Cuba Española - Un proyecto para el siglo XXI
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Description

El actual debate sobre el Federalismo que agita los rangos del partido socialista, es un síntoma real de la enfermedad española y debería ser legítimamente atendido por los representantes del pueblo, a pesar de que en apariencia existan otros problemas mucho más acuciantes como la crisis o el desempleo. Cuba a lo largo de su historia “independiente” ha experimentado todas las experiencias políticas posibles. El socialismo ha terminado por arruinar la isla completamente. España y el Caribe están en una encrucijada histórica. El proyecto federal de Estados Españoles, incluyendo el Caribe no es un desvarío, sino una necesidad urgente y vital para todos los hispanos.

Sujets

Informations

Publié par
Date de parution 14 mai 2013
Nombre de lectures 7
EAN13 9782312010366
Langue Español

Exrait

Cuba Española

Ferrán Núñez
Cuba Española
Un proyecto para el siglo XXI
















LES ÉDITIONS DU NET 22, rue Édouard Nieuport 92150 Suresnes
Dedicatoria:
Este libro no hubiera sido posible sin el apoyo de CLARO (Club Latino-americano de Relaciones y Organización) y de su presidente Francisco Queiruga. Tampoco sin la colaboración de Benjamín Andino que amablemente puso un poco de orden en estas páginas plagadas de citas. Adalberto Ranssell-Levis, fundador del PACE (Partido Autonomista Cubano Español), que inspira e impulsa con sus ideas este proyecto. En fin, a todos los lectores y colaboradores del blog, principalmente a la página de noticias CUBANET, que corre el riesgo du divulgar el trabajo del autor.

























© Les Éditions du Net, 2013 ISBN : 978-2-312-01036-6
Prólogo
El mundo de hoy no es muy diferente al que era a finales del siglo XIX, si confiamos en la teoría de los ciclos de Kondratiev . La crisis finisecular comenzada en 1876, se parece mucho a la que estamos viviendo actualmente:
«La historia muestra que el crecimiento económico contemporáneo ha tenido parones, crisis muy graves durante las cuales se ha frenado el producto interior de los estados cayendo a continuación. La primera de estas grandes quiebras del crecimiento se dio entre 1881 y 1896, la segunda, más conocida y referenciada, entre 1929 y 1939. A todas luces, estamos inmersos en la tercera a partir de la crisis de las hipotecas subprime en agosto de 2007». {1}
En este contexto, España se encuentra en una encrucijada vital. Numerosas fuerzas centrífugas que amenazan con hacerla estallar. La Constitución de 1978 ha sido incapaz de detener un proceso de desintegración comenzado hace varios siglos, cuyo punto álgido, conocido como "el Desastre de 1898", desencadenó una larga agonía de más de un siglo, agravada en los últimos años por una crisis económica, política, cultural, social y de identidad. Una crisis que los medios de difusión masiva amplifican cada día, sin proponer a cambio alternativas viables, ni soluciones capaces de generar esperanza para todos. España carece de proyecto nacional. Las naciones que progresan sin excepción los poseen en la medida de sus posibilidades, sean estos militares, culturales, económicos o hasta morales, como es el caso de los países islámicos.
Sin embargo, cuando se consideran otros momentos pasados de la historia, es fácil constatar que la actual crisis se produce en un contexto totalmente diferente. En primer lugar España no está sola. Dentro de Europa, sus instituciones y su modelo social se encuentran preservados. La integración europea ofrece posibilidades sin precedentes a sus ciudadanos que, a diferencia de los de hace un siglo se encuentran mejor preparados para abrirse camino en cualquier espacio comunitario y fuera de él. El desarrollo de la investigación ha alcanzado niveles nunca antes vistos y es reconocido internacionalmente, donde innumerables industrias de punta utilizan tecnología española. Numerosas empresas peninsulares de servicios se encuentran también entre las primeras del mundo, sin olvidar otros sectores que, como el financiero, mantienen sus capacidades de inversión y de desarrollo en el extranjero. España tiene además algo que no tiene ninguno de los otros países del continente: la Hispanidad.
Este concepto expresado mediáticamente durante las Cumbres Hispanoamericanas está repleto de emociones pero vacío de contenido práctico. Para poder utilizar realmente todo su potencial, debemos tener presentes tres puntos básicos y el corolario que se desprende de ellos. Estos elementos tendrían que ser la base para el proyecto nacional del siglo XXI de todos los españoles del planeta: Condenamos los postulados de la leyenda negra por difundir múltiples mentiras sobre la historia de la Hispanidad en favor de los intereses anglosajones. La identidad hispana no es sólo un concepto cultural, incluye la sociedad, la economía y la política. Nos enorgullecemos de nuestras raíces hispánicas.
En consecuencia: Reivindicamos la reunificación político territorial de la Hispanidad.
Estas ideas vienen manejándose desde hace mucho tiempo en la blogosfera y en las redes sociales, {2} pero ya va siendo hora que salgan de la confidencialidad y que se conozcan como una pista eficaz para solucionar la crisis. La unidad económica de todos los hispanos es una solución de interés mutuo.
Esta vía no es fácil y la necesidad de emprenderla, no es evidente para todos los interesados tras varios siglos de expoliaciones, tergiversaciones y mentiras. Este libro ofrece pistas de por dónde iniciar el camino.

El caso de Cuba

Todos los intentos de organización social aplicados en Cuba fueron un fracaso. Empezando por el restablecimiento de la política colonial, aplicada por los liberales en España a partir de 1837 y terminando por la guerra civil iniciada por Fidel Castro en 1953 con el asalto al cuartel Moncada. Esta situación se mantiene desde hace casi sesenta años y carece de perspectivas inmediatas de resolución por la vía de un diálogo nacional.
La reunificación de Cuba y de España es mucho más viable en la actualidad que hace 115 años cuando Madrid acordó la autonomía plena a la isla. Intentaremos demostrar aquí como el fracaso del plan Maura no se debió a la tardanza de su ejecución, sino a la intervención de los Estados Unidos en la contienda, algo que no hubieran hecho de no haber contado con el apoyo de los insurgentes que, pretendiendo la emancipación de España, les entregaron la nación arruinada y atada de pies y manos.
Se trata de restablecer la verdad histórica al margen de las ideologías y, a continuación, abogar por un plebiscito en Cuba y España sobre la reunificación. Hoy, más del cinco por ciento de la población cubana es española por ascendencia directa, pero en realidad demostramos en este libro que la mayoría de los cubanos siguen siendo españoles.
En la actualidad cerca de 300 mil personas se han beneficiado ya de la ley de abuelos, pero nadie se ha preguntado en las consecuencias prácticas de ese gesto. ¿Qué sucedería, por ejemplo, si algunas de esas personas deciden organizarse para reclamar sus derechos de asociación y son reprimidos por el gobierno totalitario de la isla? ¿Intervendrá el Ejército Español para defender los intereses de los ciudadanos españoles en Cuba?
El caso de Puerto Rico parece menos complejo, puesto que sigue siendo una colonia norteamericana a la que se le niega la Estatidad, como quedó evidenciado durante las últimas elecciones. En algún momento, no muy lejano los puertorriqueños deberán enfrentarse a la realidad de que nunca serán aceptados como el Estado 51 de Norteamérica y tendrán que tomar decisiones al respecto.
Los cambios económicos en Cuba iniciados por el actual gobierno están destinados a la reconstrucción del mercado, pero, al margen del éxito que obtengan estas medidas, la única opción viable a largo plazo sigue siendo la misma que hace 115 años: la integración a un bloque más poderoso, sea por absorción pura y simple, sea por concertación. La autarcía es inviable y carece de futuro.
Introducción
La imposible ecuación democrática occidental tiene más del absurdo de su origen que de conspiración mundial. La idea democrática se basa en un malentendido y en un sueño; primero, porque la democracia griega se aplicaba a un número reducido de habitantes de la península helénica y era ejercida en directo, algo que no puede aplicarse a conjuntos más vastos de seres humanos, como es el caso del continente europeo y, segundo, porque el poder y la manera en que este se ejerce están ligados a seres humanos de carne y hueso perfectibles. Contrariamente al Derecho, cuyas pautas han sido enriquecidas poco a poco y sin sobresaltos por generaciones de seres humanos a lo largo de la historia, la manera de ejercer el poder y las instituciones creadas para practicarlo dependen de hombres particulares y de los intereses que los mueven (generalmente el de apoderarse del Estado para medrar con sus prerrogativas y el de satisfacer sus egos sobredimensionados con el ejercicio caprichoso de la autoridad).
La humanidad no ha llegado en ese dominio a un consenso definitivo todavía ni lo logrará jamás, al menos hasta que se debatan seriamente estas cuestiones y se dispongan, además, de medios reales y eficaces de aplicar el poder colectivamente sin parálisis de las instituciones. Es la razón por la que la democracia representativa, concebida claramente como "del pueblo y por el pueblo", pero sin el pueblo, ya que este es basto e inculto por definición es la fuente de tanto malentendido y frustración en nuestros días, cuando el acceso de nuevas tecnologías y el aumento del nivel cultural de la población hacen evidente sus contradicciones intrínsecas.
El proyecto de reconstruir apoyados sobre la noción abstracta de hispanidad un conjunto más real, o sea, físico, podría ser un primer paso en este sentido para salir de la actual crisis que aqueja a España. Replantearse con ayuda del resto de Europa, una relación diferente de la comercial con sus antiguas colonias dispuestas a discutir seriamente del asunto podría cambiar completamente el contenido del debate sin salida, como ya vimos basado sobre las mejores soluciones a aplicar con la ayuda del Estado, para resolver la actual crisis de identidad y económica por la que atraviesa el país.
Todos los proyectos políticos basados en la fatal arrogancia del ser humano están condenados al fracaso, la alternancia brindada por la democracia moderna o representativa terminará demostrando sus límites, como lo ha confirmado el fin del modelo de financiamiento de los estados de bienestar por el endeudamiento y el consumo. Llegados a ese punto, y como ya ha sucedido antes, se levantarán los clamores por un hombre fuerte y todo lo alcanzado hasta hoy se acabará bajo las bombas, con el agravante de que esta vez será mucho más complicado levantar un planeta contaminado por el estallido de artefactos nucleares.
España se encuentra delante de una responsabilidad histórica sin precedentes. Contrariamente a sus socios europeos, que no participaron en el "descubrimiento" y la colonización de América, dispone de un capital afectivo intacto en muchas de sus antiguas colonias, comenzando por Cuba, donde en un futuro próximo habrá 300 mil nuevos súbditos de la Corona. El fracaso de los proyectos políticos independentistas del siglo XX, acentuado por la actual crisis económica que atraviesa la isla, podrían si en el camino aparecen las voluntades necesarias , llevarla a convertirse en la primera piedra de un nuevo pacto democrático entre España (el continente europeo) y el mundo.

Consecuencias e impacto del Tratado de París en el siglo XXI

El tratado de París firmado hace 115 años entre España y los Estados Unidos, ha sido permanente sujeto de grandes controversias legales desde el mismo día de su ratificación final en el mes de marzo de 1899.
Efectivamente, con su firma, España no sólo se deshacía de sus últimos Territorios de Ultramar, sino igualmente de un elevado número de sus ciudadanos, que en virtud del artículo IX se veían privados de sus derechos fundamentales, según lo previsto en la actual Carta de los Derechos Humanos cuando expresa de manera inequívoca que "toda persona tiene derecho a una nacionalidad", y que "a nadie se privará arbitrariamente de su nacionalidad".
Muchos independentistas puertorriqueños, entre los que se encontraban Hostos y Albizu Campos, prepararon y defendieron ante diferentes jurisdicciones internacionales, una serie de argumentos aún vigentes que demostraban su nulidad {3} basándose en el derecho de las personas. De hecho, este tratado nunca fue ratificado en las Cortes españolas, puesto que, durante los encendidos debates al efecto, los legisladores se negaron a refrendar un documento que sabían contrario al derecho internacional.
Numerosos problemas de orden jurídico quedaron sin resolver en aquel entonces. Las consecuencias de este vacío, abren hoy perspectivas inesperadas y de incalculables consecuencias para muchos pueblos de América Latina y el Caribe. El primero de ellos es Puerto Rico, que en algún momento deberá enfrentarse al debate sobre la descolonización, ya que la solución de la estatidad no parece avanzar mucho en el Congreso de los Estados Unidos, reticente a una absorción definitiva de la isla dentro de la Unión.
El otro es Cuba, donde las actuales circunstancias políticas nacionales, hacen irrealizable, sino imposible, un proceso de transición pacífica, organizada y plural; sin olvidar el creciente número de neoespañoles que pronto llegará a la significativa cifra de 500 mil personas, es decir, el 5 por ciento de la población residente dentro de la isla, lo que constituye una potencial y singular fuerza política, capaz de impulsar desde dentro la idea de una reintegración a la Corona española.
El actual debate sobre el Federalismo que agita los rangos del partido socialista español dentro de la Península, permitiría insertar de manera natural el problema cubano desde esta nueva perspectiva, con el mismo derecho con que algunos intentan incluir a Portugal en una futura federación ibérica. A pesar de que en apariencia existen otros asuntos mucho más acuciantes como la crisis o el desempleo, la existencia misma de los nuevos españoles tendrá tarde o temprano, consecuencias políticas para España. Hacer como si no estuviera pasando nada es como poner en marcha una máquina infernal en la Puerta del Sol en medio de la indiferencia general.
Los Estados Unidos, siguen siendo la pieza principal en este juego de sordos que ya dura más de un siglo. Igualmente, considerar la opinión de los nacionales de los territorios implicados a través de una consulta popular, parece ser la mejor opción hoy, como ya lo fue en su momento hace 115 años; una posibilidad que parece realizable en la actualidad, dados los avances en los campos del derecho internacional e individual. Sólo hacen falta hombres (y mujeres, claro) capaces de apropiarse de la idea para hacerla fructificar como merece.

Ventajas para España de una reincorporación pacífica y concertada de algunas de sus antiguas colonias.

La primera me parece evidente, la de reparar entuertos cometidos por la avaricia y pocas luces de sus pasados gobernantes. Como cubano siempre me ha llamado la atención el poco cuidado que han puesto investigadores de ambos lados del atlántico sobre el siglo XIX, cuando por ejemplo, se ha tratado de analizar la influencia de la corriente masónica en los sucesos que condujeron a la revolución de 1868, más conocida como La Gloriosa, que terminó provocando la caída de Isabel II. A pesar de que se sospecha la conexión entre estos hechos y el famoso "grito de Yara", encabezado por Carlos Manuel de Céspedes en la isla, que dio inicio a las guerras de independencia cubanas, que culminaron en 1898 con la intervención norteamericana y la caída del gobierno autonomista de José María Gálvez, poco o nada saben los historiadores.
Tampoco en Cuba se ha analizado con la seriedad que merece el fiasco de la corriente autonomista, siendo ésta mayoritaria dentro de la isla y que contaba con el apoyo de amplios sectores de la sociedad civil desde el año 1810; ni en España se ha escrito nada que valga la pena en relación con la vergonzosa expulsión de los delegados cubanos a las Cortes en 1837, sin olvidar el estruendoso fracaso del proyecto de "Ley de autonomía para la gran Antilla" presentado por Maura ante el senado en 1883.
Tampoco se ha estudiado con la profundidad necesaria la responsabilidad de los grupos de presión hispano-cubanos en estas lamentables decisiones cuando sólo representaban sus intereses comerciales por encima de los del resto de la nación y cuando hablo de nación no me estoy refiriendo sólo a Cuba sino también a España . Durante largo tiempo, dichos grupos siguieron jugando un papel preponderante tras la pérdida institucional de las colonias en Cuba y en España. No hubo enjuiciamientos ni esclarecimiento de sus responsabilidades, al contrario, en Cuba integraron el gobierno y apoyaron con descaro la intervención norteamericana sin repudiar la ocupación, mientras que en España, a pesar de impacto que significó la pérdida de Cuba, mantuvieron sus cargos en el senado o en el ejército.
La situación actual por la que atraviesa Cuba merece atención. Una solución de consenso existe. Cubanos y españoles están hoy delante de una oportunidad histórica sin precedentes y que probablemente no vuelva a repetirse nunca, la de retomar camino juntos en la historia. Para ello necesitan revisitar el pasado alejándose de ideologías marxistas, nacionalismos baratos y pasiones tristes
Los peninsulares llevan más de un siglo quejándose de los mismos males: de la flojedad e incuria de sus dirigentes, culpándose por lo propio y por lo ajeno. Aceptando sumisos las lecciones de los otros, aquellos que saben más y que han triunfado, los que visten mejor e inventan cosas, los que supieron treparse a tiempo en el tren de la historia conservando o modificando sus imperios. "África empieza en los Pirineos" comentaba Alejandro Dumas desde lo alto de sus galas certitudes; una frase que luego los españoles mismos aceptaron y transformaron, para hacerse todavía aún más daño, excluyéndose cobardemente, comportándose como si de verdad la verdadera civilización empezara en aquella frontera.
El reciente artículo de Andrés Ortega aparecido en "El País" entristece y asola. España que tan mal se siente hoy, se despierta con la ilusión del espejismo, de aquello que nunca fue, todavía brillando en la distancia. Sus hijos otra vez llamando a guerras en Cataluña y en el País Vasco, asaltando Mercadonas. Sintiéndose los españoles todos, como cuando se sueltan los toros y hubiere que correr empujados por sus propios miedos, para llegar al término de un maldito viaje colectivo a la vergüenza. Desengañados, tambaleantes después de tanta cuita, ardiendo profundos resquemores que se creían enterrados. "España no puede nada" dijeron los argentinos y la corrieron sin decoro en 2012 nacionalizando REPSOL. Fue la frase exacta que salió de la boca del presidente norteamericano McKinley cuando la echaron de Cuba en 1898. Ha pasado un siglo, los hechos no perdonan, el dolor del fracaso sigue vivo y es el mismo.
Sin embargo, no se puede cargar eternamente con una visión de la historia que conviene a los primeros enemigos de España, a los precursores que planearon y desearon su ruina varias veces: los mismos españoles. A pesar de todo lo antes dicho, España no está condenada, puede levantarse otra vez y lo primero que tiene que hacer para lograrlo, es desembarazarse de sus culpas y sus miedos, saliendo de ese complejo de inferioridad que la mina desde dentro y paraliza todas sus fuerzas; dejando a sus espaldas las brumosas profecías de la leyenda negra, exagerada por aquellos que tanto la envidiaron en Europa, sin olvidar los estigmas del fascismo. Ningún otro sentimiento de los que arrastran consigo hoy los españoles sobre sus nobles espaldas es cierto, ni tampoco se sustenta en la realidad, porque España no es una persona, es un país formado por millones de personas y el mal que la pudre desde dentro no es nuevo y no viene todo desde el extranjero.
Basta apenas una crisis para desencadenar los mismos demonios que adormecieron y hasta parecieron borrar los años de bonanza económica. España sí puede exorcizarlos para siempre. Lo primero que debiera hacer es llenarse los pulmones para gritar su orgullo a los cuatro vientos como ya ha sucedido en el pasado durante las marchas multitudinarias de las palmas blancas contra el terrorismo.
La crisis no es culpa de las financieras ni de las conjuras, es responsabilidad probada de los gobiernos de izquierda y de derecha que sucesivamente encontraron con el euro una manera fácil de costear todas las locuras, alimentado el clientelismo, esperando aplacar con dinero el incendio de las tentaciones nacionalistas. Nadie se preocupó por invertir seriamente donde era necesario. El despertar es brusco pero existen soluciones, la primera de ellas, la más importante, es dejar de condenar de una vez a Merkel, a Rajoy, a Zapatero y a Dios. Luego habrá que echarse a andar para encontrar otra vez juntos el camino, como decía el poeta; terminar de una vez la transición quitando lo que haya que quitar, cortando por lo sano y mejorando lo que haya que mejorar pero, sinceramente, sin mentir, haciendo creer que el dinero se lo han robado los bancos, porque ladrones son todos los que de izquierda o de derechas han costeado un falso desarrollo endeudándose en los mercados.
Mantener un estado de bienestar sin ahorro y sin la creación de riquezas propias ha sido una estupidez mayúscula y esa es una verdad indispensable que los dirigentes tendrán que exponer a los españoles en algún momento si quieren que vuelvan a creer en la política; explicarles sin miedo a perder lo que tienen, que se acabó la fiesta y que ahora hay que ponerse a trabajar de verdad haciendo entre todos sin excepción los sacrificios que se imponen.
Otra cosa que puede hacer España para salir de la crisis moral en la que se encuentra es abrirle los brazos a Cuba, La otra España, la que huele a tabaco y brea, arrebatada de su seno hace más de un siglo por una alevosa invasión y la artera participación de los que en La Habana y en la Península se confabularon para perderlo todo.
Hoy, por culpa de la crisis, la solución autonómica es más probable que hace un siglo. Si se ganase otra vez a Cuba por referéndum popular, España en poco tiempo volvería a ser más de lo que era hace un siglo. Con la isla en su seno, no tendría que recibir lecciones de nadie en Europa y, por primera vez en mucho tiempo, las nuevas generaciones de los dos lados del atlántico comprenderían el significado de la palabra Patria fuera de las arengas multitudinarias y los estadios de fútbol.
Capítulo I
Ambiciones norteamericanas en 1898 y el error estratégico de los independentistas cubanos.
"Debemos, por tanto, por las sinceras y amistosas relaciones que existen entre los Estados Unidos y Estas potencias, declarar que consideramos todo intento de su parte por extender sus sistema a cualquier porción de este hemisferio como peligroso a nuestra paz y seguridad"
Las palabras anteriores fueron extraídas de un mensaje que el presidente Monroe dirigió al Congreso de los Estados Unidos el 2 de diciembre de 1823, dejando claramente establecidas las bases ideológicas de la doctrina que lleva su nombre. {4} Esta idea que sintetiza muy bien la conocida expresión "América para los americanos" fue concebida anteriormente por John Quincy Adams y no merece la pena abundar mucho más sobre su transparente significado. La consecuencia inevitable de la misma fue no sólo la elevación al rango de ideología política de "pueblo elegido" propia del protestantismo, pero igualmente presente en el Antiguo Testamento, sino su aplicación concreta a través del poético "Destino Manifiesto", representado como una alucinada rubia semidesnuda avanzando entre el humo de los cañones, empujando la oscuridad de la barbarie hacia el Oeste en la obra de John Gast.
Entre 1838 y 1852, los Estados Unidos sufrieron una transformación fundamental que se venía gestando desde décadas atrás. Existía la convicción muy arraigada entre los norteamericanos de aquella época de que la expansión de sus fronteras hasta las costas del Pacífico era un mandato divino, aunque ello significara apropiarse por la fuerza del territorio de una nación vecina. Su consecuencia fue la anexión de Texas (1845) y la guerra con México (1846-1848). Esta guerra, de la que los norteamericanos salieron victoriosos, no sólo le significó a México la pérdida de la mitad de su territorio sino que también marcó el nacimiento de Estados Unidos como una nación destinada por la voluntad de la razón, a la hegemonía continental.
Alimentada por la prensa de la época y por el naciente patriotismo, ambas nociones obtuvieron su corolario en 1904 durante el mandato de Theodore Roosevelt cuando sostuvo ante el mundo:
«El mal proceder crónico, o una impotencia que desemboca en un aflojamiento general de los lazos de sociedad civilizada, pueden en América, como en cualquier otra parte del mundo, exigir la intervención de algún país civilizado, y en el hemisferio occidental el apego de los Estados Unidos a la doctrina Monroe puede obligarlos a ejercer, con gran renuencia de su parte, en caso de tal mal proceder o impotencia, la facultad de ser una potencia de policía internacional».
Así pues la columna vertebral de la política de Norteamérica aún vigente, está basada en simples creencias religiosas que fueron enraizándose a todos los niveles de la sociedad, gracias a la propaganda constante vehiculada por los medios de prensa creadores de opinión desde hace dos siglos. {5}
Desde comienzos de siglo XIX Cuba estuvo bajo el punto de mira de los Estados Unidos por razones económicas y estratégicas; ya en 1826, en el Congreso de Panamá, advirtió a México y Colombia que discutían sobre la cuestión de organizar una expedición para liberar a Cuba y a Puerto Rico, que no lo consentirían. {6}
A lo largo del siglo pasado, varias veces intentaron comprarla a España como habían hecho con la Florida. {7} La negativa rotunda dada al presidente Polk en 1848, dio lugar a una frase que siempre han esgrimido los amantes del apocalipsis, sobre todo en épocas recientes. Se la debemos al marqués de Pidal, que afirmó: «la opinión unánime del país preferiría ver la isla sumergida en el Océano, antes que cedida a cualquier potencia». Tras aquella negativa, tampoco dudaron en implicarse activamente en las expediciones anexionistas organizadas, entre otros, por Narciso López en 1850.
El entonces Capitán General de Cuba José Gutiérrez de la Concha alertó a su gobierno sobre las intenciones de los Estados Unidos {8} sin que se trazaran desde Madrid estrategias de fondo capaces de disuadir al poderoso vecino, España se negó rotundamente a aplicar las reformas políticas que venían planteándose desde principios de siglo, sugerencias iniciadas por Arango y Parreño. Recordemos que ya en 1808 se habló –sin éxito- de instalar en La Habana una Junta de gobierno igual que en el resto de las provincias españolas, con el objetivo de asegurar un ejecutivo lo más eficaz posible para lograr el máximo beneficio de la agricultura y el comercio {9} . Pero fue en el año 1854 durante las llamadas Conferencias de Ostende {10} que se deja claro el objetivo estadounidense: si España se seguía negando a la venta, sería preciso arrebatársela. Durante aquellas conversaciones estuvieron presentes tres ministros norteamericanos, Soulé por España, los de Inglaterra y Francia, que naturalmente se negaron a las pretensiones del presidente Pierce quien tuvo que ceder ante la oposición de los Estados del Norte de la Unión americana.
Las maniobras para llegar a sus fines no cesaron, al contrario, en 1859 la Comisión de Asuntos Extranjeros del Senado, publicó el siguiente informe donde no quedan lugar a dudas sobre las verdaderas intenciones de Norteamérica con respecto a la isla:
«La definitiva adquisición de Cuba puede ser considerada como un propósito fijo de los Estados Unidos (…) hay que considerar que para Cuba solo existen tres alternativas. La primera es, ser poseída por una gran potencia Europea. Ya tenemos declarado que esto es incompatible con nuestra seguridad y hemos anunciado al mundo que nos opondremos con todas nuestras (…) La segunda alternativa es la independencia. Pero esta independencia no podría ser sino nominal. Nunca podría mantenerse de hecho. Cuba tendría que caer bajo el protectorado franco o disfrazado de alguna otra Potencia... Un protectorado europeo no podría tolerarse. La tercera y última alternativa es la anexión a los Estados Unidos. ¿Cómo y cuándo ha de hacerse esta? ; ¿será por conquista o será por negociación?». {11}
Más tarde durante el Sexenio Democrático el secretario de Estado H. Fish, propone al gobierno de Prim en 1869 un Plan que incluiría una "indemnización" de 100 millones de dólares, si se accedía a reconocer la independencia de la isla, esta vez no hubo discursos altisonantes en contra de la idea, al contrario, Madrid manifiesta sus buenas disposiciones, pero las condiciona a la realización de una consulta popular al respecto que fue rechazada por el negociador. El plan fracasó tras el asesinato de Prim, detrás del cual se perfilaba "la mano cubana" según los estudios históricos más recientes. {12}
Por último en 1898, cuando parecía que Madrid estaba por fin dispuesto a conceder las reformas políticas a la isla, una nueva oferta por 300 millones de dólares fue transmitida por McKinley, que también fue rechazada por razones más acuciantes de política interior y por la fuerte oposición de la opinión española, inclinada como se sabe hacia una confrontación directa con los Estados Unidos. En todo caso, tales ofertas constituyen un argumento más que suficiente para afirmar que, en ningún momento los norteamericanos consideraron seriamente permitir el nacimiento de una nación independiente en el Caribe, en el caso de que España fuese derrotada por los separatistas cubanos.
Con todos estos precedentes históricos, ¿ cómo se explica entonces que los organizadores del grito de Baire no tuvieran clarísimas las intenciones últimas de los Estados Unidos en 1895 y evitaran mezclarlos en el conflicto que los oponía a España?
Hoy parece obvio que el sentimiento "antinorteamericano" de Martí, reflejado en la célebre carta que dejara a su amigo Manuel Mercado, no expresa claramente sus puntos de vista con respecto a los Estados Unidos, ya que según algunos historiadores, {13} dicha misiva se encontraba destinada al "mercado mexicano" clave para la recaudación de recursos destinados a la "guerra necesaria", o para decirlo con un lenguaje más contemporáneo: se trataba de pura propaganda destinada a congraciarse con Porfirio Díaz, amigo personal de Mercado. En realidad Martí ignoró completamente las enseñanzas de la historia entre las relaciones de Norteamérica con España, así como las advertencias más elementales de la prudencia; confiando la representación de su partido en Norteamérica a un connotado anexionista, Tomás Estrada Palma, y en el no menos interesado Gonzalo de Quesada, que tampoco escondía para quién trabajaba, sentó las bases prácticas para la posterior intervención de los Estado Unidos, facilitando con sus amigos banqueros y dueños de medios de prensa un clima favorable para precipitar la guerra.
Investigaciones más detalladas, serias y alejadas de toda ideología deberían esclarecer las verdaderas razones que obligaron a José Martí a recabar el apoyo del mayor enemigo de Cuba. Una pista tal vez nos las pueda brindar el psicoanálisis acoplado al estudio de las fuentes históricas reinterpretadas a la luz de estas nuevas hipótesis. En todo caso, la personalidad martiana concuerda perfectamente con los rasgos de lo que se llama actualmente el síndrome de la personalidad narcisista, sólo hay que leer los reproches que le hacía su madre, q

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