La Crónica particular de San Fernando: sobre los orígenes de la crónica real castellana, II. Los contenidos - article ; n°1 ; vol.33, pg 215-246
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La Crónica particular de San Fernando: sobre los orígenes de la crónica real castellana, II. Los contenidos - article ; n°1 ; vol.33, pg 215-246

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Cahiers d'études hispaniques médiévales - Année 2010 - Volume 33 - Numéro 1 - Pages 215-246
La CPSF est la première chronique royale castillane. Elle a été écrite au début du XIVe siècle, dans les cercles «molinistes», peut-être comme une émulation de la Vie de Saint Louis de Joinville. Face à l’Estoria de España, elle limite son contenu au roi, un héros qui devient saint grâce à ses vertus guerrières, mais on évite l’idée de croisade. Elle est la source primaire de la conquête de Séville; celle-ci est narrée comme une succession d’anecdotes; il y a beaucoup de dialogues, qui sont peut-être révélateurs de l’oralité de la mémoire nobiliaire. Les chevaliers Lorenzo Suárez et Vargas Machuca ont une grande importance. Il faut remarquer l’éloge de Séville, qui exprime une conscience qu’on peut appeler urbaine.
La CPSF, escrita a inicios del siglo XIV, en el entorno molinista, posible emulación de la Vie de Saint Louis de Joinville, es la primera crónica real castellana. Frente a la Estoria de España, limita su objeto al rey, héroe que accede a la santidad por sus virtudes guerreras, que eluden el ideal de cruzada. Fuente primaria de la conquista de Sevilla, la narra como sucesión de anécdotas, con un estilo animado por abundantes diálogos, indicio de memoria nobiliaria oral. Tienen gran protagonismo los caballeros Lorenzo Suárez y Vargas Machuca. Destaca el elogio de Sevilla, expresión de conciencia urbana.
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Source : Persée ; Ministère de la jeunesse, de l’éducation nationale et de la recherche, Direction de l’enseignement supérieur, Sous-direction des bibliothèques et de la documentation.

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Publié le 01 janvier 2010
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LaCrónica particular de San Fernando: sobre los orígenes de la crónica real castellana II. Los contenidos*
Luis FERNÁNDEZGALLARDO Universidad Complutense de Madrid
RESUMEN LaCPSF, escrita a inicios del sigloXIV, en el entorno molinista, posible emulación de laVie de Saint Louisde Joinville, es la primera crónica real castellana. Frente a laEstoria de España, limita su objeto al rey, héroe que accede a la santidad por sus virtudes guerreras, que eluden el ideal de cruzada. Fuente primaria de la conquista de Sevilla, la narra como sucesión de anécdotas, con un estilo animado por abundantes diálogos, indicio de memoria nobiliaria oral. Tienen gran protagonismo los caballeros Lorenzo Suárez y Vargas Machuca. Destaca el elogio de Sevilla, expresión de conciencia urbana. RÉSUMÉ LaCPSFest la première chronique royale castillane. Elle a été écrite au début du xive siècle, dans les cercles « molinistes », peut-être comme une émulation de laVie de Saint Louisde Joinville. Face à lEstoria de España, elle limite son contenu au roi, un héros qui devient saint grâce à ses vertus guerrières, mais on évite lidée de croisade. Elle est la source primaire de la conquête de Séville ; celle-ci est narrée comme une succession danecdotes ; il y a beaucoup de dialogues, qui sont peut-être révélateurs de loralité de la mémoire nobiliaire. Les chevaliers Lorenzo Suárez et Vargas Machuca ont une grande importance. Il faut remarquer léloge de Séville, qui exprime une conscience quon peut appeler urbaine.
* Este trabajo forma parte del Proyecto de Investigación «Las relaciones de conßicto en sus prácticas representativas. La Corona de Castilla en su contexto europeo, siglosXIII-XV», Proyecto HUM 2006-05233/HIST, del Ministerio de Educación y Ciencia, que dirige el Pro-fesor José Manuel Nieto Soria, de la Universidad Complutense de Madrid.
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LUIS FERNÁNDEZ GALLARDO
La selección Si el autor de laCrónica particular de San Fernando(CPSF) parece pisar terreno Þrme en la primera parte, pues se acogía a la autoridad del Toledano, en elSeguimientoaßsus dudas y vacilaciones sobre qué hechos debía con-oran signar en su historia. El cerco y conquista de Sevilla constituye el contenido de la segunda parte. Pues bien, el autor revela las diÞcultades que supone acometer la narración de tales eventos: el volumen de información dis-ponible parece desbordar los márgenes del relato histórico1. Por un lado se maniÞesta una generosa voluntad narradora; por otro, el agobio del reto que planteaba la integración de tantos hechos notorios en un relato coherente. Sin embargo, no se iba a trasladar a la historia todo lo conocido sobre las campañas de Fernando III en la Andalucía Bética. El interés de laCPSFse inclina hacia la celebración de las proezas caba-llerescas que se llevaron a cabo durante las conquistas de Fernando III. Su autor maniÞesta explícitamente la obligación del historiador de dejar memoria de las hazañas caballerescas2, declaración que constituye la jus-tiÞcación de la atención otorgada en la historia a personajes que hasta entonces habían estado excluidos del discurso historiográÞco oÞcial. En este punto descubre una cierta incoherencia con respecto al propósito declarado, celebrar los nobles hechos del rey Fernando, dado que éste queda en realidad relegado a un segundo plano, en tanto que adquieren un destacado protagonismo Lorenzo Suárez y Garci Pérez de Vargas. En la medida en que la gesta individual ocupa un espacio preeminente en la historia, laCPSFtenía que acudir a los moldes formales adecuados a tal objeto, con lo que se escoraba hacia la narrativa caballeresca. El hecho histórico deviene, de este modo, aventura caballeresca3.
1. «Mas om(n)e no(n) podría contar ni(n) escreuir los fechos de todos q(ue) allá en esa çerca acaesçieron(n) ni(n) por q(ua)nto afán ni(n) por qua(n)ta lazeria pasaro(n) los que la tenían çercada a esa çibdad enante q(ue) la ganda ouiesen.» (CPSF, Biblioteca Nacional de España (BNE), ms 10273, fol. 39vo). 2. «Ca es rrazón a los que bienÞzieron de gelo rrazonar om(n)e sienp(re) desta g(ui)sa que loÞmal siempre desa g(ui)sa que los sus fechos.» (zieren (et) aq(ue)llos q(ue) CPSF, fol. 12ro-vo). Ciertamente, la sintaxis de este pasaje no es óptima. 3. Como se indica expresamente a propósito del lance de Garci Pérez de Vargas por el que obtuvo el sobrenombre de Machuca: «[] a q(ue) acaesçió vn(a) ventura de cauall(er)ía q)ue) paresçe como fecho de grande ardidez []» (CPSF, fol. 12vo). Desde otra perspectiva, Leonardo FUNES, «El lugar de laCrónica Particular de San Fernandoen el sistema de las formas cronísticas castellanas de principios del sigloXIV»,in: Angus M. WARD(ed.),Actas del XII Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas, 7 t., Birmingham: University of Birmingham, 1998, 1, p. 179. Para el signiÞcado de la aventura dentro del horizonte ideológico caballeresco, ver Erich KÖHLER,Ideal und Wirklichkeit in der höÞschen Epik(1ª ed. 1956), 2ª ed., Tubinga: Max Niemeyer Verlag, 1970, p. 66-88. Se subraya la dimensión caballeresca de la historiografía bajomedieval, en lo que respecta a la producción inglesa, en Chris GIVEN-WILSON,Chronicles. The Writing of
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Puesto a narrar las hazañas de las huestes de Fernando III, el autor de laCPSFel apremio sentido ante la necesidad de dar cauce expresivorevela a la multitud de hechos notorios de que tiene noticia4. Sólo se nombra a los más destacados protagonistas5y se narra por extenso las gestas de uno de ellos, el ya referido Garci Pérez6.
Capítulos introductorios. Los fundamentos de la legitimidad Al ser laCPSFobra inaugural como crónica real, no dejaría de sentir su autor cierta vacilación sobre cómo acometer el comienzo. Por un lado, la historia de los hechos de Fernando III, en tanto que historia de su reinado, se integraba en la serie de la de los reyes de Castilla y León; mas por otro, se imponía su naturaleza de obra exenta. Desde la perspectiva de su inte-gración en la serie de la realeza hispana, el inicio no podía ser otro que su acceso al solio regio. Como obra independiente cabía incluir datos de la infancia y juventud: aquellos que desde el punto de vista de la carac-terización del personaje anunciaran las virtudes del héroe. Ciertamente, las fuentes coetáneas no ofrecían al respecto noticia alguna: se limitan a destacar la obedienciaÞlial, que antes apunta a celebrar las cualidades de estadista de la reina madre, doña Berenguela. Los dos testimonios textuales manuscritos coinciden en iniciar su relato con la serie de hechos en virtud de los cuales accedió Fernando al trono. Se muestra más preciso al respecto S, según la denominación de M. de la Campa, que marca con mayor nitidez el carácter exento de laCPSF 7. Ambos maniÞestan, por tanto, una concepción de la obra como crónica del reinado antes que como biografía. Y es que, efectivamente, el inicio obligado de la crónica real era la proclamación del monarca en cuestión. A este respecto, uno de los cronistas reales franceses del período de ple-nitud del género, Jean Chartier, ofrecerá una precisión de sumo interés: el
History in Medieval England- Londres - Nueva York: Hambledon Continuum, 2004,, Hambledon cuyo capítulo 5 se titula muy signiÞ Warriors»cativamente «Deeds of 99-111). (p. 4. «[] (et) fueron ý mucho buenos además faziendo ý golpes muy señalados de lanças (et) de espadas (et) de porras []» (CPSF, fol. 12ro). 5. Tal relación presenta un cierto regusto épico: recuerda el motivo del héroe en la batalla, uno de los más corrientes en los cantares de gesta, recogido en Jean RYCHNER,La Chanson de geste. Essai sur lart épique des jongleurs, Ginebra: Droz, 1955, p. 129. 6.CPSF, fol. 12ro. 7. Como pone de maniÞesto el título del primer capítulo: «[A]q(uí) comiença la corónica de las cosas q(ue) acaesçiero(n) en t(iem)po del rey don Ferrando,Þjo del rey don Alfonso de León (e) de la reyna doña Berenguela, su madre.» (BNE, ms 9233, fol. 1ro). El ms D, por el contrario, mantiene en la titulación del primer capítulo la sutura que une laCPSFa la serie histórica de la realeza hispana: «[A]cabadas las rrazones del rrey don Enrriq(ue) (e) de los otros rreyes q(ue) regnaron ante dél, entra agora la estoria a co(n)tar de cómo regnó este rey don Ferra(n)do []» (fol. 1ro) .
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218LUIS FERNÁNDEZ GALLARDO comienzo de la crónica de un reinado no puede tener lugar tras el entierro del monarca anterior, dado que el tiempo en que su cuerpo inerte perma-nece sobre tierra computa en su reinado8. El texto impreso tiene un inicioatípico: en lugar de comenzar con una presentación de la genealogía del héroe, laCPSFretrotrae el punto de par-tida de su relato a Alfonso VIII, al que dedica el primer capítulo. Vienen a continuación otros cuatro sobre su sucesor, Enrique I. En el capítuloV tiene lugar el acceso de Fernando al trono: de infante pasa a ser rey9. Así, pues, los primeros cinco capítulos pueden considerarse como una suerte de introducción a la «historia» de los «hechos del rey Fernando». El atípico inicio adquiere pleno sentido desde la perspectiva de la intencionalidad de la obra, pero hay que tener asimismo en cuenta que al ser laCPSFobra inaugural como crónica real, no dejaría de sentir su autor cierta desorientación, pues no se trataba de añadir a la serie de la realeza castellana un reinado más. Puesto que la fuente para la primera parte de laCPSFpresentaba un relato continuo de los diferentes reinados, hubo de resultarle difícil a su autor decidir dónde cortar para extraer, desgajar la historia de Fernando III. Así, dada la ausencia de un modelo de referencia, optó por lo que consideró más oportuno para su propósito. Dado que uno de los principios que guían laCPSFes la exaltación de Fernando III en tanto que uniÞcador de Castilla y León, y, que, a su vez, éste recibió el cetro de su madre, la reina Berenguela, cuya legitimidad como reina no dejaba de ofrecer alguna sombra de duda por ser mujer10, se imponía retrotraer el fundamento de la transmisión de la corona no a la inmediata antecesora, sino a quien no cabía objetar la menor sospecha: el rey Alfonso VIII. No se ofrece ninguna justiÞcación de tal comienzo. De este modo, sin preámbulo alguno, laCPSFabre su relato como si se tratara en realidad de la crónica de Alfonso VIII, pues lo primero que se indica son sus datos genealógicos. Y es que el primer capítulo de laCPSF viene a ser una brevísima crónica de su reinado, donde se recogen los hitos más destacados de este reinado: mecenazgo cerca de las órdenes militares (Santiago, Calatrava), del monasterio de Las Huelgas y del estudio palentino, y victoria de Las Navas de Tolosa. Se incluye, asimismo, un dato característico de la crónica real: la sequía y hambruna que asoló
 8. «[] est réputé pour son tempscar tout ce qui a esté fait luy estant sus terre mort ou vif», Jean CHARTIER,Chronique de Charles VII, 2 t., ValletDEVIRIDILLE(ed.), París: Chez P. Jannet, 1858, 1, p. 27.  9.Crónica del Sancto Rey don Fernando Tercero, Sevilla: Jacobo Cromberger, 1526, ejemplar de la BNE, sig. R/2942 [= CPSF(versión impresa)], fol. 5vob. 10. Cuestión estudiada por Georges MARTIN, «Régner sans régner»,e-Spania, 1, juin 2006, [en línea], puesto en línea el 27 de mayo de 2010 [URL: http://e-spania.revues.org/docu-ment326.html]. Consultado el 3 de septiembre de 2010.
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Castilla en 1214. Esta apretada relación se cierra con la gloriÞcación de tan benéÞco monarca11. Mucho más espacio se concede al breve reinado del sucesor Enrique I, lo que se explica por el protagonismo que asume la hermana de éste, Beren-guela, primero regente y luego reina de Castilla. Por otra parte, la extensión concedida a la antecesora del héroe de la historia venía condicionado por la fuente seguida: laCPSFsigueÞelmente el texto del Toledano. Mas no se limita a reproducir la versión vernácula, sino que introduce una serie de variantes, adiciones e interpolaciones, que apuntan a reinstalar la visión que de esta reina legó Rodrigo Jiménez de Rada en la nueva situación política del reinado de Fernando IV. La primera adición se reÞere muy signiÞcativamente a la forma en que asumió Berenguela la regencia. El Toledano se limitaba a constatar que tras la muerte de Leonor, esposa de Enrique I, el gobierno del reino quedó en manos de Berenguela, como si a la tutela personal, que le corres-pondía por razón de edad, le fuese aneja la política. LaCPSFañade que la regencia recayó sobre ella por acuerdo de los magnates12. Su autor parece querer conjurar de este modo la oposición, arraigada en la opinión polí-tica castellana, a que la mujer ejerciera el poder real13. El consenso de la aristocracia venía a suplir así esa suerte deÞcitde legitimidad anejo a la condición femenina. La crucial decisión que hubo de adoptar durante su regencia, la entrega de la custodia del rey niño a Álvaro Núñez de Lara, se matiza considerablemente para resaltar la discreción de Berenguela, subrayando la presión a que ésta se vio sometida14. El relato del acceso al trono y entrega del cetro a su hijo Fernando pre-senta asimismo relevantes modiÞcaciones de la fuenteÞelmente seguida. En primer lugar, la amplia digresión sobre la decisión que tomó Berenguela
11. «[] y fue enterrado en el monesterio de Las Huelgas, que él fundó en Burgos, dexa(n) do de sí tanto desseo en los coraçones de todos que nunca jamás se oluidará la gloria de su bondad.» (CPSF, versión impresa, fol. 2 vob). 12. «[] et sepulta est [= Leonor] in praedicto monasterio iuxta virum, et custodia pueri Regis, et regni gubernatio remansit penes Berengariam Reginam, sororem eius.» (Rodrigo JIMÉNEZ DERADA,De rebus Hispaniae, IX, iin:PP. Toletanorum quotquot extant Opera, t. III, Madrid, 1792, p. 192b). Compárese: «E porq(ue) parecía a los gra(n)des de Castilla q(ue) el rey do(n) Enrrique era de muy poca edad para gouernar el reyno, con acuerdo de ellos doña Beren-guela, su hermana, tomó por él la gouernació(n) entretanto q(ue) el dicho rey don Enriq(ue) se hazía de hedad.» (CPSF, versión impresa, fol. 3roa). 13. Analizada en G. MARTIN, «Régner sans régner», § 9 y 15. 14. «Quod [= manejos del conde Álvaro cerca de Garci Lorenzo para que convenciera a Berenguela de que le cediera la custodia del rey niño] cum sollers Regina Berengaria perce-pisset, animo gratanti concessit []» (R. JIMÉNEZ DERADA,De rebus Hispaniae, IX,I, p. 193a). Compárese: «La reyna, como fuesse muy sabida (y) sagaz, no le pareció bie(n) este consejo, sospechando que no saldría a buenÞhecho. Mas ta(n)to ahincaron a la reyna este Garcin este Lore(n)ço (y) los otros caualleros con él, que lo ouo de aceptar, aunq(ue) no de buena gana []» (CPSF, versión impresa, fol. 3rob).
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tras la muerte de su hermano, el rey Enrique, de traer secretamente a su hijo Fernando, que estaba entonces en Toro, para proclamarlo rey15, con que disipa las dudas acerca del derecho que como consorte le hubiese correspondido a su esposo, el rey Alfonso IX de León. Con ella se des-montaba el argumento principal que podía alegarse contra la legitimidad de Berenguela como reina de Castilla. De mayor calado institucional son las adiciones al relato de la proclamación de Fernando como rey en Valladolid. El arzobispo don Rodrigo refería que Berenguela, debido a su extraordinaria modestia rehusó la corona que le correspondía de derecho y transÞrió el poder a su hijo. De este modo, quedaba omitida la proclamación y el reconocimiento formal de Berenguela como reina, quedando una suerte de hiato entre Enrique I y Fernando III16. El autor de laCPSFen su afán por argumentar una irrefutable legitimidad para la madre del héroe, condición previa de la de éste, tapará las brechas que al respecto una lectura detenida del Toledano descubría. Así, incluye el reconocimiento de Berenguela como reina por parte de la muchedumbre de castellanos y extremadanos congregada en el mercado de Valladolid17, acto previo a la transmisión del poder a su hijo lo que no obstaría el que mantuviera el título regio. Tal manipulación de la fuente descubre una aguda sensibilidadconstitucional, urgida por la necesidad de ofrecer una sucesión de los hechos impecable desde el punto de vista de la legalidad institucional, como si se sintiera que el reconocimiento del titular de la
15.CPSF, versión impresa, fol. 4vob-5roa. Sin embargo, la más clarividente explicación del sigilo con que procedió Berenguela en este asunto la ofreció Juan de Soria: «Vere quidem utilis fuit simulatio castellanis. nam nisi tam prudenter processum fuisset forsitam hodie regem proprium non haberent.» (Chronica regum Castellae, Georges CIROT(ed.),Bulletin hispanique, 15, 1913, p. 27-28). 16. «Ipsa autem intraÞnes pudicitiae et modestiae supra omnes mundi dominas se coarc-tans, regnum sibi noluit retinere. Sed extra portam Vallis Oleti [] convenerunt []; et ibidem Þlio regnum tradens, Infans Fernandus [] ad Ecclesiam Sanctae Mariae ducitur, et ibidem ad regni solium sublimatur []» (R. JIMÉNEZ DERADA,De rebus Hispaniae, IX, v, p. 196b). El relato del Toledano en la sucesión de la oferta del reino hecha por los «magnates et milites Caste-llani communi consensu» (p. 196a) y la renuncia descubre la manipulación de los hechos en pro de la exaltación de Berenguela, ya que, en realidad, conforme al testimonio más veraz y Þable, la renuncia al trono se debió a la presión de los magnates reunidos en torno a la reina y sus hijos: «[] supplicauerunt omnes unanimiter ut regnum quod suum erat iure proprietatis concederetÞlio suo maiori. s. dono fernando. quia cum ipsa femina esset labores regiminis tole-rare non posset.» (Chronica regum Castellae, edición citada, p. 28). Destaca el propósito del Tole-dano de «embellecer» el relato de los hechos Georges MARTIN, «Négociation et diplomatie dans la vie de Bérengère de Castille (1214-1246). La part du facteur générique»,e-Spania, 4, déc-embre 2007, [en línea], § 21, puesto en línea el 27 de mayo de 2010, [URL: http://e-spania. revues.org/document562.html]. Consultado el 3 de septiembre 2010. 17. «Mas porq(ue) la muchedunbr(e) de los estremadanos (et) de los castellanos era grande (et) non cabía(n) en (e)l palaçio, ma(n)dó la rreyna q(ue) saliesen todos (et) se ayu(n)tasen allý o fazían el mercado (et) allý ante toda la gente rreçibió la rreyna doña Berenguela de todos otrosí el rreyno por suyo como heredera linda que lo deuía aver por natura (et) por derecho.» (CPSF, fol. 1ro).
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corona por parte de la comunidad política fuese condición necesaria para que su legitimidad fuese plena.
El héroe: guerrero y santo Llama la atención que una obra que pretendía la celebración de loshechos de Fernando III limite el panegírico de sus virtudes alÞnal de la obra, pre-cisamente a la parte en que la historia deviene hagiografía. Figuran en el capítulo previo a la narración de su óbito. En primer lugar, dominando la serie de virtudes, se sitúa su vocación belígera, que absorbe todas sus energías vitales. Dicha vocación se identiÞca con un afán de conquista que tiene una inspiración divina18. Así, se formula en unos términos de neto contenido religioso el ideal de la realeza castellana, que cifraba en la lucha contra el moro su misión suprema. Y ésta viene a ser la clave de la historia del reinado de Fernando III, concebida como una sucesión de conquistas, a la que sólo la muerte pusoÞn. Tras la toma de Sevilla su afán conquistador no cesó, sino que se proyectó sobre África. Y en este punto, divergen de manera signiÞcativa los representantes textuales de la CPSFpues la versión manuscrita presenta el proyectoen su exposición, de acción en África como una sugerencia que le es hecha a Fernando III, en tanto que la versión impresa lo muestra como iniciativa del monarca, quien dispone los medios oportunos para su realización19. A continuación, la consabida serie de virtudes. Tras la excelencia bélica, liberalidad y magniÞcencia, virtudes aristocráticas por excelencia, pero que vienen a ser el correlato de la vocación bélica en lo relativo al uso de la riqueza, pues los destinatarios de la generosidad regia son, entre otros, los caballeros y adalides que luchan en la frontera20. La justicia, virtud regia
18. «[] contra el mundo era en todo guisado fuera de beuir (et) de conq(uis)tar, mas q(ue) no(n) visq(ui)ó ni(n) conq(ui)rió si lo Dios por bie(n) touiera []» (CPSF, fol. 42vo). 19.CPSF, fol. 42vo;CPSF, versión impresa, fol. 38vob. La versión recogida en laEstoria de España coincide con la del texto impreso (Primera Crónica General(PCG), cap. 1131, Ramón MENÉNDEZ PIDAL Este hecho podría justi- (ed.), 2 t., Madrid: Gredos, 1977, 2, p. 770b). Þque sobre la concepción original del proyecto de cruzada africana por partecar las dudas de Fernando III se han planteado (ver al respecto Manuel GONZÁLEZJIMÉNEZ, «La idea y práctica de la cruzada en la España medieval: las cruzadas de Alfonso X», in:El Mediterráneo: hechos de relevancia histórico-militar y sus repercusiones en España, Sevilla: Universidad de Sevilla, 1997, p. 178). No obstante, hay que tener en cuenta la intensa actividad propagandística que con relación a la acción cristiana en África, tanto misional como militar, tuvo lugar en el reinado de Fernando III (ver Demetrio MANSILLAREOYO,Iglesia castellano-leonesa y curia romana en los tiempos del rey San Fernando 75-76)., Madrid: CSIC, 1945, p. 20. «En heredar cauall(er)os (et) rricos om(n)es (et) órdenes (et) yglesias et adalides (et) almo-gáuares []» (CPSF, fol. 43ro). Puesto que la liberalidad regia contribuye a sufragar las necesi-dades bélicas y la construcción de iglesias caía dentro del ámbito de la magniÞcencia, conforme a la doctrina aristotélica. El término, un cultismo, comienza a utilizarse en castellano precisa-mente en los años del reinado de Fernando III (ver los testimonios aducidos en José JesúsDE 
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222LUIS FERNÁNDEZ GALLARDO fundamental, se desglosa en las diversas facetas en que puede manifes-tarse: creación legislativa, mantenimiento de libertades y actividad juris-diccional21. Se enumeran a continuación moderación, cortesía, sabiduría e ira, sin desarrollo alguno22Les sigue la lealtad, el respeto de la palabra. dada, con que se ganó el aprecio de los moros. Finalmente, las virtudes propiamente cristianas: el celo religioso que le llevaba a ensalzar la fe y a perseguir a los inÞeles, y la humildad y obediencia debida a Dios23. Llama la atención la ausencia de la castidad, virtud reconocida precisamente en elLibro de los doze sabios24y que el rey Fernando III encarnó ejemplarmente. La serie de virtudes que componen el retrato moral de este monarca trazan una suerte de itinerario que conduce a la santidad a través del esfuerzo bélico. De este modo, las conquistas se identiÞcan con el ensalza-miento de la fe cristiana, con lo que la vocación guerrera deviene vía de santidad. Esa sublimación de la actividad bélica con que se accede a la cús-pide de las virtudes cristianas debió de ser percibida como la idea nuclear del panegírico de Fernando III que trazó laCPSF, ya que se desarrolla y precisa en las sucesivas versiones de la crónica, como pone de maniÞesto la incluida en la continuación de laEstoria de Españaalfonsí25. El panegírico regio omite, no obstante, la referencia a la santidad, que aparece en el capítulo siguiente26, que trata precisamente de la muerte del héroe. Ésta adquiere, de este modo, una importancia crucial al res-pecto: representa algo así como la vía de acceso a la santidad. Conviene precisar que el adjetivo «bienaventurado», queÞgura desde el comienzo de laCPSFy unido a «noble» constituye una suerte de epíteto épico, no
BUSTOSTOVAR,Contribución al estudio del cultismo léxico medieval, Madrid: Real Academia Espa-ñola, 1974, p. 541). Muy signiÞcativamente, aparece en elLibro de los doze sabios o Tractado de la nobleza y lealtad, John K. WALSH(ed.), Madrid: Real Academia Española, 1975, cap.XII, p. 88. Para la doctrina aristotélica de la magniÞcencia, ver ALESESTÓTRI,Ética Nicomáquea, 1122a, trad. Julio PALLÍBONET 215., Madrid: Gredos, 1988, p. El que noÞgure en laCPSFtal vez sea indicio del limitado horizonte intelectual de su autor. 21. «[] en dar buenos fueros (et) franq(ue)zas (et) grandes libertades, en ser muy justiçiero (et) no(n) menguar allí o deue.» (CPSF, fol. 43ro). 22. «Este fue rrey mucho mesurado (et) co(m)plido de toda cortesía (et) de bue(n) ente(n) dimi(ento), muy brauo (et) muy sabidor (et) muy sañudo en los logar(e)s onde co(n)uiene.» (CPSF, fol. 43ro). 23.CPSF, fol. 43ro. Resulta algo forzada la atribución del esquema de las siete virtudes que hace Carmen BENITO-VESSELS, «Discurso histórico y hagiográÞco en torno al rey Fernando III en los capítulosÞnales de la Estoria de Espanna: marginalidad, intertextualidad y pragma-tismo»,in: Mercedes VAQUEROy Alan DEYNDMOER(ed.),Studies on medieval Spanish literature in honor of Charles F. Fraker, Madison: HSMS, 1995, p. 11-26, especialmente p. 15. 24. Cap.VII 192., p. 25. VerPCG, cap. 1131, 2, p. 771b. 26. Que reza así: «Capítulo de quánto t(iem)po regnó el muy noble (et) santo rrey don Ferr-nando []» (CPSF, fol. 43ro).
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 LA CRÓNICA PARTICULAR DE SAN FERNANDO 223 denota necesariamente santidad27, lo que avala la restricción de la atribu-ción de santidad alÞLa narración del óbito regio presentanal de la obra. un demorado desarrollo. Tras referirse la generosidad de Fernando III hacia la iglesia catedral de Sevilla, se indica que le llegó el momento de la muerte28, cuya causa no parece interesar al autor de laCPSF. En tres capí -tulos se distribuye la narración de la muerte ejemplar: preparación para el tránsito, (actos penitenciales29razonamiento dirigido a los hijos), para loy cual convoca a familiares clérigos30, agonía y muerte, y,Þnalmente, exe-quias fúnebres. La preparación subraya la humildad con que el conquis-tador de Sevilla se dispuso a sufrir el trance postrero, mostrando una gran devoción por la cruz. Como corresponde a la trascendencia del evento, las referencias cronológicas son sumamente precisas31.
27. Cynthia L. CHAMBERLIN, «Unless the pen writes as it should: The Proto-Cult of Saint Fernando III in Seville in the Thirteenth and Fourteenth Centuries», in:Sevilla 1248. Congreso Internacional Conmemorativo del 750 Aniversario de Conquista de la Ciudad de Sevilla por Fernando III el Santo 390., Madrid: Ayuntamiento de Sevilla-Fundación Areces, 2000, p. 28.CPSF, fol. 43ro. No hay por qué suponer el acoplamiento de dos tradiciones sobre el recuerdo de Fernando III, una previa a la conquista de Sevilla y otra posterior, en que aparece ya la santidad, como plantea Ana ROEUZRDGÍLÓPEZ, «Fernando III el Santo (1217-1252). Evolución historiográÞca, canonización y utilización política», in: en homenatge al Miscellània P. Agustí Altisent 576-577.Tarragona: Diputaciò de Tarragona, 1991, p., 29. En los que cabe reconocer las dos partes prescritas en la oración del moribundo: el reco-nocimiento de las culpas y lacommendacio animae(Philippe ARIÈS,Essais sur lhistoire de la mort en Occident du Moyen Âge à nos jours, París: Éditions du Seuil, 1975, p. sólo que encuadradas en 26), una solemne profesión de fe sobre la cruz y el cuerpo de Cristo: «[] teniendo los ynojosÞn-cados tomó un pedaço de soga q(ue) mandara ý allegar (et) echósela al cuello. Et dema(n)dó primeramente la crus et paráronse gela delant(e). Et omillóse mucho omildosamente contra ella (et) tomóla en las manos co(n) muy grande deuoçión (et) començó a orar nonbrando quantas penas sufriera n(uest)ro Señor Ih(es)u (Christ)o en ella por nos cada vna sobre sí (et) en como las rresçibiera (et) besándola muchas vesesÞriendo en los sus pechos muy grandes feridas, llo-rando muy fuerte de los ojos (et) culpándose mucho de los sus pecados (et) manifestándose a Dios dellos (et) pidiéndol perdón (et) creyendo (et) otorga(n)do todas creeçias verdaderas q(ue) a todoÞel cristiano deue (et) co(n)uiene creer (et) otorgar (et) desí deman(n)dó el cue(r)po de su Saluador (et) pararo(n)gelo delante (et) él demandó las manos juntas contra él co(n)n tan gran homildad llorando muy de rresio, disiendo muchas palabras de gran creençia de gran dolor.»  (CPSF, fol. 43vo). Se ha interpretado el despojo de las regias vestiduras renuncia al poder real, sobre la base del valor simbólico de la vestimenta regia (C. BENITO-VESSELS, art. citado, p. 12). Mas resulta excesivo atribuir un signiÞcado institucional al rito penitencial: de ser así, se produ-ciría entonces un vacío de poder. El «ayuntador» que incorporó laCPSFa laEstoria de España captó el preciso sentido del gesto, limitándolo a sus términos estrictamente penitenciales, en la glosa que subraya la virtud contenida en él: «[]Þzo vna muy marauillosa cosa de grant omildat []» (PCG, cap. 1132, 2, p. 772a). 30. Como corresponde al carácter de «cérémonie publique et organisée» que poseía la muerte en esta época (Ph. ARIÈS,op. cit. 27)., p. 31. «Jueues en la noche fue aquel doloroso dia, quando este bie(n)auenturado rey dio el ánima a Dios [], a treynta días del mes de mayo, año de la Encarnación del Señor de mil (y) dozientos (y) cinque(n)ta (y) dos años []» (CPSF, versión impresa, fol. 50voa). Y es que, como señaló G. Duby a propósito de Guillaume le Maréchal, la muerte era el comienzo de otra vida: «Il convient au mourant, à linstant de lexitus, de lissue, de se présenter nu, comme il est sorti du ventre de sa mère. Pour une re-naissance. À la vie nouvelle, de meilleur prix. Et cette naissance-ci, la mort, compte beaucoup
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224LUIS FERNÁNDEZ GALLARDO La narración de la muerte de Fernando III que ofrece laCPSFse ha situado en el marco de un «programa ideológico en torno al deceso real»32. Ahora bien, habría que deslindar entre lo que es reproducción de los hechos narrados (reßejo más o menosÞel, mediatizado, de la realidad) y lo que es aplicación de esquemas narrativos propios de una determinada tradición historiográÞca o de otros ámbitos discursivos. En lo que respecta al relato que nos ocupa, sin descartar que en su elaboración acudiera a su memoria el que de la muerte de Fernando I contenía laEstoria de España33, es lo más probable que remonte al recuerdo de la efectiva realidad del óbito regio, que, como hecho memorable, formaría parte de una memoria colectiva transmitida oralmente34. En el curso de la tradición dicho recuerdo iría incorporando elementos surgidos del fervor popular hacia laÞgura del
plus que lautre. Sa date, en chaque biographie, à lépoque où vivait Guillaume le Maréchal, était, de toutes, la plus solidementÞxée dans les mémoires D. (GeorgesUBY,Guillaume le Maréchal ou le meilleur chevalier » du monde, in:Féodalité, Paris: Gallimard, 1996, p. 1056). El día del óbito regio fue corregido, retrasándose un día, a partir del estudio de las inscripciones funerarias (Enrique FLÓREZ,Elogios del santo rey D. Fernando, puestos en el sepulcro de Sevilla, Madrid: Antonio Marín, 1754, p. 20-25). 32. Ariel GUIANCE,Los discursos sobre la muerte en la Castilla medieval (siglosVII-XV), Valladolid: Junta de Castilla y León, Consejería de Educación y Cultura, 1998, p. 292-294. El autor se reÞere a laPCG, mas hay que tener en cuenta que para esta obra incorporó para el reinado de Fernando III laCPSF, que no modiÞcó en aspectos sustanciales del relato. 33.PCG, cap. 813, 2, p. 493b-494b. Se considera ésta como modelo de «buena muerte» del rey (A. GUIANCE,op. cit., p. 293-295). 34. Sin embargo, está ausente en una obra poco anterior a laCPSF, la biografía de Fernando III que escribió Gil de Zamora. Puesto que éste había seguidoÞelmente a Jiménez de Rada, era de esperar que en la parte de la biografía que no cubríaDe rebus Hispaniaeacu-diera a los diversos testimonios que sobre el monarca desaparecido hacía poco tiempo habían de circular oralmente. Y de hecho, recoge la anécdota que dio lugar al sobrenombre que tuvo este rey: «Hic Fernandus rex montanus dictus est, quia in monte quodam inter Samoram et Salmanticam natus fuit.» (apud Fidel FITA, «Biografías de San Fernando y de Alfonso el Sabio por Gil de Zamora»,BRAH, V, 1884, p. 308). Mas con relación a su muerte ofrece un escueto relato con solo una poco menos que obligada alusión a la gloria eterna a la que accedió el monarca, pero sin referencia alguna a las circunstancias del óbito y menos aún a su santidad: «[] et tandem nobilissimus ejus spiritus post multas victorias et glorias, quas in hac vita gloriosus obtinuerat, ad illum rediit qui et carni spiritum creando infuderat, qui et regnum gubernandum comiserat, qui et victorias contulerat in terris ut victoriosum spiritum in celis efÞceret gloriosum.» (ibid. Para al carácter «popular» de la santi, p. 321).Þcación de Fernando III en el contexto político-religioso de la época, ver Peter LINEHAN, «The Politics of Piety: Aspects of the Castilian Monarchy from Alfonso X to Alfonso XI»,Revista Canadiense de Estudios Hispánicos 387-388. Aporta presiones a la cronología de dicho pro-, IX (3), 1985, p. ceso Frank TANG, «ElrexÞdelissimus. Rivalidad hispano-francesa en la Castilla del Alfonso XI (1312-1350)»,Studia Historica, Historia Medieval, 20-21, 2002-2003, p. 199-200. Un testimonio sumamente signiÞcativo del proceso de santiÞcación del conquistador de Sevilla lo ofrece su nieto don Juan Manuel: en el prólogo de la primera obra se esfuerza por aÞrmar una santidad aún no reconocida: «[] el muy noble rey don Alfonso,Þjo del muy bienaventurado e con razón que podemos decir por él, segunt las sus obras, el santo rey don Ferrando []» (Crónica abreviada,in:DONJUANMANUEL,Obras completas, Carlos ALVARy Sarah FINCI(ed.), Madrid: Biblioteca Castro-Fundación José Antonio de Castro, 2007, p. 67). En elLibro de los estadosda un paso adelante al atribuirle milagros (Ian R. MACPHERSON, Robert B. TATE(ed.), Madrid: Castalia, 1991, p. 226).
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 LA CRÓNICA PARTICULAR DE SAN FERNANDO 225 conquistador de Sevilla. Es probable que algunos hechos tuvieran una mínima formalización, de la que sería indicio el fragmento en estilo directo de la alocución del rey moribundo a sus hijos: su regusto aforístico dela-taría su naturaleza dedictummemorable35. Así, pues, el núcleo originario de la tradición que desemboca en laCPSF, que remontaría al testimonio de testigos presenciales del deceso (clérigos y familiares que acompañaron al moribundo en su agonía), constaría de los siguientes elementos: actos penitenciales previos ante la clerecía sevillana presidida por el arzobispo, alocución al primogénito y últimas plegarias. Sobre este cañamazo, el autor de laCPSFteje su relato, que incorpora elementos hagiográÞcos, como es el caso del presentimiento de la muerte, momento en que convoca a su hijo Felipe, elegido para la mitra hispa-lense, y a los obispos que estaban entonces en Sevilla y demás clérigos, o el gesto de alzar las manos antes de la muerte36. Asimismo cabría atri-buir una dimensión hagiográÞca a la alocución dirigida a Alfonso, en la medida en que las instrucciones dadas al sucesor constituyen un tópico de la imagen del rey santo37. Si el autor de laCPSFconocía losEnseigne-ments de saint Louis, es probable que transformara las últimas palabras del monarca dirigidas a su entorno en consejo político-moral, que se cifra en proteger y honrar a la familia real y mantener los privilegios y fueros de toda la comunidad del reino, desde los ricos hombres hasta «todos sus pueblos»38. El postrer consejo, ahora en estilo directo, una exhortación al sucesor en perseverar en la misión guerrera, presenta forma de apo-tegma, de célebredictum39.
o 35.CPSF, fol. 44r . 36.CPSF, fol. 43vo. Para la naturaleza hagiográÞca del presentimiento de la muerte, ver A. GUIANCE,op. cit. (pero están ausentes  123, p.en la muerte de Fernando III los presagios o mensajes). Sin embargo, no hay que perder de vista que uno de los rasgos de la concepción y experiencia de la muerte que se dan en el los siglos centrales del Medievo, deÞnidas de modo muy expresivo como «la mort apprivoisée», es, precisamente, el aviso que recibía la persona que iba a morir, en la forma de una «conviction intime» (Ph. ARIÈS,op. cit.,  Señaló lap. 22). naturaleza hagiográÞca del gesto de alzar las manos en la escena de la muerte C. BENITO-VESSELS, art. cit., p. 19. 37. Robert FOLZ,Les saints rois du Moyen Âge en Occident (VI e-XIIIe siècles), Bruselas: Société des Bollandistes, 1984, p. 150-155 (análisis de los de San Esteban y San Luis). 38.CPSF, fol. 43vo.Vid. JOINVILLE,Vie de Saint Louis, Jacques MONFRIN(ed.), París: Garnier, 1995, p. 588-596. Tal vez habría que ver en la exhortación al cuidado de los familiares la proyección de la doctrina de lasPartidas, donde, al tratar de las condiciones que ha de reunir el buen rey, se incluye análogo imperativo. Muy signiÞcativamente el epígrafe de una de sus leyes reza así: «Cómo debe el rey amar, et honrar et facer bien á aquellos con quien ha debdo por linaje.» (Partida II, tít. VII, ley I, in:Las siete Partidas del rey don Alfonso el Sabio, Real Academia de la Historia (ed.), Madrid: Imprenta Real, 1807, p. 55). 39. «[] te dexo de toda la t(ie)rra del mar acá que los moros del rrey Rrodrigo de España ganado ouiero(n). Et en tu señoríoÞnca la vna conq(ue)rida (et) la otra tributada. Si la en este estado en que te la yo dexo la supier(e)s guardar, eres tan bue(n) rrey como yo. Et si ganares
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