Los Jovenes en la Esperanza

Los Jovenes en la Esperanza

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Los Jóvenes en la Esperanza constituye el sexto tomo de las entrevistas que Yvonne Trubert concedió al Libro de Invitación a la Vida, revista de esta asociación epónima. A través de temas como la comunicación, los jóvenes, nuestras raíces terrestres, nuestros orígenes celestiales y la inteligencia, Yvonne Trubert nos invita a emprender el camino de la transformación interior.

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Ajouté le 01 juin 2012
Nombre de lectures 67
EAN13 9782296494633
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   Los Jóvenes en la Esperanza      
 
  
 
  
 
 
 
 
 
 
 
 
© LHarmattan, 2012 5-7, rue de lEcole-Polytechnique, 75005 Paris  http://www.librairieharmattan.com diffusion.harmattan@wanadoo.fr harmattan1@wanadoo.fr  ISBN : 978-2-296-57040-5 EAN: 9782296570405  
      
   
  
Yvonne Trubert  
Los Jóvenes en la Esperanza     Crónicas de una Invitación a la Vida  
 Tomo 6   
Prefacio de Caroline dIndy         
 
Dirección Editorial: Albertine Gentou  Traducción: Macarena Brun-Ferri  Grabadas entre 1984 y 1995 para El Libro de Invitación a la Vida, revista de la asociación epónima, estas crónicas han sido extraídas de las entrevistas realizadas por la Misión Escribir y por cuatro periodistas:  Marie Mignon Gardet, Marie d’Hennezel-Whitechurch, Marie-Hélène y Albertine Gentou.  Fotografía de la portada: © Catherine Brindeau  Fotografía de Yvonne Trubert: © Prisca Léonelli  Bibliografía  Invitados a Vivir , Colectivo, L’Harmattan, 2003, París.  Los cassettes, los CDs de Yvonne Trubert para escuchar:  • Conferencia en Assas (11/02/1984) «El hombre en búsqueda de sí mismo»  • Conferencia en Assas (13/11/1984) «El hombre en su plenitud »  • Conferencia pública en Ginebra (15/03/1985)  SITIOS INTERNET  www.yvonne-trubert.org www.ivi.fr www.invitation-a-la-vie.org www.invitacionalavida.org (en español) www.ivi-international.org (en inglés) www.invitationtolife.org.au (en australiano)   
  
Prefacio
« No existe amor más grande que dar la vida por aquellos a los que uno ama. » Juan, 15-13
 ¡Alcemos nuestros corazones!  Yvonne Trubert ha consagrado su vida a los demás transmitiendo el mensaje de amor de Cristo, legado en los Evangelios. Ella nos propone recorrer el camino de la fe, practicando la oración de los cristianos (el rosario) como camino de transformación interior. Invitándonos a reencontrarnos con nosotros mismos y con los demás, ella nos anima a la conversión, es decir, a que cambiemos nuestro estado de espíritu para que el amor y la alegría se conviertan en los signos externos de nuestra fe.  El camino de la fe, exige libertad. Para recorrer este difícil camino debemos despojarnos de todo aquello que nos estorbe, replanteándonos qué es lo que creemos ser y no somos. Todas las pruebas que atravesamos han sido hechas a nuestra medida. Debemos transformarlo todo para ser capaces de amar sin límites. La fe requiere abnegación y humildad, valores que nos acercan a los demás para servir mejor a Dios. La asociación Invitación a la Vida 1 , fundada por Yvonne Trubert, hace de la solidaridad su caballo de batalla y devuelve a la vida su carácter prioritario. ¡Abandera la                                                  1 Para descubrir Invitación a la Vida e IVI, leer los Anexos en la página 131   5
fe viva a la que me remito en este prefacio para expresar la admiración que siento por ella! A cada instante, nosotros somos los creadores de nuestra existencia en la que solamente un presente, liberado de nuestro pasado, puede crear un futuro maravilloso con unos caminos bien despejados. Todo es movimiento. Cada segundo podemos elegir si tomamos – o no – la mano de Dios, con plena confianza, para atravesar nuestras estancadas vidas. Esta confianza lo transforma todo y convierte nuestra árida existencia en un jardín florido. Si la felicidad está a nuestros pies, ¿por qué siempre creemos que se halla en otra parte? ¿Por qué necesitamos ver para creer si el misterio de la fe consiste en creer sin ver?  El mundo, ¡somos nosotros, vosotros, yo! ¡El mundo empieza por uno mismo! ¿Podemos seguir pensando, mientras esperamos de brazos cruzados, que el mundo va a venir hasta nosotros? ¿Acaso no deberíamos ser nosotros los que fuésemos al encuentro del mundo y divulgásemos a brazo partido el mensaje de esperanza de Cristo?  No dejemos que el mundo se quede cruzado de brazos, sin hacer nada, alcémoslos para que los jóvenes puedan creer en ese mensaje. ¡Ellos son nuestro futuro y nuestra única esperanza! La gran historia de la fe no pertenece de forma exclusiva a los « miembros más antiguos». ¡La fe pertenece a todos los jóvenes y a los niños! ¡Mañana, la juventud será lo que hoy hagamos de ella y nuestras alas les ayudarán a abrir su corazón! Con
 
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nuestro ejemplo, su deseo de tocar el cielo alcanzará la plenitud. Nuestros jóvenes son los pulmones del mundo de mañana pero nosotros debemos ser el carburante que les ayude a levantar el vuelo. Los frutos de su cosecha serán recolectados con el sudor de nuestra comunión. Entonces… Puesto que el mundo de mañana empieza hoy, manifestemos nuestro « SÍ en nombre de Dios » siguiendo el ejemplo de la Virgen María. Ese « SÍ » se halla a nuestros pies, en la humildad total y en cada uno de nuestros pasos, como si fuese nuestra sombra. Nos acompaña en silencio, con esperanza, nos rodea con sus brazos para que depositemos todo nuestro dolor al pie de la cruz. ¡Osemos! ¡Actuemos! ¡El mundo necesita nuestro perdón! Alumbrémonos con la luz de los jóvenes, mostrándoles el camino; ellos mantendrán nuestras lámparas encendidas y nos llevarán todavía más lejos. Caminemos todos juntos en la confianza para hacer de ellos, y de nosotros mismos, unos seres libres y plenos.      
 
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Caroline dIndy
 
Capítulo 1  La Comunicación
  Podemos preguntamos cómo podemos transmitir el Verbo de Dios en nuestro lenguaje, en nuestros escritos, en nuestros actos, para que cada hombre se enriquezca a sí mismo y también enriquezca a los demás. ¡Dios es  el Verbo! Y Cristo se hizo Verbo… Dios le envió entre los hombres en calidad de Verbo. Para Él, esto significa algo muy preciso: la palabra es por excelencia el don de Dios al hombre, ser superior en nuestro planeta Tierra ya que posee la inteligencia necesaria para poder crear, modificar, estructurar. Y Dios quiso que Cristo se hiciese hombre… Si Dios se hubiese manifestado desde el cielo o si hubiese venido entre los hombres, incluso adoptando una apariencia humana, Él nunca habría podido percibir los entresijos del sufrimiento de la humanidad. Así pues, Dios tuvo que encarnarse. Podemos comprender la envergadura del inmenso trabajo llevado a cabo por nosotros. Él no quiso que las escrituras diesen testimonio de su vida, de su obra, antes de su Resurrección… Encarnado, el Verbo quiso hablar a través de ese cuerpo humano. Él venía del Padre, Él quería decirnos lo que el Padre tenía que transmitirnos sin deformar en modo alguno las leyes cósmicas. Veamos la diferencia entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Mirad lo que pasó en el Monte Sinaí. Moisés estaba ahí. Todos los hombres que él había salvado se encontraban abajo de esa montaña. Y entonces, la soledad se le hizo muy pesada. Moisés se privó de comer y de beber para escuchar las palabras de Dios. Él quería que Dios se le manifestase, no en su propio beneficio, sino por el bien de los demás. Moisés había conducido a todos esos hombres hasta la tierra de Canaán pero, en verdad, él quería saber qué debía hacer a continuación. ¿A dónde tenía que dirigirse toda esa cohorte de hombres de la que él se había hecho
 
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cargo? En su inmensidad, Dios le hablaba… y Moisés, a causa del hambre y de la sed, tenía miedo de enloquecer. Él creía escuchar algunas palabras pero pensaba que las imaginaba, que éstas no eran más que una mera ilusión… Así pues, Dios se manifestó de otro modo: escribiendo en la piedra misma, separándola de la roca para que Moisés pudiese aportar la prueba que demostraba que Él se le había aparecido y que Moisés le había escuchado. He aquí que Moisés escuchó, pero seguía escéptico ante esa escucha. Entonces, Dios se manifestó a través del fuego, a través de unas zarzas ardientes, para hacerle comprender que Él era Señor de todas las cosas, de todos los lugares, a cada instante… Y Moisés descendió y volvió junto al gentío. Mil quinientos años después, Cristo vino entre nosotros. Nació en un establo, con una humildad y una aceptación totales. Más allá de esa humildad, de esa pobreza aparente, Dios quiso hacernos comprender que sus padres poseían riquezas. Ese pequeño ser al que llamaron Jesús, no era otro que el mismísimo Hijo de Dios. Jesús aceptó ser sacrificado. Nosotros conocemos el sufrimiento que tuvo que vivir. Conocemos a ese niño que creció entre los suyos pero que era muy distinto a los demás. Conocemos también ese episodio de su vida, a la edad de once años, cuando se fue a Jerusalén y anduvo perdido tres días. Ese Verbo hecho carne, sabía. Cristo conocía a la humanidad. Él también conocía los medios de comunicación. Él sabía hasta qué punto el hombre era capaz de deformar las cosas con el mental, mediante el análisis. La inteligencia humana siempre ha existido, desde hace miles de años. Dios sabía que esos hombres padecían el mismo dolor que nosotros padecemos hoy en día, las mismas divisiones entre hermanos, las mismas discordias entre las distintas tribus, las guerras internas. Debemos comprender el contexto en el que Cristo empezó a hablar a los hombres. Él no podía expresarse con un lenguaje pulido, clásico, ya que éstos no le habrían comprendido. Cristo tenía que hablar a toda la humanidad.
 
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