animales, gatos, perros, pájaros, monstruos y demás.

EL CANON EPISCOPI Y EL MITO DE DIANA

Entre los cultos paganos que sobrevivieron durante la Edad Media, el que tuvo una mayor importancia y difusión fue el de Diana. Ella representaba y encarnaba a la diosa de la magia, Hécate, diosa de la noche, evocadora de fantasmas y espectros, suma maestra de brujería. Invocada por todos los magos para los sortilegios y adorada con misteriosos cultos a menudo crueles, aparecía en la noche sosteniendo antorchas encendidas y acompañada de lobos, yeguas y perros.
El Canon episcopi, un documento que precedía en algunos siglos al Malleus maleficarum (o «Martillo de las brujas», de 1486, el tratado antibrujería más conocido), escrito en el siglo IX por el benedictino Reginone di Prüm, contenía una serie de preguntas que los ministros de la Iglesia debían hacer a los penitentes durante la confesión. Una en particular se refería al hecho de cabalgar, algunas noches, sobre animales, para dirigirse volando, en cortejo, a la fiesta en honor a la diosa Diana: «¿Has creído o has participado en esa superstición de la que son víctimas algunas mujeres perversas, seguidoras de Satanás y engañadas por ilusiones diabólicas? Ellas pretenden y declaran cabalgar a lomos de ciertos animales en las horas de la noche más profunda, junto con otras muchas mujeres y con la diosa pagana Diana, y recorrer con el favor del silencio espacios inmensos, y obedecer a las órdenes de la diosa como su señora, y estar a su servicio en determinadas noches».
Documentos procedentes de procesos de brujería, de finales de 1300, incluyen confesiones de las sospechosas, que contaban que eran llevadas, la noche entre el jueves y el viernes de cada semana, a reuniones de la «Señora Oriente», llamada también Diana. En esas reuniones (sabbat) veían muchos animales que durante el banquete eran sacrificados, cocinados y comidos; sus huesos se colocaban luego en su propia piel, y los animales volvían a la vida gracias a un toque de la varita mágica de la Señora Oriente. Ella enseñaba a los adeptos las artes mágicas, el uso de las hierbas y sus propiedades, y cómo anular maleficios. Luego, junto con los demás participantes, emprendía el vuelo, siempre por la noche, dirigiéndose a visitar las casas de los ricos, donde se detenía a comer y a beber los restos de la cena.
Si las casas estaban limpias, Oriente-Diana las bendecía para la buena marcha de la familia y de los negocios de la casa.

LAS HADAS Y LAS BRUJAS EN LOS PAÍSES NÓRDICOS

Los diferentes cultos paganos descritos hasta ahora no difieren mucho de las creencias sobre hadas en Francia y en los países nórdicos, donde la mítica Holda, joven hada bellísima, protegía a las hilanderas (oficio siempre atribuido a las brujas), a las mujeres, a las madres de familia y a sus casas; asistía los partos, curaba las enfermedades de niños, hombres y animales, y propiciaba que se consiguieran buenas cosechas.
Sin embargo, con el paso de los años, la bella hada Holda comenzó a aparecer de cuando en cuando bajo la forma de una vieja hechicera, síntoma de un oscuro presagio de los acontecimientos futuros que, impulsados por el avance de la nueva religión cristiana, habían transformado su imagen de criatura de gran belleza y bondad en la horrible mujer maléfica de impúdico aspecto de bruja.
Las creencias, los cultos y las tradiciones populares, así como también la sociedad de Diana, fueron considerados paganos, y por ello desterrados y condenados por la Iglesia, que identificaba las divinidades de los cultos no cristianos con Satanás. Como consecuencia de esto los demonizó, transformando a sus adeptos en seguidores del diablo, capaces de las peores infamias.
LAS BRUJAS EN LA EDAD MEDIA Y EN LA EDAD MODERNA


MAGIA Y BRUJERÍA

Los términos brujería y magia evocan imágenes misteriosas, fórmulas incomprensibles, prácticas secretas y miedo atávico, pero al mismo tiempo fascinan, suscitan la curiosidad por conocer ese mundo desconocido, lleno de misterio y guardián de secretos inescrutables; confirman la eterna necesidad del hombre de comunicarse con lo divino, en todos los lugares de la Tierra, sin límites de espacio ni de tiempo.
En general, se entiende por brujería el conjunto de artes mágicas o prácticas dirigidas a dominar las fuerzas ocultas de la naturaleza, con el fin de conducir los acontecimientos según una voluntad o un deseo individuales. Para el cristianismo, practicar la magia significaba tener unas relaciones privilegiadas con demonios, espectros, espíritus de difuntos y otras entidades invisibles, pasando por encima de Dios y evocando a seres imperfectos que Cristo había sometido a su dominio.
Hay que matizar, por otra parte, la diferencia entre brujería y magia: esta última era un privilegio reservado a los hombres, los magos, que en el curso de la historia no sufrieron la persecución a la que se sometió durante siglos a las brujas. Al contrario, los magos fueron considerados y apreciados por los gobernantes y por el clero, que se aprovechaban habitualmente de las prácticas adivinatorias y de los sortilegios para obtener respuestas sobre su destino o el de sus adversarios, para así anticiparse, atacarlos y golpearlos con la ayuda de las fuerzas ocultas. Se beneficiaban también de los cuidados, las intervenciones especiales y los rituales de curación en caso de enfermedad. La magia, además, aunque difería muy poco de la brujería en cuanto a prácticas mágicas (preparación de filtros, ungüentos, pociones, utilización de hierbas, rituales, fórmulas invocatorias, etc.), estaba reservada a la alta sociedad, poseedora del poder religioso, la riqueza, la nobleza y la cultura. La brujería, privilegio mujeril bastante difundido, era, en cambio, muy popular entre las clases sociales más pobres, en valles y montañas perdidos, en el campo y en los bajos fondos de las ciudades, donde la mujer ostentaba siempre un papel relevante, gobernando y resolviendo —tanto en el ámbito social como en el doméstico y familiar— cada problema, desde el más simple hasta el más extraordinario.
Tomás de Aquino, teólogo y filósofo italiano (Roccasecca, Frosinone, 1225 - Fossanova, Latina, 1274), fue el primero en afirmar dogmáticamente la existencia de la brujería, sustrayéndola del mundo pagano y situándola en el estrato cristiano que, al no estar todavía preparado para entenderla, no lograba aceptarla.

EL CRISTIANISMO Y LA CONDENA DEL PAGANISMO

A comienzos del primer milenio, las conquistas romanas de las regiones que se encontraban en el Mediterráneo oriental permitieron acceder a ritos religiosos nunca antes conocidos: las procesiones en honor a Isis, el culto a Cibeles, los rituales iniciáticos de Mitra/Sol, las ceremonias orgiásticas de Dionisio, las bacanales en honor a Baco, etc. Estos cultos importados de Oriente llegaron a tener validez religiosa y fueron considerados ritos misteriosos que había que celebrar en secreto, con reuniones nocturnas, en lugares ocultos y reservados, como las catacumbas, las cuevas o, en definitiva, lugares muy aislados de los centros habitados.
El cristianismo, que también absorbió y mezcló muchos ritos de los antiguos cultos del judaísmo, persiguió las religiones mágicas en Europa hasta extinguirlas. En un principio, los ritos antiguos, disimulados bajo la máscara de una aparente cristiandad, entraron a formar parte de la religiosidad popular, pero durante la Edad Media los distintos cultos de impronta pagana que habían permanecido en las tradiciones de las poblaciones de los centros rurales —por ejemplo, las peleas nocturnas, los ritos de la fertilidad o las ceremonias del cambio de las estaciones— fueron desterrados, porque se consideraban fiestas y manifestaciones demoniacas y sacrílegas, que había que reprimir junto con las herejías.
La condena del paganismo por parte de la Iglesia suprimió así, además de a las antiguas divinidades, los ritos estacionales que conservaban la fisonomía de los antiguos cultos agrarios, como las saturnales, las lupercales y Halloween. En cambio, otros ritos, como las fiestas equinocciales y solsticiales, entraron a formar parte de los nuevos ceremoniales cristianos, adoptando nombres diversos, como Pascua, San Juan, Todos los Santos y Navidad.
A pesar de la difusión del cristianismo, ahora ya dominante, el sentido religioso de las gentes que vivían lejos de los centros urbanos y de la civilización conservó la esencia pagana: continuaron creyendo y confiando plenamente en los poderes y en la existencia de seres sobrenaturales buenos y malvados, monstruosos o no, que poblaban los bosques, el agua, el aire o las casas.

EL DECRETO SOBRE LAS PRÁCTICAS MÁGICAS

La magia y la brujería han inspirado, desde los tiempos más lejanos, reacciones y sentimientos contradictorios, de temor y de respeto, según el periodo histórico.
Aunque el cristianismo combatió toda forma de magia, el pueblo conservó algunas tradiciones mágicas, camufladas como ceremoniales cristianos, pero de esencia pagana, como por ejemplo las fechas establecidas para los ritos de recolección de las plantas, la preparación a ciertas horas de la noche de pociones, decocciones y medicamentos, la adivinación mediante señales y sueños premonitorios, la superstición con ataduras, hechizos, mal de ojo, contrahechizos, magia homeopática o de traslación. Los emperadores cristianos, desde el siglo IV, amenazaron con castigos muy severos a quienes practicaban la magia, mientras que la Iglesia invitaba a sus ministros a la prudencia en los casos sospechosos y a la tolerancia en los casos dudosos, pero recomendaba la clemencia para los acusados confesos, que se podían «salvar».
Es interesante un fragmento del Canon episcopi que muestra la preocupación por la posible difusión de cultos y ritos paganos por parte de las brujas: «Hay algunas mujeres depravadas que adoran a Satanás y se han dejado engañar por ilusiones y seducciones diabólicas. Creen y afirman que cabalgan por la noche sobre algunas bestias siguiendo a Diana, diosa de los paganos y de una gran multitud de mujeres; que atraviesan grandes extensiones de tierra en el silencio de la noche, que obedecen sus órdenes y que algunas noches son llamadas a su servicio. Pero ojalá solamente ellas perecieran en su falsa creencia y no arrastraran a muchas otras en la perdición de las almas. Muchísimas, efectivamente, se han dejado ilusionar por estos engaños y piensan que todo esto es verdad, y se alejan de tal manera de la verdadera fe y caen de tal forma en los errores de los paganos que creen que hay otros dioses o divinidades, más allá del Dios único».

EL CHIVO EXPIATORIO: BRUJAS Y HEREJES

La figura de la bruja, muy popular en la sociedad medieval de Occidente, emerge particularmente con la difusión simultánea de los grandes movimientos heréticos, que llevaban con ellos una amenaza inquietante y temible para la Iglesia, que adoptó una actitud de intolerancia extrema, decretando la persecución y la represión.
Se consideraba herejía toda opinión o doctrina distinta a la fe ortodoxa, por lo que, al ser contraria a la Iglesia, era condenada por esta. A pesar de que el delito de herejía era distinto al de brujería, el clero consideraba que había un fuerte lazo de unión entre los dos fenómenos: la relación con los demonios, los cuales, al conocer bien la naturaleza del hombre, engañaban a los herejes, confundiéndolos con dudas anticristianas, e ilusionaban a las brujas y hechiceras con la ilusión de los poderes mágicos.
A partir de mediados del siglo XIII comenzó la caza de brujas, mujeres acusadas de haber hecho un pacto con Satanás y de llevar a cabo maleficios monstruosos con daños para la humanidad, además de coaligarse en congregaciones secretas con el fin de conspirar contra la Iglesia y el poder constituido. Poco a poco, la caza se hizo cada vez más encarnizada, y en el año 1224 Federico II de Suabia, para castigar los delitos de herejía, que ya amenazaban gravemente la supremacía del clero, reintrodujo oficialmente la condena a la hoguera, que había sido abolida en tiempos de los emperadores cristianos. Esta condena se basaba en la creencia de que el fuego constituía el sufrimiento final de los pecadores tras la muerte, por lo que las llamas representaban un elemento purificador.
Tras la sangrienta cruzada antiherética en Francia, que traspasó fronteras y masacró a los albigenses (Provenza y Languedoc), el papa Inocencio III confió a la congregación de los dominicos la dirección del tribunal de la Inquisición. Simultáneamente aparecieron los primeros manuales de uso de los propios tribunales, que pudieron equiparar oficialmente las brujas a los herejes y perseguirlas entonces con medios más «legales», indagando minuciosamente en sus «delitos». Los sucesos trágicos acaecidos en este periodo, desde los desórdenes atmosféricos hasta el azote de la «muerte negra» (la peste sacudió Europa con violentas epidemias desde el año 1347 hasta el 1650), desde las restantes epidemias hasta las enfermedades de los animales, eran atribuidos a brujas y herejes, lo que ocasionaba persecuciones en masa. El detonante que hizo explotar al clero fue un conjunto de hechos escandalosos sucedidos entre los años 1300 y 1320: diversos exponentes del clero y personajes de la alta clase social, sin excluir a la nobleza, estaban entregados a prácticas de brujería y superstición.
Tras la repetición de estos hechos y la propagación de estas noticias, en 1326 el papa Juan XXII, con la bula Super illius specula , emitió un comunicado contra las prácticas de brujería, que debían ser consideradas como delitos de herejía, y autorizó a los inquisidores a aplicar contra los practicantes de artes mágicas los mismos sistemas que se utilizaban contra los herejes.
La aplicación de estos sistemas no se efectuó inmediatamente, pero desde ese momento herejía y brujería, hermanadas como delitos, fueron objeto de las persecuciones más despiadadas y crueles de la historia.

EL MALLEUS MALEFICARUM

La bula papal de Inocencio IV, Summis desiderantes affectibus , de 1484, verificó la realidad de la brujería y oficializó su persecución. En el año 1486, con la publicación del Malleus maleficarum (Martillo de las brujas), a cargo de los dominicanos H. Institor y J. Sprenger, se comenzaron a aplicar a la brujería las mismas crueles normas utilizadas en la lucha contra los herejes. En el año 1542, estas normas se vieron aún reforzadas tras la fundación de la Congregación de la Romana y Universal Inquisición, llamada Santo Oficio.
Las guerras de religión hicieron que la caza de brujas se extendiera por toda Europa: católicos y protestantes, acusándose los unos a los otros de delitos de brujería, llevaron a la hoguera a cientos de miles de personas, sobre todo mujeres y hebreos, que, junto con las brujas, representaban el chivo expiatorio de los males que sufría la sociedad.
Una voz que en el ambiente religioso discrepó de la opinión común imperante fue la del jesuita alemán Fredrich von Spee, durante quince años confesor de las brujas. En 1631 publicó el texto Cautio Criminalis , en el que denunciaba el perverso sistema judicial, sosteniendo la firme convicción de que las condenadas no eran culpables de brujería, sino que confesaban su culpabilidad porque eran sometidas a torturas. Las hogueras continuaron asesinando víctimas durante casi un siglo todavía, pero la obra de Von Spee tuvo una importancia fundamental en el futuro, ya que sentó la premisa para la revisión de los infames procederes de la Inquisición.

LA TORTURA

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