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Repertorio tradicional infantil de Cádiz texto, rito, gesto y símbolo

De
17 pages
El repertorio infantil de tradición oral recogido en
la provincia de Cádiz en los últimos veinte años
reúne un corpus frondoso de retahílas y canciones.
El trabajo propone, en una primera parte, una clasificación
del repertorio atendiendo a la organización
poética de los textos. En una segunda parte,
se intentan descifrar los ritos, motivos y símbolos
que pertenecieron al mundo folklórico adulto y
que –refugiándose en el grado cero de la transmisión
tradicional– han quedado confiscados por el
folklore infantil.
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ruiz, maría jesús
“Repertorio tradicional infantil de Repertorio tradicional infantil de
Cádiz: texto, rito, gesto y símbolo”, en
*Revista OCNOS nº 5, 2009, p. 69-86. Cádiz: texto, rito, gesto y símbolo
ISSN 1885-446X.
María Jesús Ruiz
Universidad de Cádiz
palaBras ClaVe: resumen: aBstraCt:
tradición oral infantil, retahílas, El repertorio infantil de tradición oral recogido en The repertoire of oral literary tradition for children
canciones, Cádiz (España) la provincia de Cádiz en los últimos veinte años collected in the province of Cadiz during the last
reúne un corpus frondoso de retahílas y canciones. twenty years gathers a complex corpus of nursery
El trabajo propone, en una primera parte, una cla- rhymes and songs. This article intends, on the one
sifcación del repertorio atendiendo a la organiza- hand, to propose a clasifcation of this repertoire
ción poética de los textos. En una segunda parte, concerning the poetic structure of these texts,
se intentan descifrar los ritos, motivos y símbolos and, on the other hand, to fnd out the rituals,
que pertenecieron al mundo folklórico adulto y motifs and symbols which belonged to the adult
KeyWords:
que –refugiándose en el grado cero de la transmi- folklore and which, attending to the zero degree
oral tradition, children literature,
sión tradicional– han quedado confscados por el of traditional transmission, have been absorbed by
nursery rhymes, songs, Cadiz (Spain)
folklore infantil. children folklore.
Las recolecciones de tradición oral de los transmisores adultos evidencian
la pervivencia hasta no hace mucho de que se han venido haciendo en la pro-
vincia de Cádiz en los últimos veinte una sociedad estructurada por hitos
años han ido arrojando un corpus de folklóricos: hay cantos de saloma para
retahílas y canciones infantiles cier- las faenas marineras, de gañanía y de
* Fecha de recepción: 18/11/2008 tamente enjundioso, cuya considera- arrieros para las del campo; innumera-
Fecha de aceptación: 19/01/2009 ción resulta inexcusable para valorar bles canciones amorosas ejecutadas en
la tradición romancística y lírica de la reuniones de mujeres, bien en torno a
* Una primera versión de este trabajo
1provincia . labores domésticas, bien como diverti-fue presentada como conferencia en
El cancionero lírico gaditano distri- mento en ratos de ocio; más canciones las III Jornadas de Literatura de Tra-
dición Oral organizadas por el CEP de buye su atención en tres ámbitos: el de amorosas articulando acontecimien-
Jerez (Cádiz) entre el 16 y el 19 de abril tos festivos concretos, primaverales o la canción laboral y festera de la comu-
de 2002, y celebradas en la Fundación
nidad adulta, el de la Navidad como rito veraniegos; otras muchas canciones, en
Caballero Bonald.
específcamente religioso, y el de los fn, burlescas, satíricas, jocosas, tren -
1 niños, considerados estos como par- zadas en la cotidianidad múltiple de las Sobre el ya catalogado romancero
gaditano, véase Ruiz Fernández (1990) ticulares re-creadores de la tradición. gentes de aquí. Algo similar ocurre con
y Atero (1996). Para algunas muestras Los dos primeros grupos constituyen el cancionero navideño, homogéneo en
representativas del cancionero lírico de
repertorios francamente ricos en su su orientación piadosa pero multicolor
la provincia de Cádiz: Ruiz Fernández,
diversidad. Los cientos de textos que en sus manifestaciones: recreaciones de 1991, 1995, 2000 y 2008; y Atero y
Ruiz Fernández, 1990. dan cuenta del quehacer lúdico y laboral la fgura de la Virgen, numerosas escenas relacionadas con el nacimiento del niño, La primera difcultad que entraña el
o con su infancia, o con el mundo de los repertorio aparece al intentar una cla- nº 5. 2009
pastores, canciones petitorias para el sifcación orientadora del mismo. Cada
aguinaldo navideño, etcétera. versión infantil es el resultado de un
Pero siendo estos repertorios tan des- compendio de incidencias que solo en 70bordantes, apenas sí resisten la compa- parte tienen que ver con lo textual, de
ración con la frondosidad del cancionero manera que el texto propiamente dicho
infantil. Lo atestiguan, antes que nada, es un elemento más, hasta el punto de
sus casi doscientos temas diferentes. quedar desprovisto de cualquier sentido
Los niños de Cádiz –como los del resto si en su análisis no tenemos en cuenta
de la comunidad panhispánica– han otros factores como el tipo de juego al que
tenido una canción, una retahíla, una se aplica, el gesto que lo acompaña o el
4salmodia, un trabalenguas, para dar ritmo con el que se actualiza . En conse-
intensidad a cada momento de su infan- cuencia, la propia naturaleza del reper-
cia, y de ello da buena cuenta este reper- torio hace inviable una clasifcación
torio, transmitido mayoritariamente temática, empleada convencionalmente
ahora por los que ya no son niños. y con resultados efectivos en otros secto-
Sabido es que los niños son partícipes res de la oralidad literaria. De hecho, tal
de la transmisión tradicional al menos criterio aplicado a este corpus produce,
en dos sentidos: como receptores, en un a veces, más una ruptura de vínculos
primer momento, de los textos que la entre textos emparentados que otra cosa.
madre emplea para canalizar su afecti- Las versiones de Diez perritos (nº 18),
vidad y, después, como re-creadores de por ejemplo, articuladas en el esquema
pleno derecho en la continua actividad numeral, tienen más que ver con el tema
lúdica que regula sus relaciones con de Las horas (nº 19) que con cualquier
otros niños. A la primera modalidad otro texto protagonizado por animales.
pertenecen textos de todos conocidos, Tampoco la clasifcación funcional
y recogidos en las encuestas con fre- arroja más luz sobre la poética de este
cuencia: por ejemplo, los que se centran cancionero. Determinar a qué juegos o
en contar o dar nombre a los dedos de entretenimientos se aplican y qué papel
la mano, o los que acompañan al acto cumplen en la comunicación poética de la
2 Traigo a colación dos repertorios muy materno de acariciar, balancear, vestir comunidad transmisora infantil resulta,
2 completos: el sefardí de Weich-Shahak o hacer cosquillas al niño . Aunque es en tal sentido, un criterio insufciente e
(2001), y el madrileño de Fraile Gil
evidente que caen dentro del reperto- incluso, en ciertos casos, confuso. Si el
(1994).
rio infantil, prescindiré de estos en el cancionero lírico adulto distribuye sus
3análisis, por dos razones: a) la obligada temas –e incluso los soportes estróf - Es verdad, por otra parte, que este
repertorio incluye, aunque de forma intervención de un adulto en el proceso cos– con más o menos nitidez según la
minoritaria, algunos romances. Me re-de transmisión de tales textos coloca a función a la que se aplican, los textos
feriré a ellos de manera ocasional, para
estos en una consideración gramatical infantiles, dotados de una poderosa
mejorar la comprensión de tal rito o
–poética– diferente; y b) el uso explíci- capacidad de desplazamiento, aparecen tal símbolo, pero tampoco los tengo en
tamente didáctico que se hace de muchos adscritos a las actividades más diver- cuenta para trazar el perfl textual del
cancionero infantil, al que –entiendo– de estos textos los distancia del uso espe- sas. Encontramos así que una serie de
debo caracterizar antes que nada como cífcamente lúdico que los niños asignan versiones que textualmente mantienen
parte de la lírica tradicional, distinta
a su propia actividad re-creadora. una gran uniformidad entre sí, se docu- al romancero en su confguración
Me centro, por tanto, en la conside- mentan, sin embargo, aplicadas a usos literaria.
ración de las canciones que los niños muy dispares: como canción de corro o
4 Sobre la naturaleza particular de las emplean en sus juegos, que aprenden de comba, como fórmula de sorteo, como
canciones infantiles, véase Cerrillo,
de manera espontánea en la conviven- trabalenguas, como invocación, como
2008, donde, con buen criterio, el au-
cia con otros niños, y que relegan al juego de pelota o de piedras, o de colum- tor defne este corpus como “canciones
3recuerdo una vez se han hecho adultos . pio, o como simple sonsonete verbal. escenifcadas”.En conclusión, parece que solo la forma (2001) aclara –por la comparación de este
de desenvolverse el texto, la estructura, tema con textos del Siglo de Oro y con nº 5. 2009
puede dar la clave de una ordenación versiones iconográfcas de los mismos–
comprensible, que permita acceder al que el personaje evocado de Pipirigaña
cómo organizan los transmisores niños es descendiente del Pez Pecigaña, una 71 su mundo poético. El primer criterio, fgura de comparsa carnavalesca empa -
pues, pasa por guiarse por la estructura rentada con otros peces festivos, como
y procedimientos textuales y, a partir la sardina y su entierro burlesco el
de ellos, determinar en la medida de lo miércoles de ceniza. Al mismo tiempo,
posible las funciones a las que cada parte la hazaña que se le atribuye al personaje
del repertorio se aplica. (matar una araña) se documenta como
Desde el punto de vista de la organi- chanza usual entre los siglos XVI y XVII,
zación textual, el cancionero infantil en comparaciones paródicas de escenas
gaditano admite una división básica caballerescas con ridículos percances
entre dos categorías: retahílas y can- cotidianos, escena que resulta inevitable
ciones. comparar con la que inicia la acción de un
Utilizo el término en el sentido que cuento folklórico de antigua raigambre:
Ana Pelegrín le asigna: “La retahíla es la el de El sastrecillo valiente, coronado como
poesía lúdica, de escasos o múltiples ele- príncipe tras la portentosa heroicidad
mentos; el decir poético de los niños, de de matar siete moscas de un golpe. En el
escasa comprensión lógica. La palabra mismo contexto del carnaval, la vieja que
acompaña al juego, convirtiéndose cierra muchas versiones, agazapada en
ella misma en juego, y es tratada como un rincón, fgura luctuosa en contraste
un juguete rítmico oral, dando paso a con la de Pipirigaña, remite sin duda a
libres asociaciones fónicas”. (1999: 219). una representación de Doña Cuaresma.
La retahíla, pues, no es adivinanza, ni Jardinera (nº 2), por su parte, es
canción lírica o narrativa, ni romance. emblemática de la segunda categoría,
Bajo tal denominación pueden agru- la de canciones. Sus versiones infor-
parse múltiples formas móviles, cam- man de la vocación infantil de ensayar
biantes de letras, cantarcillos, rimas, el mundo adulto. Este tema, como otros
juegos, dichos, fórmulas o patrañas, muchos, se adscribe a la escenifcación
invariablemente adaptadas a la escena primaria del ritual de elección de novia.
del juego, y componiendo un repertorio La aparición de la mujer-niña en estas
heterogéneo pero identifcable con otras condiciones la comparten la canción
ramas de la cultura popular europea: lírica y el romancero (Pelegrín, 1989),
las comptines francesas, las lengas lengas preñado también de fguras femeninas
5portuguesas o las flastrocche italianas . que viven el momento decisivo –a veces
Las muestras nº 1 y 2 son represen- trágico– de incorporarse al mundo
tativas de lo que acabamos de defnir adulto: sometidas al deseo incestuoso
como retahíla. Las versiones de Pipi- de sus padres (Delgadina), decididas
rigaña encierran todo el misterio de a asumir el deber de ir a la guerra (La
estas “pedacerías rimadas”. Son textos doncella guerrera), angustiadas por su
que evidencian el poder de la tradición forzosa reclusión en un convento (Monja
oral infantil para conservar bajo las a la fuerza), citándose en secreto con
siete llaves del sinsentido signifcados su primer amor (Las hijas de Merino), o
5 Ana Pelegrín ha defnido y explicado ancestrales que, sin saberlo nosotros, interrumpiendo la monotonía infantil
la naturaleza y la poética de la retahíla nos informan como individuos de una del bordado para caer en manos de un
en diversas publicaciones, afnando en
cultura determinada. En el estudio amante raptor (Santa Elena). Aquí, la
lo posible matices difíciles de explicar.
preliminar del Repertorio infantil sefardí mujer-niña hace su primera entrada en Véase principalmente 1999: 219-221;
2006; y 2008. (Weich-Shahak, 2001), Ana Pelegrín el “jardín del amor”, espacio erótico-amoroso que la aleja de la inocencia repeticiones. El recurso se hace notar
infantil y la coloca ante la crucial deci- especialmente en la adaptación de nº 5. 2009
sión de elegir pareja. ciertos temas romancísticos al contexto
El repertorio específco de las retahí - de los niños y convive sin conficto –pero
las es susceptible, en un segundo paso, de modo paradójico– con la tendencia 72de organizarse en dos modalidades tex- opuesta, la de la simplifcación del dis -
tuales: la de la retahíla-escena y la de la curso. Encontramos así que, en muchos
retahíla-cuento. casos, la aclimatación al juego de un
Como dejan ver las muestras nº 3, romance de la esfera adulta conlleva una
4, 5 y 6, la retahíla-escena suele tener reducción extrema de la narratividad y,
una extensión mínima, está dominada en todo caso, una omisión de detalles
por la expresión sincrética de una idea, o exornos que retarden el desarrollo
o a veces de un sonido, y revela en su del relato (Atero y Ruiz, 1989). Frente
confguración poética una supedita - a esto, en otras ocasiones el mismo
ción absoluta del texto al juego, hasta el desplazamiento desde una comunidad
punto de que la palabra parece intere- transmisora a otra implica lo contrario,
sar más por las posibilidades lúdicas de es decir, la ampliación de la narración
su fonética que por su signifcado sim - en series asociativas que agotan las
bólico. Las retahílas-escenas también posibilidades de evocación del texto.
se caracterizan por la aparición bre- Sucede con frecuencia, por ejemplo,
vísima y fugaz de personajes diversos en muchas versiones infantiles del
que no reciben ninguna cualifcación, romance de Dónde vas, Alfonso XII.
de manera que, a veces, quedan aso- Consideradas ahora globalmente, las
ciados a acciones que parecen absurdas retahílas informan sobre la diversa fun-
pensadas desde la lógica: pollitos a los cionalidad que el texto poético tradicional
que le pican las orejas, palomitas que adquiere en la comunidad transmisora
suben y bajan en una actividad falta infantil. La funcionalidad de los textos se
de sentido, una vieja que mata a un distribuye entre las retahílas empleadas
gato, una gallina perdida, un negrito en conjuros e invocaciones, dominadas por
que porta un farol, un San Pedro calvo el poder mágico de la palabra; las religiosas,
al que le pican los mosquitos, un San emparentadas con la iconografía cristiana
Juan “de la tripa rota”, Don Melitón, de corte popular; las de sorteo, muy nume-
un Miguel que pone la puerta al revés, rosas y adscritas a la costumbre infantil
etcétera. de jugar con el azar; las dialogadas, que
Por su parte, las retahílas-cuento desa- ponen en práctica una interlocución pri-
rrollan una de las tendencias más dife- maria; las de escenifcación, directamente
renciales de la poesía infantil de tradición implicadas en las relaciones entre texto y
oral: la acumulación, por repetición, de gesto del mundo poético de los niños; y las
elementos. Las retahílas-cuento son, así, de burlas y parodias, expresión carnavali-
los textos que dicen historias de nunca zada del mundo adulto y de alguno de sus
7acabar, a veces disparatadas y, en cual- mitos más intocables .
quier caso, articuladas en un esquema Las retahílas mágicas (conjuros e
enumerativo, encadenado o acumulativo. invocaciones) encierran en su formu-
Sirven de ejemplo las muestras nº 18 y 20. lación aparentemente absurda la con-
Es en esta estructura de las retahílas- fanza en el poder sobrenatural de la
cuento donde puede apreciarse con palabra, hoy descartado de nuestra coti-
mayor nitidez la puesta en práctica de dianidad, pero vivo en la percepción de
un recurso característico de la poética los niños. La brevísima Cura sana (nº 7), 7 Parto de la clasifcación propuesta
infantil: la ampliación de un núcleo por ejemplo, que sigue actuando como por Ana Pelegrín para su catálogo de
temático en una serie inacabable de bálsamo de las heridas infantiles, nos retahílas en Andalucía (1999: 220-221).trae el eco de viejas prácticas hechiceras. siones griegas, adscritos a la tradición
Documentada en prácticamente todos judía, se hacen explícitos como Mijael, nº 5. 2009
los rincones de la comunidad panhispá- Gabriel, Uriel y Rafael, los ángeles del
nica, demuestra –como comenta Fraile Apocalipsis. En cualquier caso, los per-
Gil (2001: 5-47)– su condición casi apá- sonajes protectores que mecánicamente 73 trida, actualizándose allá donde siente colocábamos en los cuatro vértices de
y sufre el hombre. Un caso similar es el nuestra cama infantil antes de cerrar
de la conocida Que llueva (nº 8), plegaria los ojos, parecen tener un primer fun-
de la que Susana Weich-Shahak (2001: damento –según recoge Fraile Gil (2001:
96-98) ha recogido versiones similares 17-18)– en la imagen de los cuatro guar-
entre los sefardíes de Grecia y Turquía. dianes que custodiaban la cama del rey
Comenta esta investigadora al respecto Salomón, y que describe el Cantar de los
que algunos de sus informantes, al Cantares.
recordarla, evocaban cómo el maestro El numeroso conjunto de las reta-
(el rabino), en tiempos de sequía, con- hílas de sorteo resulta especialmente
ducía a los niños de la escuela, en flas, idóneo para apreciar la convivencia, en
hasta el campo o hasta el cementerio, el repertorio de los niños, de los distin-
para allí decir la oración, y aseguraban tos niveles de la tradición, es decir, de
que, al regresar, venían ya empapados distintas generaciones (Pelegrín, 2001:
por la lluvia concedida. Una fe en el 47-48). Desde este punto de vista, este
candor infantil que al menos entre los grupo alterna una mayoría de textos de
propios niños se mantiene, si hacemos indudable incorporación tardía, como
caso a una informante gaditana de seis el de Dos conejos (del siglo XX, nº 12), con
años, que al cantarnos su versión nos otros cuya prolongada vida tradicional
explicaba que la usaba con los compañe- está atestiguada por su documentación
8ros del colegio “para que llueva cortito” . en textos del Siglo de Oro o por su pervi-
El grupo de retahílas religiosas está vencia en las comunidades más alejadas
representado por las muestras 4 y 5. de la diáspora sefardí; es el caso, por
Estos y otros temas actualizan también ejemplo, de Una dola (nº 13).
la capacidad del repertorio infantil para La estructura dialógica, y la propia
vincularse –desde el sinsentido de la función como diálogo, marca la dife-
fórmula lexicalizada– a símbolos de rencialidad de una pequeña parte del
nuestro primer sustrato cultural. Es corpus, en la que se incluyen, entre
evidente que los niños “dicen” un texto otros, los temas de La gallinita ciega,
del que aprecian la imagen lúdica de Dónde están las llaves, Quién se ha muerto
unas palomas que revolotean por el o Qué es ese ruidito (muestras 14, 15, 16,
aire; pero también es evidente, desde 17 y 24). La articulación del texto tradi-
nuestra comprensión adulta, que los cional en una alternancia de preguntas-
textos nos hablan de una representa- respuestas es propia, para algunos
ción folklorizada del Espíritu Santo y, autores, de conjuros y ensalmos. Quizá
más en concreto, de la iconografía del la función mágica se encuentre en
misterio de la Trinidad. Tal circuns- la primera fundamentación de estos
tancia se ratifca en muchas oracio - textos, pero en nuestra recolección
nes infantiles, como la de Las cuatro lo que de manera más palpable hemos
esquinitas, cuyos angelitos guardianes observado es que es en los temas dialoga-
aparecen como “malajimes” en la tradi- dos donde se hace más evidente la organi-
ción oral sefardí. Weich-Shahak (2001: zación poética binaria, inherente –según
8 Informes dictados por Mercedes Pal-
98-101) identifca los “angelitos” de la Bowra (1984)– a la expresión artística de
ma Ruiz, de 6 años de edad. Recogidos
tradición peninsular con los arcángeles, las sociedades primitivas. Desnudos los por María Jesús Ruiz el 8 de marzo de
2002. mientras que los “malajimes” de las ver- textos de la más mínima narratividad, exentos casi por completo de imágenes citamente a enumerar, a encadenar con
evocadoras inteligibles o no, se presen- cierta lógica series de alguna extensión, nº 5. 2009
tan como soportes mínimos y esenciales o a ejercitar la memoria por medio de la
de la comunicación. Con ellos los niños acumulación.
ensayan su dimensión social, se enfren- Personajes del ámbito de la religiosi- 74tan por primera vez al ejercicio crítico de dad popular como San Pedro, San Juan,
debatir, de encontrar respuesta a cada Santa Teresa o Santa Catalina, o perte-
pregunta. En una adaptación del debate necientes a nuestra mitología literaria,
a la comprensión infantil, la respuesta como Sancho Panza, protagonizan el
correcta es la rima correcta y, en conse- último grupo de retahílas-escena: las
cuencia, muchos textos devienen en un burlescas y paródicas. La mayoría de
juego exclusivamente fónico dominado las veces, el efecto jocoso se obtiene por
por la “verdad” de la asonancia, que des- el recurso de humanizar fguras que
carta de antemano cualquier signifcado gozan de una cierta sacralización en el
9“razonable” . mundo folklórico adulto; humaniza-
Un buen número de retahílas están ción que pasa, por ejemplo, por asignar
unifcadas por la intersección indispen - a tales personajes acciones que, por
sable del texto y el gesto. Temas como Los nimias y cotidianas, resultan ridículas
pollitos mi compare (nº 3), Recotín recotán (San Pedro, nº 23, o San Juan, nº 24),
(nº 11), Reloj reloj, Cómo planta usted las o incongruentes, pues se oponen a la
fores, El Juego Chirimbolo, Pase misí (nº confguración convencional del perso -
34) o La cojita (nº 22) pierden por com- naje (Sancho Panza, nº 26). La parodia
pleto su entidad si se les considera diso- de lo sagrado alcanza también a la
ciados de acciones diversas como saltar, oración (La señal de la cruz, nº 25) y, en
pegar, tocar, asustar, atrapar, esconder, ocasiones, tiene la capacidad de invertir
caerse o correr. Tal supeditación del el sentido de un mensaje trágico acriso-
texto al gesto induce a pensar, en un lado en otra parcela de la tradición oral.
primer momento, que es en estas ver- Es el caso de la muestra nº 27, Catalina,
siones donde el interés por la función hija del rey moro: ¿la misma Catalina
lúdica excluye cualquier otra intención. que en el romancero muere mártir por
Sin embargo, estas son las retahílas la crueldad e injusticia de su progeni-
más cercanas, por su funcionalidad, a tor? De ser la misma, la transmisión
la voluntad de enseñar-aprender que se infantil, por la vía de la burla, le ofrece
hace más palpable en el repertorio de una venganza: matar a su padre con un
canciones. De este modo, las retahílas cuchillito de pelar patatas.
de acción-escenifcación retoman el Por otra parte, algunas de estas reta-
cauce de los primeros juegos maternos, hílas evidencian relaciones con tipos
en lo que se refere al uso del texto como folklóricos criados en la sátira literaria
vía de conocimiento del cuerpo infantil. del Barroco, convertidos primero en
Ya en un estado semi-adulto, el niño iconos de una sociedad esperpéntica en
sustituye la salmodia de Los cinco lobitos manos de Quevedo y de otros poetas, e
que le ayudó a conocer sus dedos por instalados luego en la festiva vertiente del
estas otras, encaminadas a conocer sus romancero erótico-burlesco. Así, la vieja
manos, sus pies, sus brazos, y también de caducos impulsos sexuales, la mujer en
encargadas de discernir entre detrás exceso coqueta o el cornudo, se mantienen
y delante, o de contar, o de memorizar. aquí algo desvaídos de color, pero del todo
Desde este punto de vista, este grupo evocadores de esa manera de expresión
9 Para el uso particular de estas
de textos se emparentan –como si se poética. Un texto francamente interesante
estructuras dialogadas en el juego
tratara de un estado previo– con las en este sentido es el de El Tío Chiribita (nº del columpio, véase Ruiz, Fraile Gil y
retahílas-cuento, ya orientadas explí- 28). ¿Por qué mata a su mujer?, ¿y por qué Weich-Shahak, 2008: 71-109.la somete al último escarnio de expo- dos grandes tipos: las pluritemáticas
nerla en el mercado y vender su carne y las monotemáticas. Las primeras –nº 5. 2009
como si de un animal se tratara? Quizá menos abundantes– se articulan en
la respuesta esté en el emparentamiento una sucesión de estrofas no vinculadas
que la inocente retahíla sugiere con siempre desde el punto de vista del tema, 75 algunos trágicos romances de adulterio, que se cohesionan por un estribillo, a
y especialmente con el de Los presagios veces más extenso y de más relevancia
del labrador. Allí, el honrado protago- en la ejecución del texto que las propias
nista sorprende a su mujer y al amante cuartetas. En estos casos, las versiones
dando rienda suelta a sus ilícitos deseos recogidas pueden diferir notablemente
y, en una escena estremecedora, da él entre sí, puesto que solo la apoyatura
mismo rienda suelta al obligado castigo lírica, el estribillo, guarda relación
matando a los pecadores de forma brutal directa con el gesto o el juego al que
y sangrienta, acción que corona con la acompaña, mientras que la selección
exposición en el mercado público de los de estrofas resulta más o menos arbi-
cuerpos, a los que pregona y vende como traria y, en última instancia, parece
10 novillo y ternera . Tocado el techo de lo depender del repertorio lírico habitual
atroz, las versiones romancísticas no se que manejan los adultos de la misma
atreven ya –que sepamos– a mencionar comunidad transmisora. Las cancio-
el olor a carne frita del cadáver de la nes pluritemáticas evidencian, así,
adúltera, cosa que quizás es lo que haga una apropiación constante de cuartetas
la cancioncilla infantil. pertenecientes al acervo panhispánico,
El repertorio de canciones, por su y localizadas como tales en el ámbito
parte, se caracteriza por la incorpora- laboral, festero o específcamente fa -
ción de una narratividad que –aunque menco del mundo adulto. Un ejemplo
a veces mínima– dota a los textos de un muy signifcativo es el de Así se lo pone
signifcado simbólico, y los aleja de la el moro. El estribillo invariable “Así se
lógica disparatada o del simple juego lo pone el moro, / así los bandoleros, /
10 Los presagios del labrador es uno de fónico que caracteriza a la retahíla. En así las sevillanas, / la niña que yo más
los denominados romances de sucesos
coherencia, es en esta parte del corpus quiero”, sostiene la acción de bailar
que, publicado primero en compila-
donde localizamos muchos casos de en medio de la rueda y de colocarse el ciones y pliegos de los siglos XVII y
XVIII, pasó luego a incardinarse en la adaptación al ámbito infantil de un tema pañuelo según va dictando el texto,
tradición oral propiamente dicha. Las del cancionero tradicional adulto. En mientras que las cuartetas que lo acom-
numerosas versiones recogidas en la este proceso de apropiación, los niños pañan varían de una versión a otra,
tradición moderna conservan por lo
acuden al ámbito festero de los mayores, componiendo un pequeño repertorio común el desenlace sangriento y atroz
convirtiendo canciones de ronda o de del que cada comunidad infantil hace propio de las narraciones de cordel, así
en esta versión leonesa: -Dale la leche festa en canciones de corro o de comba. su propia selección. Aunque en menor
a ese niño, / dale la leche postrera. // El corpus de Cádiz es ejemplar en este medida, lo mismo ocurre en la popular
-Los demonios me llevaran / si yo la le-
sentido. Aquí hemos documentado, canción de Viva la media naranja, cuyas
che le diera. // -Di la confesión, María,
por ejemplo, que un tema como el de estrofas –variables de una versión a / dila, que mueres sin ella.- // Al decir
“su único hijo” / el corazón le atravie- la Jerigonza del fraile (nº 31), habitual otra– se alternan con el estribillo único
sa. // La ató a la cola ´el caballo, / a en las zambombas navideñas, goza de que permite interrumpir la monoto-
la plaza se la lleva. // Tiró el sombrero una amplia difusión en el repertorio nía de dar vueltas en el corro y ejecu-
por alto: / -¿Quién me compra carne
infantil como canción de rueda. E igual tar un baile primario: “Ferrocarril, / fresca?, // que matara un jabalí, / una
ocurre con las versiones de El retrato de camino llano, / se va el vapor, / se va mi valiente ternera. // A cuarto vendo la
libra, / y a ochavo la libra y media; // la dama, recogidas indistintamente en hermano, / se va mi hermano, / se va mi
el que no tenga dinero / tampoco se el contexto de la festa navideña y en el amor, / se va la prenda / que adoro yo, /
irá sin ella. Para otras versiones, véase
del corro de niñas (Ruiz, 1991). que adoro yo”.
Salazar, 1999: 102-106. Atero y Ruiz
Atendiendo a su organización textual, A diferencia de estas, las monotemáti-(2001) han estudiado el tratamiento
del adulterio de Los presagios... las canciones admiten una división en cas carecen por lo general de estribillo; de tenerlo, este goza de una mínima exponiendo a lo largo de este trabajo y
entidad en el texto, y está en función, que me gustaría desarrollar algo más nº 5. 2009
sobre todo, de asegurar la efcacia comu - ahora espigando unos cuantos ejemplos
nicativa de la canción en sí (La niña del del corpus. Me refero a la capacidad de
carabí, nº 32). Las canciones monote- los textos que cantan los niños para dar 76máticas procuran el desarrollo de una claves, por la vía de la intuición, a veces
historia, aunque a veces la supeditación del sinsentido, de nuestro mundo cultu-
al juego y las continuas contaminacio- ral y emocional adulto (Pelegrín, 2008a:
nes entre unas y otras hagan que el hilo 38-77).
narrativo se debilite y que la apariencia Ese “conservadurismo” especial de
de relato se desdibuje enormemente. De temas y motivos tiene un primer refejo
este modo, la canción que acabo de citar, en un grupo de canciones que evocan
la Jardinera a la que hacía mención al prin- personajes o acontecimientos históri-
cipio, y otras no menos conocidas como Al cos, a veces olvidados ya por la tradición
pasar la barca (nº 33), La morita, La viudita poética adulta. Aparecen como prota-
del conde Laurel o La pastora y el gatito, gonistas de los textos Cristóbal Colón o
cumplen con la voluntad de narración Santa Teresa, y no siempre como simples
y se hacen inteligibles como anécdotas menciones exentas de referencias, sino
mínimas. Sin embargo, alguna versión rodeados de detalles que lo ubican en su
de Niña que maldice a su pretendiente (nº tiempo y su hazaña. El texto de Cristóbal
29), por ejemplo, sacrifca la coherencia Colón, por ejemplo, delata el esfuerzo de
narrativa por la servidumbre del texto la tradición oral infantil por integrar en
a la función lúdica, a la continuidad del el juego de corro un tema de evidente
juego, y se actualiza como un encadena- procedencia libresca, probablemente
miento de fragmentos provenientes de aprendido en la escuela pero –como
otros temas. El texto comienza, así, con digo– incardinado ya en el proceso
los versos convencionales de la canción folklórico. Por otra parte, las versiones
citada, sigue con una retahíla encade- de En el barranco del lobo (nº 30) son
nada, la de Palomita blanca (nº 5), añade modélicas en este mismo sentido, pues
una breve secuencia de la canción catalo- mantienen con cierto detalle el clima
gada como Isabelita (Pelegrín, 1999: 287), de tragedia vivido en el país a raíz de la
y se remata con los versos iniciales de una Guerra de Melilla, vinculándose así con
retahíla dialogada, la de Mirufí mirufá. una parte del corpus lírico adulto, el de
Aparte de esta diferenciación entre las canciones de guerra, dedicado pre-
estructuras organizativas, el repertorio de cisamente a la evocación de episodios
canciones no admite una distinción de las bélicos del último siglo.
mismas por función, como sí era posible Pero, sin duda, lo más sugestivo de
en el grupo de retahílas. El corro y la comba este carácter del cancionero infantil
monopolizan casi por completo esta parte del que hablo es el acopio que los textos
del corpus, cuyos textos se actualizan hacen de motivos folklóricos honda-
indistintamente aplicados a uno o a otro mente arraigados en nuestra cultura y,
juego, manifestándose siempre intercam- al mismo tiempo, la permanencia en el
biables en su uso. En juegos alternativos texto, en el gesto y en el juego de ciertos
como los de calle, arcos, columpios o paseo ritos y símbolos arcaicos.
ocurre igual: admiten textos ya documen- La apropiación que del repertorio
tados en la comba y, sobre todo, en la uni- adulto se opera en el infantil no se ciñe
versal rueda. sólo a canciones concretas. Por encima
Para terminar esta revisión del reper- de esto, los niños han ido incorporando
torio tradicional infantil de Cádiz, a su mundo poético un cúmulo de imá-
quisiera insistir en una idea que he ido genes simbólicas adscritas al roman-cero y a la lírica tradicional desde la y el deseo de la infanta; o los de Albaniña
Edad Media. La estación del amor (como y La bastarda y el segador, en los que las nº 5. 2009
la llamó Caro Baroja, 1979) es el marco mujeres justifcan con su soledad y con
en el que se integran la mayoría de la extrema seducción del hombre que
estas imágenes. La primavera, su ape- pasea ante su ventana el pecado amoroso. 77 lación directa a la renovación de la vida, Más allá aún del ámbito de la poesía tra-
al primer encuentro amoroso, al paso dicional, “al pasar por” es una fórmula
de la pubertad a la madurez, y con ella que remite a la esencia de la narración
las múltiples apariciones del agua, de de aventuras en el mundo occidental,
escenas ambientadas junto a la fuente, y que resulta esencial, por ejemplo,
junto al río, o la alusión al jardín en for, o para entender la convención novelística
al clavel o a la rosa... componen un reper- gestada en los libros de caballerías.
torio de unidades codifcadas que llevan Un sistema formulario similar se
a pensar que los niños, aunque ajenos a actualiza en las muchas canciones que
la “comprensión” adulta, guardan una hacen explícita la elección de “la más
curiosidad latente por lo que la vida les chiquitita”, “la que está en medio” o
pueda deparar, y esto esencialmente en “la que está en el centro” como prota-
el terreno erótico-amoroso. Tiene mucho gonista del texto-juego. En el lenguaje
sentido, pues, que Ana Pelegrín (1989: del romancero, tales expresiones en
367-368) justifque este carácter del los inicios del relato indican directa-
cancionero infantil explicando que las mente que será esa y no otra la que lleve
niñas, jugando a elegir pareja, o a cortar la carga funcional de la narración. Por
la for, ensayan de forma rudimentaria lo general, se trata de esa mujer-niña
las decisiones cruciales de su futuro. a la que antes me refería, es decir, ese
Tal ensayo general de la vida se mani- personaje que se enfrenta, desde la
festa también en el nivel de recurrencia inexperiencia, al momento crucial de
alcanzado en muchas canciones por incorporarse al mundo adulto, en el
acciones simbólicas codifcadas en el caso del cancionero infantil siempre
folklore hispánico. Un ejemplo muy evi- por la vía de la elección amorosa.
dente es el del paseo. Un buen grupo de Pero no solo el amor, en fn, inquieta
temas arrancan con la fórmula “Al pasar la curiosidad de los niños. El cancio-
por”, que invariablemente desemboca en nero, en ese proceso de ritualidad pri-
un suceso quizás nimio, pero decisivo maria, aborda por vía de lo lúdico todos
para el relato: a la niña se le cae un botón los hitos de la vida. Hay así canciones
“al pasar por el cuartel”, se corta un dedo que, tras el juego de contar, sirven de
“al pasar por Toledo”, o se enamora “al ensayo y de premonición al momento
pasar por Sevilla”. El verso se vincula a crucial de tener descendencia (“Inés, /
veces al juego mismo, que puede consis- ¿cuántos hijos va a tener...?”), otras que
tir en un pasillo formado por todos los procuran resolver mediante el azar la
participantes a lo largo del cual pasea la elección de un estado (“soltera, casada,
elegida, quien al fnalizar la canción será viuda, monja”), y otras que colocan a los
sustituida por quien ella a su vez elija. En niños ante la propia muerte, de manera
estos casos, texto y movimiento actuali- explícita pero casi naif, como ocurre con
zan el motivo del “paseo seductor” tan el entierro de La niña del carabí, o de
habitual en el lenguaje romancístico, y forma intuitiva y del todo inconsciente,
tan estrechamente vinculado a la ritua- como ocurre cuando las niñas cantan Al
lidad amorosa del primer encuentro. pasar la barca, ajenas, por supuesto, a la
Recordemos, sin ir más lejos, el romance identidad del barquero (eterno Caronte)
del Conde Niño, cuyo paseo y canto a la y a que su dinero es el pago por alcanzar
orilla del mar desata los celos de la reina la otra orilla de la Laguna Estigia.BREVE ANTOLOGÍA 2) Jardinera
DEL REPERTORIO Jardinera, tú que entraste nº 5. 2009
en el jardín del amor,
1a) Pipirigaña de las fores que regaste
Pipirigaña, dime cuál es la mejor.
jugaremos a la castaña La mejor es una rosa 78con mi madre Mariquita que se viste de color,
puso una sabanita, del color que se le antoja
sábana redonda, y verde tiene la hoja.
Cayó una bomba. Tres hojitas tiene verdes
Canario, borrico, y las demás encarnadas
que te toquen los hocicos. y a ti te vengo a escoger,
(Muestra de Grazalema, amiguita de mi alma.
cantada por Lucinda Pérez Soto, Muchas gracias, jardinera,
de 67 años. Recogida por María por haberme a mí escogido,
Jesús Ruiz en agosto de 2007) que entre tantas como habemos
a mí sola me ha elegido.1b) Pipirigaña
No hay nada que agradecerPipirigaña,
siendo esta obligaciónmata la araña,
de elegir las amiguitasun cochinito
que salen del corazón.bien peladito,
Primero me das la mano¿quién lo peló?,
y después me das la otrala pícara vieja
y después me das un besoque está en el rincón
de los labios de tu boca.comiendo gazpacho
(Muestra de Puerto Real, cantada con un cucharón.
por María José García Salcine, Alza la mano
de 56 años. Recogida por María que te pica el gallo.
Jesús Ruiz en mayo de 2006)¡Kikirikí!
Póntelo aquí, 3) Los pollitos mi compare
en la punta de la nariz. Los pollitos mi compare
– ¿Quién te puso la mano ahí? saltaron por los corrales,
– El rey. le picaron las orejas,
– ¿Y ahí? ¡salga usted, seña coneja!
– La reina. La piedra redonda
– ¿Y que te dio? que dice que esconda.
– Un canastito. La gallina cucuá
– ¿Y qué tenía dentro? puso un huevo en el corral,
– Unos ochavitos. puso uno puso dos,
– ¿Y en que los gastaste? puso la madre de Dios.
– En turrón y avellanas. Campo chiquito campo mayor,
– ¿Y por qué no me diste? repica, repica, la iglesia mayor.
– Porque no me dio la gana. Sale el padre cura
Anda, anda, anda, anda. vestido de asadura,
(Muestra de Puerto Real, cantada sale el sacristán
por María José García Salcine, vestido de azafrán,
de 56 años. Recogida en mayo de sale el monaguillo
2006 por María Jesús Ruiz) vestido de pitillo.
(Muestra de Jerez, cantada por
María Jesús Fernández Pereira,
de 76 años. Recogida por María
Jesús Ruiz el 8 de marzo de 2002)